miércoles, 13 noviembre 2019, 18:24
Sábado, 12 Octubre 2019 05:22

Costa: Aún por hacer en Portugal

Escrito por  Arnaldo Musa / Especial para CubaSí
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El primer ministro de Portugal, Antonio Costa, se quejó de la alta abstención en los comicios del pasado domingo, cuyos resultados favorecieron nueva y más ampliamente a su Partido Socialista.


El primer ministro de Portugal, Antonio Costa, se quejó de la alta abstención en los comicios del pasado domingo, cuyos resultados favorecieron nueva y más ampliamente a su Partido Socialista, le aseguraron la continuidad como premier y dieron respaldo a numerosos planes en cartera.

La histórica abstención del 45,5% se debió más que a un rechazo de la política del Premier, a la decisión de millones de electores que, incluso, conformes con Costa, dieron por descontada la victoria, y aprovecharon para vacacionar en las playas.

La cifra confirma una tendencia que se nota en cada cita electoral desde la Revolución de los Clávele: fue de apenas el 8,5% de los votos en las primeras elecciones democráticas de 1975, pero diez años después superaba el umbral del 25%, y en 1999 se situaba justo por debajo del 40% del electorado censado.

En estos comicios los socialistas mejoran sustancialmente sus 86 diputados actuales y llegan hasta los 106, a apenas diez de la mayoría absoluta que nunca pidieron explícitamente, pero siempre sugirieron en los actos del partido.

Se le escapa por tanto a Costa la posibilidad de gobernar en solitario, aunque sale de los comicios muy reforzado para las negociaciones que deberá afrontar para conseguir apoyos que le dejen tener un Ejecutivo en minoría, como ha ocurrido en esta legislatura.

Una opción será volver a pactar con la izquierda que le sostiene desde el 2015 -llena de roces-: el marxista Bloco de Esqueda y la CDU, la alianza del Partido Comunista Portugués y Los Verdes, con resultados desiguales.

Por un lado, la euforia del Bloco con el 9,47% de los votos. Es ligeramente inferior al 10,19% obtenido hace cuatro años, lo que no le ha impedido encarecer su respaldo a los socialistas, a los que proponen un pacto revisable año a año para aprobar Presupuestos. En la otra orilla, el desaliento de comunistas y verdes, que lamentan que "los intereses de los trabajadores salgan debilitados" de esta cita, tras lograr el 6,19%, dos puntos menos que hace cuatro años.

Si repetir la alianza con esta izquierda se complica, la tercera opción es el partido animalista PAN, que pasa del 1,39% de los votos en el 2015 al 3,28% conseguidos el domingo, lo que le permite pasar de uno a cuatro diputados.

A ellos se suma la irrupción de tres nuevos partidos, cada uno con un diputado: Cega —primera vez que una fuerza ultraderechista entra al Parlamento desde la llegada de la democracia a Portugal—, Iniciativa Liberal, y Libre, de izquierda.

Derrumbe de la derecha

Ajenos al crecimiento de la diversidad del hemiciclo, la fiesta socialista se desató en cuanto se publicaron los sondeos a pie de urna, que venían a confirmar no solo una victoria esperada, sino que traía, además, el derrumbe de la derecha.

"Derrota histórica", ha sido una frase repetida por dirigentes del PS, exultantes ante la caída del Partido Social Demócrata, que obtiene un 27,9%, su resultado más bajo desde 1983 y pierde 12 escaños.

Peor suerte que el PSD ha corrido el democristiano CDS-PP, que en una sola noche cae al 4,3% de los sufragios (pasa de 18 a cinco diputados) y pierde a su líder, Assuncao Cristas, quien ha anunciado que dimite.

Y es que la derecha portuguesa tradicional ha sido impotente durante buena parte de la legislatura, al perder el discurso frente a un Partido Socialista que encadenaba excelentes resultados macroeconómicos.

Cambio de la mentalidad

Costa llegó al poder a finales del 2015 como un político de centro-izquierda que prometió eliminar los recortes a los ingresos que había autorizado el gobierno previo para reducir el enorme déficit de Portugal, como parte de las disposiciones del “rescate” internacional de 78 000 millones de euros (90 000 millones de dólares), dictado por los mandamás financieros de la Unión Europea.

Formó una alianza inusual con partidos de ideología comunista y de izquierda radical, que no habían accedido al poder desde el fin de la dictadura en Portugal en 1974. Se unieron con el propósito de eliminar gradualmente las medidas de austeridad, pero sin caer en un desbalance contable para evitar contravenir las normas de la eurozona.

El gobierno aumentó los salarios del sector público, el salario mínimo y las pensiones, e incluso volvió a fijar los días de vacaciones a la cantidad que se otorgaba antes del rescate, a pesar de las objeciones de acreedores como Alemania y el Fondo Monetario Internacional. Entre los incentivos para estimular a las empresas, otorgó subsidios de desarrollo, créditos fiscales y financiamiento para empresas pequeñas y medianas.

Costa compensó estos ajustes mediante recortes al gasto en infraestructura y otras áreas; con ello logró reducir el déficit presupuestario anual al 1% del Producto Interno Bruto, en contraste con el 4,4% registrado cuando asumió el cargo. El gobierno va por buen rumbo para lograr un superávit para 2020, un año antes de lo esperado, con lo que pondrá fin a 25 años de déficit.

Los funcionarios europeos admiten que Portugal quizá encontró una mejor respuesta a la crisis. Hace poco, como recompensa para Lisboa, designaron al ministro de Finanzas portugués, Mario Centeno, quien participó en el diseño de los cambios aplicados en el país, como presidente del Eurogrupo, formado por los ministros de Finanzas de la eurozona.

Y es que el país cambió por completo de mentalidad económica, con lo cual Costa encuentra un mejor camino de hacerlo avanzar y pagar sus deudas, sin perder soberanía.

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