miércoles, 17 octubre 2018, 01:49
Rotativas

Camila y yo, acostadas las dos en mi cama. Ella con sus piececitos de 21 años aplastando la réplica de Gitana tropical de Víctor Manuel en mi cuarto.

Yo, de periodista encubierta. Una pelea de gallos. Los hombres gritando, blasfemando. Los gallos comiéndose vivos a picotazos.

Hay personas que viven dentro de cajas. Nunca cuestionan. Nunca padecen lo que está establecido.

Un Amigo, Una Amiga, Una botella de vodka y Yo. En mi casa.

Hace como dos meses, después de una relación con un muchacho machista hasta el infinito multiplicado y vuelto a multiplicar, me dije a mí misma:

Por quién lloramos cuando lloramos. Por el cielo, las estrellas, ¿la luna? O para los que no pueden vernos. A veces los que no nos ven son los que más pueden amarme.

Empezó con pequeños detalles. Cuando íbamos a restaurantes, él ya sabía qué yo iba a comer. Mis amigas me decían: «Ay, qué romántico».