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ARCHIVOS PARLANCHINES: ¿Qué nombre le vas a poner a tu hijo?

Escrito por  Orlando Carrió / Especial para CubaSí
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La feliz familia, libre en sus decisiones y llena de buena voluntad, puede terminar haciéndole la vida un yogurt a la criaturita antes de empezar a gatear…

Los cubanos tenemos fama de ser ingeniosos y ocurrentes en casi todo lo que hacemos. Sin embargo, me parece que en el arte de ponerles nombres originales a nuestros bebés hemos exagerado un poco desde los años 60 hasta acá, a tal extremo, que llamarse en la actualidad Pedro, Juan, María o Esther constituye casi un delito. Y, aclaro, no estoy abogando por el regreso de los Hermenegildo, Pancracio, Simplicio, Olegario, Indalecia o Diosdada. Solo pienso que, en materia de identidad comunicativa, no podemos torcer el rumbo y alejarnos del prójimo. ¡No hay otra!

No hace mucho, pasé por la calle Obispo y escuché a una colegiala decirle a otra: «Y a ti te pusieron… ¿Margarita? ¡Ay!... qué cheo… Yo soy Disami y mi novio Usnavi. Mija, hay que estar en la onda…».

En realidad, en las últimas décadas han proliferado en Cuba una gran cantidad de nombres raros y extravagantes que causan espanto a los especialistas del lenguaje, los maestros y los periodistas. Todos los papás quieren que su vástago sea recordado de una manera «única e irrepetible» y no les importa que el vocablo mágico resulte impronunciable o difícil de entender, y ni siquiera refleje le identidad sexual del nuevo miembro de la tribu.

En nuestro afán de ser «atrevidos», a veces, le hacemos un raro favor al niño, quien tendrá que cargar durante toda la vida con un apelativo que le enreda la lengua y probablemente odie.

Para escoger la designación anómala del heredero, los progenitores usan varias vías: les echan mano a palabras de otros idiomas en su estado original o las adaptan a nuestra lengua, arman híbridos con sus propios nombres o invierten términos. ¡Cualquier idea rara es bienvenida!

A partir de 1959, se impone la moda de usar nombres nacidos al calor del proceso revolucionario (Fidel, Raúl, Camilo, Celia…), junto a voces provenientes de la entonces Unión Soviética, como Lenin, Iván, Boris, Irina, Yuri y Tatiana, las que se asocian con otras que nos recuerdan a varias capitales de naciones amigas de Cuba pertenecientes al Lejano Oriente o a África, al estilo de Hanoi o Nairobi, las cuales resultan exóticas para el Caribe.

En ocasiones, nos pasamos también de listos y adaptamos al castellano extranjerismos ajenos a nuestra idiosincrasia: Leydi, por lady; Usnavi, por U.S. Navy, y Danyer, por danger. ¡Hasta dónde vamos a llegar!

Para mala suerte de algunos recién nacidos, en ciertas oportunidades, los autores de sus días deciden compartir la huella que dejarán, y entonces aparecen mezclas que no siempre se escuchan bien: Robelkis (Roberto y Belkis), Geyne (Gerónimo y Nelly), Mayren (Mayra y René) o Elián (Elizabeth y Juan). ¡Casi nada! Novedosos resultan, igualmente, los «trueques» de sílabas o letras que permiten el surgimiento de denominaciones como Ailed, por Delia; Adianez, por Zenaida, y hasta Orazal, por Lázaro. Sin olvidar, claro, a Descemer (por Mercedes) y a Odlanier (por Reinaldo).

Auténticos ajiacos y una provocación para los lingüistas son, además, el invento de unir los pronombres personales yo, tú y él, con el fin de formar Yotuel, y la manía, extendida durante años, de hacer estereotipos con la letra Y: Yanisey, Yumilsis, Yosbel, Yulieski y Yander. Incluso, a Daniel lo convirtieron en Yaniel, por influencia de no recuerdo qué novela brasileña.

Lo malo de este proceso es que los niños se ven obligados, muchas veces, a dar agotadoras explicaciones sobre la forma en que se pronuncia y se escribe su nombre, su origen y la identidad del creador. Y ni hablar del sufrimiento que afrontan cuando la maestra pasa la lista. Tuve en la primaria un amiguito que se llamaba Dansisy (por dance easy, en inglés) y siempre llegaba tarde al salón para evitar las bromas y los nombretes de sus compinches.

