miércoles, 23 octubre 2019, 16:31
Viernes, 02 Agosto 2019 06:34

ARCHIVOS PARLANCHINES: El danzón de Angoa

Escrito por  Orlando Carrió / Especial para CubaSí
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«Qué feliz se ve bailando… Angoa». «Qué feliz se ve bailando… Angoa».

«Tiene una forma muy peculiar de bailar. Su posición es muy esbelta y respeta la forma original del danzón en cada uno de sus pasos...».


Ricardo Benedit Varela, el conocido Angoa, dejó bien sentado que su vida en la tierra y en los cielos estaba en manos de Luis Hernández, su biógrafo y representante. En consecuencia, al principio de los 2000, próximo a los cien años, saltó el cuestionario y me dejó a merced de dicho investigador, hecho a todas luces problemático, pues, al principio, este agresivo y entrañable amigo vendió bien caros los detalles más recónditos de la existencia del bailador, los cuales aparecen en su libro Angoa, el danzón no morirá, dado a conocer de manera digital hace unos pocos años.


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El Danzonero Mayor.


El personaje nació en 1909, en el barrio de San Leopoldo, en Centro Habana, cerca del hospital Hermanos Ameijeiras. Cuando niño le dio una meningitis que le impidió comunicarse verbalmente hasta los siete años, y dañó, de manera irreversible, sus cuerdas vocales. Curiosamente, este percance terminó dándole un nuevo nombre. Todas las tardes el menor visitaba el Parque Maceo en compañía de su vecina Dora y, antes de partir, anunciaba a los cuatro vientos: «Voy a salir con Goa…», «voy a salir con…». Así, sus allegados empezaron a llamarlo Angoa y, sin imaginarlo, allanaron el camino de una figura popular que daría mucho de qué hablar.

De joven, este negro lustroso y grandote, con una ternura bien oculta tras su rostro inmutable, de piedra, hizo trabajos de construcción, bacheó calles, fue inspector de aduanas y hasta peleó, como boxeador profesional, contra Kid Chocolate, quien lo derrotó en un polémico combate organizado por el periódico La Noche. Luego, ya en la madurez, siguió unido a este deporte como cronometrista y árbitro, ocupaciones que alternó con su nuevo oficio de cartero, al cual le entregó el sueño de no fallar nunca.

Angoa, violinista autodidacta, según varios de sus conocidos, se vinculó con el danzón gracias a su madre, Rafaela Varela, vicepresidenta de Los Cocheros, una sociedad de gente de color dedicada a estimular los bailes de salón a principios de los novecientos. Más adelante, se incorporó a los Jóvenes de Concordia de su hermano André, a la Unión Cienfueguera, y al Isora Club, entidades que acaparaban la atención del gentío y hasta tenían sus propios danzones.

No obstante, su bautizo definitivo no se produjo hasta los veinte años, cuando entra en la Unión Fraternal, donde los negros y mulatos le rendían ofrendas a la «danza matemática», en el barrio de Jesús María, una de las goteras del Casco Histórico. Allí, según testigos, engatusa a los corazones rotos y se acerca a menudo a las puertas y ventanas para lucirse de lo lindo ante los curiosos, por lo general, «patones» y timoratos envidiosos de sus pasos de ángel.

Luis Hernández nos dice, cuando llega la esperada tacita de café: «Tiene una forma muy peculiar de bailar. Su posición es muy esbelta y respeta la forma original del danzón en cada uno de sus pasos, no importa que la música salga de un disco en su casa o de una orquesta en un lugar público. Su movimiento característico es la caída del pie derecho cuando da la vuelta del tornillo. Es solo de él, no se lo he visto a nadie más».

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Angoa con su representante, Luis Hernández.


Seguidor habitual de Arcaño y sus Maravillas, un día recibió una sorpresa que lo sacó de la multitud. Arcaño, agradecido por su apego incondicional a la agrupación, le dijo en 1946 a su violinista Félix Reina: «Chico, ¿por qué a ese danzón que tú tienes por ahí no le ponemos el nombre del señor que siempre está en los bailables… del cartero?». El maestro Reina, fundador de Estrellas Cubanas y autor, además, de temas como Muñeca negra y La escoba barrendera, aceptó, y así nació Angoa, el cual se grabó dos años más tarde en los estudios de la radiodifusora CMQ. Casualmente, la obra retrata de manera plena el temperamento del sudoroso bailador de quien toma su estandarte: la entrada de los violines y el montuno encajan a la perfección con su fogosidad.

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Con el tiempo, los danzones empezaron a ser cantados, y el de Reina no fue una excepción. Los músicos de La Sublime figuraron entre los primeros en ponerle texto a Angoa (Angoa… Angoa… vive a su manera / qué bien se ve bailando Angoa / cuando La Sublime está tocando). En 1954, Ninón Mondéjar, director de la Orquesta América, produjo otra versión en la Ciudad de México, la cual se escuchó frecuentemente en esa capital y en la República Dominicana. A partir de ahí, surgieron varias adaptaciones respetuosas del estribillo «qué feliz se ve bailando… Angoa», hasta llegar al compositor Richard Egües, quien cerró el ciclo en los años cincuenta con un danzón-cha destinado a la Aragón. En este, por elipsis, solo se escucha el nombre de Angoa.

