miércoles, 21 noviembre 2018, 04:36
Opinion

Una vez más el país fue sacudido por un tiroteo perpetrado por un ciudadano estadunidense blanco con armas obtenidas legalmente –quien, en esta ocasión, mató e hirió a niños, jóvenes y adultos en un cine en Aurora

El principal culpable de este doloroso episodio no es el joven James Holmes, reside en su poderoso mundo económico, financiero, cinematográfico y propagandístico en general.

Ambos condenaron el tiroteo y expresaron su apoyo a las víctimas, pero ninguno de los dos dijo ni una palabra en sus discursos acerca del derecho de los ciudadanos a portar armas.

La matanza que tuvo lugar en un cine de un suburbio de Denver desencadenó, al igual que en tantas otras ocasiones luego de que se produjeran similares atrocidades, el previsible coro de lamentos que a su vez se preguntaba por qué periódicamente aparecían en Estados Unidos monstruos capaces de perpetrar crímenes como los del tétrico émulo del Guasón.