martes, 12 noviembre 2019, 20:35
Miércoles, 23 Octubre 2019 04:06

LA ISLA EN VERSOS: «A este país lo inventaron los poetas»

Escrito por  Yuris Nórido / CubaSí
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Seguimos explorando las coordenadas de la poesía cubana en una serie protagonizada por poetas de ahora mismo. En esta entrega, conversamos con Edel Morales.

Edel Morales (Cabaiguán, 1961) es uno de los más laureados poetas cubanos del momento. Basilia Papastamatíu ha dicho de él y su obra: «…no se desperdicia ni escribe con ligereza. Y aunque en buena parte de sus versos alude a temas cotidianos o de la intimidad, a vivencias efímeras o a una simple percepción del paisaje circundante, y con un lenguaje cercano, comunicativo, su poesía no se limita a impresiones de superficie. Quiere calar hondo, desentrañar e interpretar lo que está más allá de lo visible. Siempre una intención conceptual acompaña al efecto estético, nada es gratuito ni frívolo, todo aspira a significar».


Lo entrevistamos para la nueva entrega de nuestra serie La isla en versos:


—¿Podemos hablar de un sólido movimiento poético en Cuba?


—Yo creo que sí. Pero depende también del concepto de solidez que manejemos. En una época en que parece que todo lo sólido se ha desvanecido, uno puede encontrar un amplísimo panorama poético en Cuba. Puede decirse que hay una gran producción poética, no solo en número, sino también en calidad.


«Lo que pasa es que a veces uno siente que hay un estado como parejo de calidades conseguidas, un estado de realización correcto de la poesía, y cuesta un poco desentrañar dónde habría un pico, dónde habría algo que sobresaliese, que verdaderamente estremeciese el alma de la comunidad.


«Yo no sé si tiene que ver con la construcción poética, con la manera de escribir los poemas… o con la manera en que se recibe esa poesía.


«A veces uno siente que no existe un poema que impacte a la manera de otros tiempos; en cambio, creo que hay una expansión de la poesía en términos de creación. Hay mucha más gente que escribe poesía ahora; mucha más, obviamente, que la que la escribía en el siglo XIX. Y también creo que hay un consumo —si la palabra “consumo” sirve para la poesía, que a mí me parece que no— que no es bajo, contra lo que a veces se piensa.

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«La gente sí recibe la poesía. No sé si la lee en los libros con la sistematicidad y la profundidad con las que la solíamos leer hace años, pero creo que hay una recepción amplia en lecturas y, sobre todo, en irla escuchando, irla “viendo”. Las nuevas tecnologías han ayudado a una recuperación de la comunicación poética en ciertos ámbitos.


«En las redes sociales, por ejemplo, se promueve mucha poesía. Ahí, de alguna manera, se recuperan las posibilidades originales de la poesía como comunicación oral, expresión de un diálogo entre alguien que crea y alguien que recibe.


«En ese sentido, hay una gran diversidad de formas en que la poesía se concreta. Lo que más me preocupa ahora mismo es la capacidad real de los espacios más convencionales e institucionales para asumir las nuevas maneras en que la poesía se está expresando, para ponerla en función de una apropiación social habitual, legítima y, al mismo tiempo, “desinstitucionalizada”. Porque la poesía no admite demasiados encasillamientos.


«La poesía, que es la madre de todas las creaciones, requiere un estado de libertad e individualidad que pudiera ser común a todas las artes, pero que en su caso es especial. No siempre que seamos capaces de “desautomatizar” el proceso de comunicación de la poesía, no solo desde el punto de vista de la promoción institucional, sino también desde el de los propios escritores.


«Suelen parecer aburridas algunas lecturas de poesía. Nos pedimos perdón los propios poetas por leer. Cada vez que escucho a alguien decir: “perdón, voy a leer otro poema…” Se supone que el que esté allí haya venido a escuchar poemas. Eso sí, hay que respetarlo, leer lo mejor posible… Yo creo que a los mismos poetas nos da un poco de pena con la poesía, como si no fuera una reina a la que habría que prestarle constantemente todas nuestras armas para que alcance su plenitud y su reino».


—¿Hay suficiente poesía en los medios de comunicación? ¿Se habla suficientemente de poesía?


—Yo creo que no. A veces se hace una reseña de un libro de poesía. A veces se habla un poco del estado general de la poesía. Pero la poesía como estado no ocupa los lugares que merece. No hay un espacio en la televisión ni tampoco en la radio donde sientas que la poesía esté trasmitida de forma que estremezca. Esa es una función esencial de la poesía: estremecer.