Años más tarde, el danzón Angoa alcanzó su punto culminante cuando la orquesta mexicana Sonora Santanera, de Carlos Colorado, lo tomó como base para lanzar al mercado el tema La boa, con la firma del cantante y compositor Carlos Lico, el cual se convirtió en uno de los grandes éxitos musicales de las décadas del sesenta y el setenta en varios países de América Latina.
   

En la medianía de la anterior centuria, nuestro personaje fundó el Angoa Sport Club, el cual dirigió con el apoyo de sus hermanos. Esta es, sin dudas, su mejor época. La institución, pequeña y de mucho espíritu, organizaba numerosas fiestas en los jardines de La Tropical y en varios clubes para promocionar el danzón con orquestas como Melodías del 40 y la de Arsenio Rodríguez. Allí también se acogía y educaba a los muchachos de color metidos en malos pasos. Sus miembros, extravagantes al principio, sin pelarse o peinarse bien, «acharranados» de pies a cabeza, vivían dentro de la asociación mutaciones radicales.

Angoa no solo es muy estricto en su pasión mayor, sino en todo lo relacionado con su vida. Para algunos es un antipático y, en propiedad, no tiene pelos en la lengua. Como es un preservador de lo histórico, bastante ortodoxo, no admite que, por ejemplo, los Hermanos Izquierdo estén tocando Angoa en una fiesta e inicien improvisaciones llenas de frases chabacanas. En ese instante, ya no está escuchando su danzón.

No por gusto, Aurelio Rodríguez Yeyo, conductor del programa «Felicidades», de Radio Rebelde, lo bautizó, un buen día, como el Danzonero Mayor. Luis Hernández insiste:

«Es célebre por su manera de vestir. Tiene un toque muy especial gracias al sombrero, el traje y el nudo de corbata que solo él sabía hacer… luce su ropa, y su compañera el abanico. De ahí, su eslogan histórico: “Angoa… vive a su manera”, el cual se hace notorio en los medios cuando hace sus promociones.

«Se pone metas, hace las cosas cuando corresponde. Es la persistencia en persona. Si llueve, no importa, él va al evento y cumple con la palabra. En su juventud iba de fiesta en fiesta; ahora, en su nueva juventud, puede asistir en un día a varias presentaciones y acostarse a las tres o cuatro de la madrugada. Tiene una enorme tenacidad y está al tanto de los detalles.

«Cuando se inyecta su medicina, o sea, su música, es como si se tomara un complejo vitamínico. Su danzón preferido fue Fefita de José Urfé. En la preparación de un Buenavista Social Club de la danza, en el Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate, se levantó del sillón de viejito donde lo habían enclaustrado y bailó varios ritmos… incluyendo una rumba de cajón con pañuelo en el piso y todo...».

Angoa, masón en el grado 33 (el más alto) y babalao del panteón yoruba, tiene seis matrimonios y muchas parejas que lo adoran, un hijo bailarín ya fallecido y dos hijas perdidas en el recuerdo, que, como todos, ven a su padre como una fetiche de la música popular cubana.

De todas formas, tras su fallecimiento, la herencia del mayor longevo bailador de danzón del planeta parece segura. En Marianao, donde es Hijo Ilustre, la Dirección Municipal de Cultura creó el proyecto Angoa Social Club que tiene un amplio plan de rescate de esta figura, la cual se hizo acreedora de numerosos premios en festivales nacionales. Además, para recordar su memoria a nivel nacional se celebra el concurso de danzón «Ricardo Benedit Varela», dentro del marco del Encuentro Internacional Danzonero «Miguel Failde in Memoriam», que tiene como sede a la ciudad de Matanzas, cuna de nuestro baile nacional.

Visto 957 veces Modificado por última vez en Jueves, 29 Agosto 2019 11:33

…eso de correr en medio de un aluvión siempre ha sido para los niños y adolescentes una aventura llena de riesgos y emociones.

La visita que le realicé en 2012 a Emilio Bethencourt Delgado, un colombófilo de méritos y coleccionista de aves, fallecido hace unos pocos años, tiene, en sus comienzos, los ingredientes de una tragicomedia.

Comentarios  

 
#1 DC PONCE 05-08-2019 14:06
Yo vi a Angoa en el 2007 que hombrón, fui a su casa con su representante para hacerle una entrevista para Radio Cadena Habana. Que manera de bailar!!!!! todo un caballero... ahora, sí, tenía mal genio, pero podía reírse de vez en vez. Fue un cartero muy recordado en La Lisa.
 

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