domingo, 08 diciembre 2019, 00:56
Miércoles, 28 Agosto 2019 04:27

Niñez encadenada

Escrito por  Arnaldo Musa / Especial para CubaSí
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Eso de trabajo es demasiado meliorativo, cuando, realmente, es esclavitud, sin cadenas, pero con un amarre tal, que evita que esos seres humanos se conviertan en la esperanza del mundo.


Cuando el colega Nacianceno comentaba en Granma la dolorosa sensación que le dejó ver como pequeños peruanos sorteaban el tráfico de vehículos en Lima para vender magros productos que ayudaran al sustento familiar, recordaba escenas semejantes en Yakarta, Nueva Delhi y otros lugares del mundo subdesarrollado, en los momentos en que se anuncia la intención de Naciones Unidas de declarar el 2021 como año final del llamado trabajo infantil.

Eso de trabajo es demasiado meliorativo, cuando, realmente, es esclavitud, sin cadenas, pero con un amarre tal, que evita que esos seres humanos se conviertan en la esperanza del mundo.

Ahora se dice que en nuestro continente ha disminuido a la mitad tal trabajo, pero no aclara que ha tomado nuevas formas, que se oculta, y no van a las estadísticas los pequeños que son prostituidos en varios países latinoamericanos y Estados Unidos.

Hoy en día, cerca de 250 millones de niños trabajan en el mundo, y más de 150 millones lo hacen en condiciones peligrosas. Adicionalmente, cada año más de un millón de estos son víctimas de tráfico humano.

Pero ese trabajo esclavo se refiere a cualquier actividad que priva a los niños de su infancia, perjudicial para su salud física y mental, por lo cual impide su adecuado desarrollo.

Las peores formas de trabajo infantil consisten en el trabajo forzoso, la trata, la esclavitud por deudas o la servidumbre. Esto también incluye actividades ilícitas o actividades que puedan poner en peligro la seguridad, la salud y la moral de los niños, como la prostitución, la pornografía, el reclutamiento obligatorio o forzoso debido a conflictos armados, el tráfico de drogas, etc.

En este contexto, el trabajo forzoso comprende tareas domésticas realizadas durante largas horas en un medio insalubre, en lugares peligrosos que requieran el uso de materiales o herramientas peligrosas, o que fuercen al niño a cargar objetos que son demasiado pesados.

Y aunque no estoy de acuerdo porque siempre se lastra la vida del infante y adolescente, ciertas actividades no son consideradas como trabajo o explotación, ya que implican ayudar a los padres a completar las tareas diarias de la familia, a las que los niños pueden dedicar unas pocas horas a la semana y que les permite ganar un poco de dinero para sus gastos. Pero no deja de tener efectos negativos en su formación.

Asimismo, esta forma de esconder la situación que abordamos no elude la dificultad de las tareas en duras condiciones que pueden provocar el envejecimiento prematuro, la desnutrición, la depresión o la drogadicción.

Los niños procedentes de entornos desfavorecidos, de grupos minoritarios o sustraídos del seno familiar carecen de protección. Sus empleadores hacen lo que sea necesario para hacerlos completamente invisibles y, por lo tanto, son capaces de ejercer control absoluto sobre ellos. Trabajan en condiciones degradantes, lo que socava todos sus derechos y principios fundamentales.

Por otra parte, no están en capacidad de tener una educación normal y serán condenados a convertirse en un adulto analfabeto, sin tener la posibilidad de crecer en su vida social y profesional.

En algunos casos, el trabajo infantil también pone en peligro la dignidad y la moral del niño, especialmente cuando es víctima de explotación sexual, como la prostitución o la pornografía infantil.

Además, los niños que trabajan están más expuestos a la desnutrición y suelen ser víctimas, subrayo, de violencia física, mental y sexual.

Mientras en nuestro país una verdadera Revolución hace de todo para que lo expuesto antes no ocurra y colabora para que tal condición desaparezca en el resto del mundo, existen —reitero— 250 millones de niños trabajadores con edades comprendidas entre los cinco y los 17 años; más de la mitad, realizan trabajos peligrosos, y unos ocho millones y medio lo hacen en condiciones de esclavitud, atrapados en las peores formas ilegales, degradantes y peligrosas.

Visto 816 veces Modificado por última vez en Martes, 03 Septiembre 2019 07:10

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