domingo, 08 diciembre 2019, 05:22
Miércoles, 28 Agosto 2019 07:51

Maniqueísmo y des-ideologización

Escrito por  Carlos Aristides Luque
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El objetivo de la agresión mediática contra el antimperialismo y las revoluciones, es crear la convicción de que no hay alternativa al orden imperante. Una de las tácticas, - su preparación artillera-, borrar o desdibujar las fronteras de las ideologías. 



(A propósito de la docta ignoran(te)cia titulada)

Una idea, desde el fondo de una cueva, puede más que un acorazado. No hay proa que taje una nube de ideas. Más o menos así se refería Martí a las ideas revolucionarias. Le llamó Partido Revolucionario Cubano al Partido del que fue organizador y primer auténtico Presidente, para reanudar la guerra de liberación, anticolonialista y antimperialista.

Desafortunadamente para la especie, también tienen el mismo poder, aunque destructivo, las ideas reaccionarias y su hermana menor, la ignorancia, sobre todo cuando es docta y titulada. Mucho más poder. Los crímenes sangrientos de mañana vienen precedidos por las ideas engañosamente incruentas de hoy. El misil viaja raudo en la cabalgadura de una idea reaccionaria. La primera víctima es la verdad. Y la mente, la subjetividad, las creencias, el escenario del combate.

El objetivo de la agresión mediática contra el antimperialismo y las revoluciones, es crear la convicción de que no hay alternativa al orden imperante. Una de las tácticas, - su preparación artillera-, borrar o desdibujar las fronteras de las ideologías. O más exacto, desideologizar. Comparar binaria y maniqueamente el socialismo con el capitalismo.

Aunque el socialismo sea una página en construcción, ensayo histórico que nunca ha podido empinarse más allá de una pubertad acosada; aunque el capitalismo tenga una historia varias veces centenaria y aproveche las flaquezas de la humana condición; aunque el socialismo sea una noble aspiración en pugna con todos los obstáculos, aunque el capitalismo sea un feroz valladar que se levanta con el consumo irracional, las bombas y se cimenta con vanas ilusiones; aunque las riendas tenaces de su poder se sostengan con el abrumador y desigual dominio de la riqueza planetaria: nada importa: el maniqueo habla siempre, en toda época y lugar, de totalitarismos, de fracasos económicos si la utopía es socialista, y pomposamente, de libertad y derechos.

El maniqueo sitúa en un extremo de la misma balanza histórica la razón de ser de un partido fascista, a un Franco o a un Mussolini, y en el otro platillo, la razón de ser de un Partido Revolucionario, de una Revolución, de una nación que se ha dado soberanamente su sistema de gobierno. Y en el fiel se sitúa el maniqueo, mostrando, sin querer, la ideología que niega sustentar, aparente dueño de una posición equidistante y justiciera.

Si un partido fascista necesita la adhesión de sus militantes para mejor y con más eficacia perpetrar sus crímenes cruentos e incruentos, el maniqueo desideologizado revela su real ideología al negarle a una revolución y a su partido el derecho vital a mantener la unidad para evitar, precisamente, que se cometan aquellos crímenes.

El maniqueo en su delirio puede comparar al FBI o a la Falange, con la autoridad moral de una Revolución.

Evocando la desobediencia a un régimen tiránico exhorta a la rebeldía contra un gobierno mayoritariamente aceptado, equiparando la cualidad entre ambas subversiones.

Desde su caverna platónica clama por un pluralismo político que cree existente en algún lugar, en las “democracias reales”, allá, fuera de las sombras en que habita: es natural que no sepa distinguir entre la IDEA de la pluralidad política y la función de su existencia real.

No sospecha el maniqueo que allí donde él cree que hay pluralidad porque varios partidos se disputan el poder político, existe un Poder Indisputable, nunca en juego, que permite la ilusión de la pluralidad precisamente para mantener su condición de Indisputable. Las falsas democracias consienten la existencia de varios partidos, cuantos más mejor, porque así mantienen a la sociedad en pugna consigo misma, fragmentado sus voluntades, dispersando sus intereses, debilitando sus energías. Las falsas democracias aplican la estrategia de distinguir entre lo principal y lo accesorio: para mantener el verdadero Poder, que es lo principal, permitir lo accesorio: la espuria y falsa pluralidad.

No puede el maniqueo platónico prever que el Poder Indisputable necesita que, en aquellos países que no pueden sojuzgar a su antojo, se arme el tinglado del pluralismo político en pugna, la fragmentación fiera de unos intereses contra otros, para que, al faltar en esos países su propio Poder Indisputable, que es la Independencia Económica con respecto al dominio mundial de la Economía, sean más fácil presa de sus apetitos.

El maniqueo platónico puede suscitar admiración, o lástima y compasión, si es un honesto habitante de la Caverna porque, además, quizás ni sospecha que le presta un inapreciable servicio a sus verdaderos enemigos. Pero la ingenuidad es casi un lujo en estos tiempos de tanta información, cinismo y terrible experiencia histórica. Provocaría compasión si no fuera porque sus ideas pueden preparar el escenario del ruido de las armas mortales que también caerán sobre maniqueos y desideologizados.

Tomado del Facebook de Carlos Aristides Luque

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Comentarios  

 
#1 Meki 30-08-2019 02:28
Interessante
 

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