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Martes, 14 Agosto 2012 07:12

La otra olimpiada de la familia cubana

Escrito por  Vladia Rubio, especial para Cubasí
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Hay otra olimpiada, por los altos retos que entraña, rondando los hogares; y esa, se extenderá en el tiempo. Se trata del impacto que tendrá puertas adentro de cada casa la actualización del modelo cubano.


Fotos Vladia Rubio

Por estos días, fueron pocos los hogares donde los juegos olímpicos no tuvieron un espacio. Muchos de quienes están de vacaciones se “prendieron” al televisor desde que iniciara la programación deportiva, y aquellos que siguen en sus puestos de trabajo, hicieron un tiempo para informarse de cómo iban las competencias, para, al llegar a casa, contemplar las retransmisiones. Y probablemente podrán contarse con los dedos quienes no disfrutaran de nuestro lugar 16 en el medallero, que nos ubica a la cabeza de Latinoamérica.

Pero hay otra olimpiada, por los altos retos que entraña, rondando los hogares; y esa, se extenderá en el tiempo. Se trata del impacto que tendrá puertas adentro de cada casa la actualización del modelo económico y social cubano.

Los nuevos vientos soplan sobre familias heterogéneas, en unas, persisten esquemas tradicionales que sobrecargan a la mujer; en otras, las cosas van cambiando

Desde su hogar en el reparto Poey, del capitalino municipio Arroyo Naranjo, Yamilé Araújo no puede contestar cómo serán las cosas, al menos desde una perspectiva apegada a las ciencias sociales, pero su cotidiano de vida podría ser reflejo de lo que acontece más allá de la fachada.

 Con 52 años, Yamilé pasó a ser un número más dentro de lo que se ha dado en llamar Trabajadores Disponibles, aquellos de cuyos servicios decidió prescindir el centro de trabajo como resultado de la racionalización de plantillas. Técnico Medio en elaboración de alimentos, divorciada, con un hijo estudiando como obrero calificado y con una madre anciana e impedida, Yamilé no podía quedarse de brazos cruzados. Decidió acogerse a la opción del trabajo por cuenta propia y vender almuerzos a los que trabajaban tras los mostradores de un mercado agropecuario.

No son pocos los hombres cubanos que van ajustando los relojes de sus vidas, y también de los de sus lavadoras.

No le fue fácil abrirse paso en ese mundo, hasta entonces desconocido para ella.  Agobiada por las tantas atenciones demandadas por su madre, y por una perpetua jornada laboral que se fundía con los quehaceres de la casa, estrenó contestas y otras conductas violentas, que laceraron sus hasta entonces siempre amorosas relaciones con el hijo adolescente.

Las ciencias al habla

La situación a que hoy se enfrenta Yamilé no es para nada singular y tampoco de las más críticas. La doctora Mayda Álvarez, directora del Centro de Estudios de la Mujer, explicó ante los diputados de la Comisión parlamentaria de Atención a la Juventud, la Niñez y la Igualdad de Derechos de la Mujer que los cambios sociales son más acelerados que las transformaciones en las formas de pensar. Por tanto, los actuales modelos de desarrollo impactan, no siempre para bien, a las heterogéneas familias cubanas, en torno a las cuales existen hoy muchos discursos diferentes e incluso a veces antagónicos.

De diversas investigaciones sobre el tema, en las que tomaron parte además del Centro de Estudios de la Mujer también el Centro de Estudios Demográficos, la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, el Ministerio de Educación, y otras instituciones,  la doctora Álvarez realizó un análisis integrador y elaboró un conjunto de valiosas conclusiones.

La vida familiar de Yamilé se inserta en un contexto que hoy está marcado por familias pequeñas (unas 3,2 personas por hogar), con predominio de las nucleares (mamá, papá e hijos) que hoy suman más de la mitad del total de hogares. A la vez, han aumentado aquellos donde ambos cónyuges trabajan y también crece el número de las parejas que conviven sin formalizar su vínculo así como la inestabilidad de esas uniones.

De modo paralelo, existe un marcado descenso de la fecundidad y prolifera el número de hijos nacidos fuera del matrimonio; solo un 22, 1 por ciento de las mujeres tienen descendencia estando casadas como estado civil. A tal panorama se agrega el crecimiento de hogares compuestos por una sola persona (son hoy el 13,9 por ciento del total de hogares,  lo integran sobre todo adultas mayores) y de un envejecimiento cada vez más preocupante de la población, al punto de que hoy el 15 por ciento de los pobladores es mayor de 60 años.

Habrá que continuar, en la medida que la economía nacional lo permita, creando facilidades para la familia como núcleo

Si en los años 70 el 18,3 por ciento de las familias tenía una jefatura femenina, en el 2002 esa cifra ya se elevaba a un 40,6, justo en el que se inscribe el hogar de Yamilé. Su casa, como el resto de los hogares cubanos, fue agitada por los vientos que han soplado a partir de la década de los 90 y que al decir de la doctora Álvarez, llevan como signos un deterioro de las condiciones de vida y del ingreso per cápita, el incremento de familias con condiciones socioeconómicas desfavorables, así como el proceso de reestratificación social y diferenciación familiar con marcadas diferencias territoriales incluso al interior de un mismo municipio.

Pero se mueve

A pesar de condiciones adversas, la familia cubana sigue alentando, y no dejan de escucharse tras las ventanas risas y música, a veces hasta demasiado alta. Tal peculiaridad radica en lo que la especialista menciona como factores resilientes, que no son sino los  atributos y habilidades para afrontar adecuadamente situaciones desfavorables, y que tradicionalmente acompañan a los habitantes de esta Isla y a los núcleos primarios en que se organizan: la familia.

