miércoles, 13 noviembre 2019, 17:00
Jueves, 03 Octubre 2019 04:54

Perú: Pueblo alegre en medio del caos

Escrito por  Arnaldo Musa / Especial para CubaSí
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Presidente de Perú, Martín Vizcarra. Presidente de Perú, Martín Vizcarra.

Perú amaneció este miércoles dos con dos presidentes, sin vicepresidenta, un Congreso renuente a disolverse y demostraciones de alegría popular por la acción del Ejecutivo contra un legislativo sospechoso de corrupción.


Perú amaneció este miércoles dos con dos presidentes, sin vicepresidenta, un Congreso renuente a disolverse y mantenidas demostraciones de alegría popular por la acción del Ejecutivo contra un legislativo controlado mayoritariamente por el fujimorismo y sospechoso de extendida corrupción.

El pasado lunes, el presidente Martín Vizcarra disolvió el Congreso luego de que este ignorara su pedido de no celebrar comicios para el Tribunal Constitucional.

La población, los partidarios del gobernante, los militares y la minoría progresista del disuelto cuerpo apoyaron la decisión, mientras los legisladores opositores  la calificaron de golpe de Estado y nombraron un nuevo presidente, esta vez a la vicepresidenta Mercedes Aráez, quien renunció a su cargo para así obligar a Vizcarra, dijo, a celebrar elecciones generales.

El Partido Aprista, gran aliado político del fujimorismo, comparó la decisión de Vizcarra de disolver el Congreso con el autogolpe de Estado perpetrado por el ex presidente Alberto Fujimori en 1992.

“Estamos claramente ante un golpe de Estado. Me hace recordar al 5 de abril de 1992. Tendrá que responder ante la ley. Hoy todos los protagonistas del 5 de abril están presos», aseguró a periodistas el ex primer ministro y portavoz del Partido Aprista, Jorge Del Castillo.
Su compañero de filas Mauricio Mulder lo catalogó de una felonía y consideró que Vizcarra actuó exactamente igual que Fujimori.

Hace 27 años, Fujimori disolvió el Congreso con el despliegue de tanques en las calles de Lima. Intervino la Fiscalía y el Poder Judicial y ordenó secuestros selectivos, en lo que se denominó un autogolpe donde concentró poder y se perpetuó en el cargo.

Sin embargo, Vizcarra se ha amparado en esta ocasión en la Constitución, al sentir que había perdido la cuestión de confianza presentada para frenar la renovación del Tribunal Constitucional a pesar de que esa moción aún no se había votado.

La disolución del Congreso fue celebrada por los congresistas de centro e izquierda que apoyan a Vizcarra y que son minoría en el Congreso. Algunos de ellos se unieron a las masivas celebraciones que se dieron por todo Perú, al conocer la decisión del presidente.

“Celebramos esta victoria porque nos ha costado. Sabemos que la mafia se atrincherará con uñas y dientes para conservar sus sueldazos”, advirtió Verónika Mendoza, líder del bloque de izquierdas Nuevo Perú. “Hay que articularnos en un gran bloque para impulsar un proceso de transición democrática y recuperar plenamente nuestra democracia”, agregó.

La portavoz de Nuevo Perú en el Congreso, Indira Huilca, señaló que salen del Parlamento con la frente en alto y la voz inquebrantable en defensa de los principios e instituciones democráticas. “El pueblo es el soberano y su poder debe volver a un Legislativo sin mafia y sin impunidad”, apuntó.

Esa celebración por parte de Huilca fue rápidamente respondida en redes sociales por el polémico portavoz fujimorista Héctor Becerril: “Regresarán con el rabo entre las piernas. Jamás dejaremos que implanten el chavismo ni el terrorismo en nuestra patria”, escribió. “Vizcarra debe tener algo muy sucio, con lo cual lo tienen chantajeado. No hay otra explicación para tremenda violación a la Constitución. ¡Hoy comienza su fin!”, añadió Becerril.

El ex oficialista Juan Sheput, que se volvió en los últimos meses en un opositor de Vizcarra, afirmó que el mandatario tendrá que responder penalmente por la destrucción del orden constitucional.

La oposición no se dio por aludida con la declaración de disolución y celebró un pleno en el Hemiciclo donde suspendió por doce meses a Vizcarra por incapacidad moral y ruptura del orden democrático.

Acto seguido, se nombró como presidenta en funciones a Mercedes Aráoz, quién como señalamos, renunció a su cargo de vicepresidente, en tanto, en el Palacio de gobierno, Vizcarra nombraba un nuevo gobierno encabezado por el congresista Vicente Zeballos, hasta entonces ministro de Justicia y Derechos Humanos.

¿Y ahora…?

Tras el anuncio de Vizcarra y de acuerdo con la Constitución, solo trabajará la Comisión Permanente del Legislativo que no puede ser disuelta.

El artículo 134 de la Constitución señala que el jefe de Estado “está facultado para disolver el Parlamento”, si éste ha censurado o negado la confianza a dos Consejos de Ministros.

“El decreto de disolución contiene la convocatoria a elecciones para un nuevo Congreso. Dichas elecciones se realizan dentro de los cuatro meses de la fecha de disolución, sin que pueda alterarse el sistema electoral preexistente”, indica.

En tanto, el artículo 136 indica que “si las elecciones no se efectúan dentro del plazo señalado, el Congreso disuelto se reúne de pleno derecho, recobra sus facultades, y destituye al Consejo de Ministros”.

“Ninguno de los miembros de este puede ser nombrado nuevamente ministro durante el resto del período presidencial (...) El Congreso extraordinariamente así elegido sustituye al anterior, incluida la Comisión Permanente, y completa el período constitucional del Congreso disuelto”, precisó.

Es decir, falta mucho por andar y aunque Vizcarra no ha tenido una función consecuente en su política exterior -miembro del Grupo de Lima, plegamiento a las medidas coercitivas imperiales contra Venezuela-, lo cierto es que quizás ahora pudiera aglutinar a quienes repudian al fujimorismo, independientemente de que no hace mucho, junto con Mercedes Aráoz, era un fiel acólito del presidente centroderechista Pedro Pablo Kuczinski, depuesto por prácticas corruptas.

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