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Jueves, 05 Septiembre 2019 04:05

Capitolio de La Habana: Oro parece… y oro es

Escrito por  Vladia Rubio/CubaSí


Los cubanos que el penúltimo día de agosto alzaron la vista para mirarlo, vieron un Capitolio diferente. Cuando el sol restallaba sobre su cúpula, los 16 pétalos que la conforman brillaban desde su enchape en oro.

Luego de un arduo trabajo de restauración, quedaba develada al público, aunque con ello no quedaba oficialmente inaugurada la obra, según aclaró entonces el Historiador de la ciudad, Eusebio Leal.

Cuando eso ocurra, en octubre, “se honrará a los que han trabajado en la cúpula: a los especialistas cubanos y expertos rusos, quienes han realizado un arte que conocen como pocos: dorar metales”, anunció Leal.

Ciertamente, no le falta razón al historiador al ponderar la magnífica obra realizada a más de 90 metros sobre el nivel del Prado habanero y que permaneció cubierta por lonas.

¿Qué es el Pan de Oro?

El dorado era el color de los faraones porque Ra, dios del Sol, así lo era. En consecuencia, los habitantes del Antiguo Egipto fueron los primeros en la historia de la humanidad en emplear la técnica del Pan de Oro para decorar las salas funerarias de las pirámides que guardaban al sarcófago del faraón.

El arte de la antigua Grecia fue un continuador de tal técnica, aplicándola a las esculturas erigidas en templos a sus dioses .
Entendidos aseguran que las más famosas de estas esculturas doradas fueron las llamadas criselefantinas, elaboradas principalmente de marfil y Pan de Oro (en griego, chrysós es oro y elephántinos, marfil). El marfil podía verse en las partes desnudas de la estatua en tanto el oro en sus ropajes, armaduras, cabellos y accesorios.

Entre aquellas hermosas y valiosas estatuas, destruidas durante las guerras medievales, estaban las de Atenea, en el Partenón, y la de , en el templo de Olimpia, creadas por Fidias.

La Edad Media, a pesar de sus tantas oscuridades, hizo también uso del brillante Pan de Oro, sobre todo en el arte cristiano. Además de los manuscritos iluminados por esta y otras técnicas, en las pinturas con motivos sagrados abundaban los dorados, para los celajes y también para aureolas y coronas.

Sobre todo durante el siglo XIV, en el Imperio bizantino y luego en otros países europeos, podía encontrarse el oro en retablos, iconos y vitrales.

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Palacio de Catalina la grande, en San Petersburgo.

Y si de la modernidad se trata, basta detenerse ante algunas obras del pintor austriaco Gustav Klimt (1862-1918) para constatar que es una técnica que sigue muy viva. De su llamada Fase dorada, basta ejemplificar con su obra más famosa de entonces: el Retrato de Adele Bloch-Bauer I, o con El beso, tan reproducido y elocuente.

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El Beso (detalle), de Gustav Klimt.

Pero no solo en la pintura puede encontrarse la técnica del Pan de Oro, también se aplica sobre madera, yeso, lienzos, cristal e incluso sobre otros metales, generalmente con fines decorativos, en muebles, obras de orfebrería, en marcos de cuadros y de espejos, altares, y también en elementos arquitectónicos como ha sido del caso del Capitolio habanero.

Dicha técnica, totalmente artesanal, consiste en finas láminas de oro que son adheridas a las superficies arriba mencionadas. En general, las mismas se adjuntan a las superficies, que primero son trabajadas y pulimentadas, mediante un adhesivo especial. Es usual el empleo de cola caliente. Para separar las laminillas de su álbum, se utiliza un pincel especial de pelo natural.

Las delgadísimas hojas de Pan de Oro se obtienen del martillado de planchas de oro de 22 o 24 quilates o mediante la presión de un rodillo. Actualmente, la mayor producción de dichas láminas se concentra, entre otros países, en Alemania e Italia.

Para comercializarlas, dichas hojas se presentan en número de veinte a veinticinco en álbumes, separadas entre ellas por hojas de seda. Sus tamaños suelen ser de 5x5 u 8x8 centímetros.

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Entre las ornamentaciones arquitectónicas más relevantes realizadas con estos dorados se apuntan las realizadas en el Palacio de Versalles (Francia) y en el Palacio de Catalina La Grande (Rusia).

Doradores en La Habana

Precisamente de Rusia llegaron a la capital cubana los profesionales que se encargarían de que volviera a resplandecer el Capitolio nacional como cuando fue inaugurado en 1929 para servir de sede al Senado y la Cámara de Representantes.
En mayo de 2017 nuestro Portal CubaSí, junto a otros medios de prensa, daba a conocer que la cúpula del Capitolio de La Habana sería restaurada por Rusia.

