sábado, 17 agosto 2019, 23:14
Sábado, 03 Agosto 2019 23:55

Afganistán: Solución única, negociar y retirada de los ocupantes

Escrito por  Arnaldo Musa / Especial para CubaSí
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A veces uno se asombra cuando experimentados comentaristas de presuntamente objetivos medios de prensa occidentales siguen insistiendo en que no hay presencia activa de tropas norteamericanas en Afganistán.

A veces uno se asombra cuando experimentados comentaristas de presuntamente objetivos medios de prensa occidentales siguen insistiendo en que no hay presencia activa de tropas norteamericanas en Afganistán, sin revelar que ni un solo soldado estadounidense ha sido retirado de las bases militares que permanecen allí, controlan y dirigen a fuerzas militares de sus alados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte y recrudecen sus bombardeos aéreos contra zonas liberadas o controladas por el Talibán.

Pero además, Naciones Unidas acaba de emitir un informe en que reconoce que el 80% de las víctimas civiles se debe a los ataques de aviones norteamericanos y otros observadores, independientes, indican que muchas de las bajas achacadas al Talibán y grupos afines pertenecen al Estado Islámico, acérrimo enemigo de los talibanes y llevados de Siria a Afganistán por Estados Unidos.

Todo esto explica las crecientes acciones terroristas contra civiles que en último caso forman parte del apoyo popular a las guerrillas, pero que no impiden que militares norteamericanos hayan sido abatidos en ataques a las bases estadounidenses, en una de las cuales un soldado afgano ajustició a dos oficiales estadounidenses.

Estas no son cuestiones del pasado, sino muy recientes, que han sido coronadas por el derribo de un F-16 norteamericano que participaba en acciones de bombardeo, algo reconocido por el Pentágono, que se suman a los no admitidos abatimientos de otro F-16 y de un superbombardero B-52 en el sur del país en los últimos cuatro meses.

No hay nada de exageración en esto, y así repasamos titulares de agencias occidentales de noticias, nada enemigas de los genocidas, de algunas de las cuales, del 28 al 31 de julio, ya nos hicimos eco:

Decenas de muertos por paso de un autobús sobre una bomba en Afganistán; Soldado afgano abre fuego contra militares de EE.UU. y mata a dos oficiales; ONU: Mueren más civiles en Afganistán por bombardeos de EE.UU.; 20 muertos y 50 heridos en una poderosa explosión en Kabul; Triple atentado deja al menos siete muertos y 21 heridos en Kabul; Trump dice que podría “ganar” la guerra en Afganistán “en una semana”; Explosión en una universidad en Afganistán mata a seis personas; Ejército afgano mata a 110 talibanes en 13 provincias del país.

Y una información de última hora que ya reconoce la presencia activa de EE.UU. en suelo afgano: Fuerzas especiales de EE.UU. participan en una operación en el suelo de Afganistán.

Genocidio de 18 años

Desde el 2001, Afganistán sufre una invasión de EE.UU. y sus aliados de la OTAN, que desplegaron tropas allí so pretexto de derrocar a los insurgentes del grupo armado Talibán, pero esta presencia foránea no ha hecho más que empeorar las condiciones. Sus ataques han provocado un gran número de bajas civiles y en múltiples ocasiones han matado a las fuerzas de seguridad y soldados afganos.

Además de los casos revelados antes, uno reciente informa de la muerte de al menos ocho civiles, incluidos mujeres y niños, en operaciones nocturnas de las fuerzas militares de EE.UU. en el distrito de Nerja, en la provincia oriental de Madan Sarda.

Diferentes políticos y autoridades afganas denuncian que Washington está cometiendo crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio en Afganistán, y han pedido a la Corte Penal Internacional (CPI) que investigue los actos de fuerzas norteamericanas en el país asiático.

Las presiones de Trump hicieron desistir a la CPI de investigar los flagrantes crímenes. A la fiscal Fatuo Benzoica le fue revocado el visado por intentar revelar los crímenes cometidos en Afganistán, tanto por las fuerzas estadounidenses, como por los insurgentes del grupo armado afgano talibán.

La demanda de la diplomática gambiana es el primer paso legal después de que EE.UU., con amenazas, hizo que la CPI rechazara el pasado 12 de abril la apertura de una investigación por los crímenes de guerra de EE.UU. en ese país asiático.

El objeto de las pesquisas son los crímenes cometidos en el marco del conflicto armado en Afganistán. Estados Unidos no ha ratificado el Estatuto de Roma al respecto y lleva a cabo una campaña total contra la CPI, aduciendo que esta puede comenzar enjuiciamientos motivados políticamente contra ciudadanos estadounidenses.

El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, anunció que la Casa Blanca, como hizo contra la fiscal gambiana, restringiría la emisión de visados a los funcionarios de la CPI responsables de investigar a los militares estadounidenses, en especial, en la guerra de Afganistán.

La nueva estrategia de Trump en Afganistán es la misma que la de Obama, pero revestida con mucha bravuconearía. No ha habido ningún cambio de orientación.

Donald Trump calificó en una oportunidad de “inútil” la ocupación estadounidense de Afganistán. Ahora quiere vencer. En un discurso a la nación desde la base militar de Fort Mier, en Arlington, Virginia, se refirió a la larga ocupación estadounidense de 18 años, insistiendo en que “nuestra nación debe buscar un resultado honorable y duradero”.

Ningún candidato propondrá un plan mejor para gestionar la participación militar de Estados Unidos en Afganistán. Solo se puede hacer una cosa, y es poner fin a la guerra. No hay otra estrategia. El envío de tropas no va a servir para nada: ya se ha probado.

Aumentar el número de fuerzas especiales tampoco va a servir. Ni gritarle más fuerte a Paquistán. Lo único que puede funcionar es llegar a un acuerdo negociado con los talibanes y retirar las tropas.

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