jueves, 16 agosto 2018, 00:02
Rotativas

Hace como dos meses, después de una relación con un muchacho machista hasta el infinito multiplicado y vuelto a multiplicar, me dije a mí misma:

Por quién lloramos cuando lloramos. Por el cielo, las estrellas, ¿la luna? O para los que no pueden vernos. A veces los que no nos ven son los que más pueden amarme.

Empezó con pequeños detalles. Cuando íbamos a restaurantes, él ya sabía qué yo iba a comer. Mis amigas me decían: «Ay, qué romántico».

Una de las muchas consecuencias de vivir siempre en esta cueva es que no te enteras de las demás opciones –se llama Cristina, tiene 34 años.