Tomando como fuente al sitio digital Sputnik Mundo se informó entonces que la empresa federal estatal rusa Goszagransobstvennost, de la Dirección de Gerencia del presidente ruso, había convocado a un concurso de proyectos para la restauración de la capa de oro de la cúpula del Capitolio Nacional de La Habana.

Según indicaba la convocatoria, el proyecto debía atenerse a un límite de presupuesto para el contrato de 20 millones de rublos (alrededor de 354.000 dólares).

En mayo de 2016, la presidenta del Senado de Rusia, Valentina Matviénko, comentó que especialistas rusos ofrecerían su ayuda a la restauración del Capitolio habanero, donde radicaría la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba.

Según señaló la senadora rusa e indica la nota citada, la ayuda había sido solicitada por los parlamentarios cubanos y el proyecto de acuerdo intergubernamental se encontraba en proceso de preparación.

La Dirección de Gerencia del presidente ruso Putin encargó entonces realizar mediciones y estudios de la cúpula para definir el estado técnico de su estructura.

La finalidad de la convocatoria era para fortalecer la estructura de la cúpula y su revestimiento con piedra natural (arenisca), revestirla con nuevas planchas de bronce y recubrirla con láminas de Pan de Oro. Los trabajos serían financiados por el presupuesto federal de Rusia.

Ahora, luego de casi un año de fuertes trabajos restauradores, concluyeron los labores en la cúpula, totalmente remozada a partir del proyecto conjunto acometido por la Oficina del Historiador de La Habana y la empresa rusa CMC Development, dato este último tomado de la web Sputnik Mundo.

Ese sitio digital, entrevistó a Maxim Ivanov, especialista principal de la CMC Development, -responsabilizada con los dorados-, quien declaró sentirse "absolutamente satisfecho" por el resultado obtenido con los trabajos de restauración, que incluyeron además la estatua que está en el interior del edificio.

Ivanov refirió a Sputnik que "El 16 de octubre de 2018 nuestros especialistas llegaron a Cuba para hacer ese magnífico trabajo. Antes de nuestra llegada, han venido otros especialistas para tomar las pruebas del enchapado de la cúpula del Capitolio".

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Lavrov asistió a la reinauguración de la estatua de la Republica, también trabajada con la técnica del Pan de Oro.

A propósito de la metodología empleada para esos trabajos precisó que sus singulares estuvieron dadas porque es muy complicado trabajar en estas condiciones de clima para nuestros especialistas, ellos están trabajando a una altura de más de 60 metros, siempre con ese intenso calor, y también con lluvias y vientos muy fuertes, comentó.

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Trabajaron bajo las lonas.

Durante el acontecimiento de develar la cúpula, Leal –según reportes periodísticos- ponderó el trabajo de los especialistas de la Federación de Rusia, que "trabajaron en un arte que conocen como pocos en dorar metales, como hacen en las antiguas iglesias y catedrales de toda la Rusia santa", dijo.

Diversos medios de prensa y agencias noticiosas cubanas y foráneas, dieron a conocer que el Historiador de la ciudad explicó cómo la cúpula del Capitolio, con 91,73 metros de alto, fue objeto primero de un cuidadoso trabajo de carácter estructural.

Luego, se acometieron las labores de restauración que abarcaron la linterna superior, los nervios y pétalos de la cúpula, y la ubicación de las planchas de cobre que sustituyen las dañadas después de casi un siglo a la intemperie.
Leal detalló que a las planchas de cobre se le añadieron láminas de oro de 24 quilates, como fue concebido originalmente en 1929.

Destellos para hoy y mañana

El Capitolio Nacional de Cuba –la obra cubana de restauración más importante de la actual década, según Leal- fue inaugurado el 20 de mayo de ese año y su construcción costó unos 16 millones de dólares. Durante 30 años fungió de sede del Congreso –para la Cámara de Representantes y el Senado.

Luego del triunfo de 1959, acogió a la Academia de Ciencias y después al Ministerio de Ciencia, tecnología y Medio Ambiente. Desde hace poco menos de tres años es sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

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Este octubre, cuando serán oficialmente inaugurados la cúpula, la linterna y el centellador, se iluminará el punto más alto de esa edificación, como lo fue en sus orígenes. Solo que en esta oportunidad su luz alcanzará una Habana con 500 años de existencia cuya vitalidad y mejorías han de trascender ese importante aniversario fundacional.

Así lo indicó recientemente el presidente cubano Miguel Díaz-Canel, quien subrayó que los trabajos para renovar la capital del país por su aniversario 500 no pueden concluir con la celebración de noviembre.

La ciudad seguirá renovándose, aseguró. Y así ha de ser porque La Habana no es ciudad solo de efemérides, sino de esas que echan raíces profundas en el pecho de quienes la habitan y la merecen.

Modificado por última vez en Martes, 17 Septiembre 2019 07:47

Comentarios  

 
#1 Ramon Fonseca 05-09-2019 10:41
Excelente Trabajo el de los especialistas ruso
 

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