«Hay algunos espacios donde se comunica, a la manera de una lección de escuela, que tal poeta nació en tal época, que responde a tal tendencia literaria y escribió tal texto… y con suerte se lee ese texto. Pero las maneras en que se hace casi nunca responden al estremecimiento interno que la poesía implica.


«Es que uno tiene que seducir a otro para que acceda a un producto cuyo valor es generar felicidad, en el más amplio sentido de la palabra. Felicidad que puede ser también generada desde el dolor, por ejemplo. Pero tiene que ser un estado del alma. No tiene un valor material mensurable. Por eso tienes que presentarlo de una manera distinta.


«La poesía no es un producto que se consume; es un bien que se aprecia».

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—¿El sistema editorial cubano está a la altura del movimiento poético nacional?


—En Cuba se publica bastante poesía. Incluso, si comparamos con otros países, las tiradas no son para nada despreciables. No me queda claro, no obstante, si la calidad de la presentación de los libros alcanza siempre el nivel adecuado.


«Por otra parte, solemos publicar muchos libros con parámetros editoriales muy definidos (esta colección tiene que tener tantas páginas, tiene que estar diseñada de tal manera) y eso de alguna manera puede automatizar un proceso que es por naturaleza individual y libre».


—Se ha dicho que este es un país de poetas. El más universal de los cubanos, el político más preclaro, José Martí, fue uno de los más grandes poetas de la nación. Pero, ¿hasta qué punto la poesía ha recreado y recrea el país?


—A este país lo “inventaron” los poetas. Lo inventó José María Heredia. Lo inventó José Martí. Mucha de la creación auténticamente cubana del siglo XIX partió del imaginario de Heredia. Martí, y otros grandes poetas, pusieron en circulación ese patrimonio. Ya en el siglo XX contamos con grandes voces líricas en la construcción de una idea de país.


«Ahora mismo hay una manera muy peculiar de responder a las circunstancias, a esta cotidianidad latente. Los poetas han dado sus respuestas, y sobre todo, se han hecho preguntas sobre ese devenir.


«Pero como dije al principio, creo que falta esa cima. Esa gran figura que diga: “esta es el alma nacional puesta en verso; país, esto eres tú”. Uno siente que eso falta. Puede ser un poema, puede ser un autor determinado. Probablemente sea un reflejo de la época. Quizás el siglo XIX fuera una época de construcciones heroicas grandes, y ahora es tiempo de concreciones más específicas, fragmentadas…


«De cualquier forma, estoy convencido de que la poesía participa en un estado de la nación y lo recrea en versos, aunque se carezca de una revelación poética que muestre todo el estremecimiento del alma nacional».


TRES POEMAS DE EDEL MORALES

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Foto: Yuris Nórido


Viendo los autos pasar hacia Occidente

En las pequeñas ciudades del centro de Cuba
las calles, habitualmente bulliciosas y dulces,
se quedan vacías en los meses de invierno.
Yo he vivido esa pesada quietud.
Los estudiantes se han marchado a descubrir el mundo
y una paz, una extraña y larga ausencia,
llega hasta las paredes y penetra al interior de los edificios.
Los clubes, las casas de cultura, los campos deportivos,
semejan un set, cuidadosamente preparado,
que espera el regreso de los actores para continuar la filmación.
En las pequeñas ciudades del centro de Cuba
todo es ausencia y espera en los meses de invierno.
Yo he vivido esa pesada quietud.
Noches de febrero en la esquina vacía de Libertad y Paseo,
viendo los autos pasar hacia Occidente.
Como quien ve a una muchacha de piel muy limpia y cabellos negros
pasar gustosa hacia otro hombre.


Cansa vivir cada día


Solo.
Cansa vivir.


Hacer la música del mundo.
Cansa.
Ofrecer la doble mejilla.
Cansa.
Administrar frustraciones de otros.
Cansa.


Alterar.
Posponer.
Reducir el sentido.
Cansa.


Cansa vivir cada día.
Solo.
Con los demás.
Solo.
Por los demás.
Solo.
Para los demás.


Cansa vivir tu precioso tiempo
cada día menos.


Y al final nadie lo aprecia en su real significado,
como mi padre supo decirme
poco antes de morir.


Los pies desnudos


No tengo nada.


Sólo el amor de una muchacha
y mis párpados abiertos.


Así puedo correr sobre la hierba
húmeda y punzante.


Sabiendo que a esa certeza
llamarán locura.

Visto 524 veces Modificado por última vez en Viernes, 25 Octubre 2019 05:08

Comentarios  

 
#1 Madelin 23-10-2019 08:22
Bellos poemas, mi hijo y yo somos amantes de la poesía, incluso, él (mi hijo) aunque estudia medicina se dedica a escribir en su tiempo libre.
 

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