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Si con cada reunión que se hace en esta Isla engordara nuestro Producto Interno Bruto, ya estuviéramos entre las diez naciones más desarrolladas del planeta.

Publicado en Articulo Especial
Viernes, 23 Agosto 2013 07:09

Palestina: Protocolo, solo eso

Uno se pregunta el porqué de estas reuniones entre palestinos e israelíes, bajo la supervisión de Estados Unidos, si ya se conoce el “ningún resultado” de antemano. La ausencia de una parte palestina, Hamas, y la asistencia de lo más recalcitrante y antiárabe por la sionista arroja de antemano un resultado nulo, y solo sirva para que no se acuse a la Autoridad Nacional Palestina de recalcitrante o cerrada al diálogo.

Porque mientras se conversa, se  agrava la situación en el. vecino Egipto, cuyos militares en el poder cierran el paso de Rafah y aíslan más a la superpoblada  y pequeña Franja de Gaza; Israel libera a un grupito de palestinos y encierra a centenares, y la política sionista de expansión se dispara hasta tal punto que ya medio millón de israelíes se encuentran asentados en Cisjordania. Pero no son asentamientos comunes, sino verdaderos condominios con todas las de la ley, modernas habitaciones y comunicaciones, escuelas, policlínicas, etcétera, todo lo cual se puede convertir en un verdadero “búnker” si la situación lo amerita.

Es decir, esto es lo peor que puede suceder, porque se sigue ocupando más y más tierras palestinas, con pobladores preparados militarmente en su mayoría, bien alimentados y dispuestos a realizar cualquier tipo de trabajo que ratifique una condición de habitante “legal”.

Por ello, no se puede hacer caso al optimismo del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, cuando se conoce cuál será el resultado final de las presentes conversaciones.

Tal hecho raya en la inmoralidad, cuando se recuerda que Washington se opuso vehementemente al reconocimiento de Palestina como Estado observador de Naciones Unidas, y están muy frescas las palabras del presidente Barack Obama, insinceras a todas luces, cuando afirmó que “no existe atajo” para la solución del conflicto palestino-israelí, que “la paz no llegará mediante declaraciones y resoluciones en la ONU”, y que “son los israelíes y los palestinos, no nosotros, los que deben llegar a un acuerdo en los temas que los dividen”.

Los señalamientos del mandatario estadounidense dejan ver la miseria moral y el doble discurso de Washington y que aceptó, sin trámite de por medio, la incorporación de su pelele Consejo Nacional de Transición en Libia y sigue regateando el derecho del pueblo palestino a constituir un Estado soberano, como demandan las  resoluciones 242, 338 y 3236 de Naciones Unidas.

O sea, la insistencia de Estados Unidos de que la reunión bilateral predomine por encima de lo demás como única salida al conflicto, es lo que se está cumpliendo en estos momentos y es lo  pueril de lo que podamos imaginarnos, porque se conoce que el belicismo y la unilateralidad del régimen de Tel Aviv demuestran que la pacificación del Medio Oriente difícilmente se consiga fuera del ámbito de Naciones Unidas y el Derecho Internacional.

Si Estados Unidos quisiera realmente una paz duradera, como dice Obama, tendría que esforzarse en crear condiciones mínimas para que ello sea posible, y eso implica, en primer lugar, condenar el terrorismo de Estado que practica Israel y forzar a las autoridades de Tel Aviv a poner un alto a los asesinatos de palestinos, a las políticas de manipulación demográfica en Cisjordania y al cerco devastador sobre la Franja de Gaza.

Pero también EE.UU. debe coadyuvar a que se devuelvan las tierras arrebatadas a partir de 1948 o el pago de las indemnizaciones correspondientes a los expulsados; reconocer a las autoridades palestinas democráticamente electas-sean de Al Fatah, o de Hamas o de cualquier otra fracción-, exigir la contención de Israel en las fronteras previas a la Guerra de los Seis Días de 1967, y aplicar las medidas de presión política y económica necesarias para someter el colonialismo, el expansionismo del Estado hebreo.    

 Por supuesto que esto no se logrará con un gobierno norteamericano complaciente con el lobby sionista y un sionismo al que le importa poco la perspectiva de una fractura de la comunidad internacional, a que esta trate de aislarlo y el aumento de las tensiones en la región, porque, de una forma u otra, mantiene allí todo un andamiaje de inteligencia que le permite salir más fuerte de cada situación.

Publicado en Opinion