Ya adulto, conocí en Radio Habana Cuba a un joven egresado de Periodismo conocido como Dayesi (sí en tres idiomas), quien siempre lamentaba que papá y mamá se hubieran olvidado del santoral, pues hubiera deseado ser un Jorge, en honor a San Jorge, el santo mártir que derrota al dragón, o un Francisco, por San Francisco de Asís. ¡Pobre tipo!

Por fortuna, algunos de los damnificados logran salvar el pellejo y se inventan nombres artísticos, como el caso de la cantante aficionada Yeni, que detestaba su Yenisleidy, o el de Nely, una famosa chef, que casi no podía pronunciar su Nelisdeisys.

Por suerte, en los últimos años, se observa una ligera tendencia en la población encaminada a recuperar nombres habituales como Alejandro, Carlos y Daniela, y hasta clásicos como Sebastián, Hernán, Rodrigo, Gonzalo y Jimena. De todas maneras, los expertos creen que los registradores civiles en los hospitales podrían servir de «guías y orientadores», con el fin de bajar de los cielos a la feliz familia, la que, libre en sus decisiones y llena de buena voluntad, puede terminar haciéndole la vida un yogurt a la criaturita antes de empezar a gatear. No hay que olvidar que no solo usamos un nombre: somos un nombre.

Visto 1305 veces Modificado por última vez en Sábado, 07 Septiembre 2019 07:07

Por supuesto, han existido muchas granizadas, aunque, a decir de los expertos, ninguna igualó en magnitud a la ocurrida al oeste de Placetas el 11 de mayo de 1913…

«Tiene una forma muy peculiar de bailar. Su posición es muy esbelta y respeta la forma original del danzón en cada uno de sus pasos...».

Comentarios  

 
#7 levian 09-09-2019 12:00
a mis padres los obligaron a cambiarme el nombre, me registraron con un nombre ingles y hasta juicio fueron por eso y al final me lo cambiaron por uno frances mira tu que cosa, jejeje, era la epoca de los 70, donde la moda eran los nombres rusos y mira que nuestra revolucion a malgastado tiempo ocupandose de cosas insignificantes para un gobierno como el nombre de un niño
 
 
#6 dayana 06-09-2019 11:55
Hace algunos años las familias felices y libres en sus deciciones no podían dar como nombre a su descendencia alguno que sugiriera palabras relacionadas con el idioma Inglés o algo que sonara a los EEUU... en mi familia tenemos a Sofía Minerva, sugerido precisamente por la registradora civil (ese era su nombre) bastante largo y que no es además la mejor mezcla. Las épocas son las épocas...
 
 
#5 Bela 06-09-2019 11:40
Elián nombre bíblico. San Elián, natural de Homs, que fue martirizado por negarse a renunciar al cristianismo en el 284 DC a manos de su padre, un oficial romano. San Elián era médico de profesión y diversos milagros de curación se le atribuyen a él
 
 
#4 maria anoceto 06-09-2019 10:41
Eso es verdad y ademas cuando una va a hacer un documento y la persona no esta le asalta la duda si es hembra o varon asi que se necesitaria una casillita en donde diga de que sexo es F o M para no equivocarse.
 
 
#3 natasha 06-09-2019 10:24
Mis hijos tienen nombres no castellanos, porque yo no soy Cubana aunque vivo en Cuba y busqué nombres que me gustaban y que se usaban en mi país de origen, el de mi hijo se usa también mucho en Cuba, que es Jonathan y el de mi hija es Chloe (se prenuncia Klo-e) un nombre de origen griego que se usa mucho en los países de habla inglesa y en mi país pero no en Cuba. Igual yo me llamo Natasja (porque en mi idioma la j suena como una y) pero casi siempre en Cuba en documentos no oficiales escribo Natasha para que no pronuncien mal mi nombre.
 
 
#2 Yander 06-09-2019 10:17
pues yo me siento super orgulloso de tener el nombre que tengo de ser un estereotipo no me importa mi nombre marca una generacion el suyo que es bastante generico
 
 
#1 ALY 06-09-2019 08:39
Realmente nuestros coterraneos han sido muy creativos en los ultimos años. Para que complicarse tanto? El mejor lugar para buscar nombre es la Biblia, los hay muy bellos, así lo hizo mi madre y lo hice yo. Pocas personas saben que por ejemplo nombres como Felipe, Sarah, José, Elias, etc, son biblicos.
No es que esté negando nombres muy bonitos que han resultado de la unión del nombre de la madre y el padre como ejemplificó el periodista, incluso hay nombres foraneos que son muy bonitos y si estan bien escritos y pronunciados pues mejor.
Pero sin ser pesimista creo que ese es un mal que lamentablemente se ha enraizado en nuestra poblacion y los nombres raros seguiran proliferando.
 

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