Entre tales factores, la experta señala la cultura de resistencia a la adversidad, el sentido de solidaridad social, la inventiva y creatividad, así como una amplia red de intercambios sociales.

Mal se las hubiera arreglado Yamilé, la cubana protagonista de esta historia, de no haber contado con la vecina que le atendía a la mamá mientras ella iba al agromercado a llevar los almuerzos que preparaba como cuentapropista, mal si el bodeguero, “olvidando” lo establecido, no le hubiera adelantado alguna que otra vez la cuota de arroz de la libreta.

Ocurre que al decir de la investigadora “la red de lazos en muy compleja: psicológicamente, para cada persona hay una familia, y esa puede ser la vecina o la amiga. Esa red de relaciones incluye los nexos de afecto y parentesco, las personas relevantes para cada cual.”

No obstante tales fortalezas y las conquistas sociales que nos distinguen como país, paliando los impactos que sobre los hogares tienen la crisis mundial y la actual realidad económica interna, quedan cuestiones por apuntalar.

Valdría la pena meditar sobre las modalidades del trabajo por cuenta propia a que más se adscriben las mujeres, porque al dedicarse quehaceres que reproducen tareas hogareñas, significa “más de lo mismo”, opinan los expertos.

Ante la interrogante de si están preparados los hogares cubanos para crear una nueva realidad familiar, en consonancia con las transformaciones actuales y las que se avecinan, la especialista comentó que aun cuando aparecen cambios en las representaciones sociales de ser hombre y ser mujer, junto a las nuevas cualidades conviven estereotipos y prejuicios.

A la par que se dan procesos de socialización en algunas familias, en otras persistes códigos culturales sexistas, las responsabilidades hogareñas no siempre se comparten y hay poca implicación masculina en los procesos de salud sexual y reproductiva y también en las responsabilidades familiares. “No aprendemos en las escuelas a ser padres ni a hacer familia”, resume categórica.

Lo que viene

Investigadores y estudiosos de este tema coinciden en pronosticar que la actualización del modelo económico y social que acontece en esta latitud acarreará a partir de la restricción del empleo estatal tensiones en el empleo femenino, y, por lo tanto, podría afectar la autonomía económica de un grupo de mujeres y los ingresos que ellas aportan a la economía familiar.

En general,  el aumento de personas disponibles impactará a un número de hogares y con ello, se espera un sustantivo incremento de la actividad económico-productiva de un grupo de familias que adquirirá las formas más diversas traduciéndose en cosecha, producción y elaboración de alimentos, prestación de servicios y otras, lo que representa una oportunidad de empleo para las mujeres.

El envejecimiento poblacional repercute también en la composición y dinámica de las familias

No obstante, se aprecia una menor presencia de las mujeres en el sector no estatal y particularmente en el sector cooperativo de la  Agricultura.

Si las mujeres trabajadoras por cuenta propia lo hacen fundamentalmente en actividades como peluquería, manicure y elaboración de alimentos, este tipo de trabajo representaría para ellas una extensión de su labor doméstica para el mercado y de tipos de ocupación tradicionales, aunque en este caso estas actividades sean remuneradas. Por tanto, para Ellas sería “más de lo mismo”, indican los expertos.
Continuará para las mujeres, aseguran, la carga desproporcionada de trabajo al tener que compartir el asalariado con el doméstico no remunerado. Y a tal realidad se agrega un incremento de las tareas de cuidado a personas dependientes en las familias debido al envejecimiento poblacional.

Por tanto, seguirán siendo significativas las diferencias en el uso del tiempo que hacen hombres y mujeres y a tales pronósticos se suma un posible aumento de manifestaciones de violencia de género e intrafamiliar en algunos hogares.
No son anuncios para batir palmas de alegría, pero justamente los pronósticos que emanan de análisis rigurosos y de la mano de las ciencias, son los que permiten prever y paliar impactos.

En consecuencia, la exposición de la doctora Mayda Álvarez ante la Comisión  parlamentaria de Atención a la Juventud, la Niñez y la Igualdad de Derechos de la Mujer incluyó también un conjunto de consideraciones que podrían ser tomadas como sugerencias. Entre ellas se incluye el llamado a hacer visible  y  valorar el trabajo doméstico de las mujeres, analizar diferentes alternativas para el cuidado de niños y adultos mayores considerando la corresponsabilidad Estado-Comunidad- Sector privado- Familia y  el dar seguimiento a los impactos sobre las mujeres que pueden derivarse de las transformaciones económicas actuales.

Al mismo tiempo se recomienda potenciar una ayuda integral e interdisciplinaria a la familia dada su realidad compleja, generar políticas no solo asistencialistas sino con mirada de familia en el plano económico, educativo, social y jurídico, potenciar redes de apoyo familiar así como servicios de apoyo a ese  núcleo esencial.

Ello, junto al respeto a la diversidad familiar que bien puede incluir formas emergentes como las uniones homosexuales y de otra índole, desplegando a propósito políticas diferenciadas.

Aunque transversalmente muchos eventos realizados en la Isla repercuten en beneficio de los hogares, todavía no ha tenido lugar en la Isla el gran congreso de la Familia cubana.

Mientras llega, para bien de Yamilé, allá en Poey, y también de las Yamilé de Buey Arriba o Cauto Cristo, de los Yordanis y los Luises y los Pedros y las Marías en general que alientan en esta latitud caribeña, sería muy útil atender a las sugerencias formuladas por los especialistas en el tema de la familia, porque ahora mismo, en la intimidad de los hogares, también se está forjando el  presente y futuro de esta Isla. Y esa es también una olimpiada en la que no podemos permitirnos una mala posición en el medallero.

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El no contar con los elementos e información adecuados para pensar y vivir el amor, la sexualidad y la pareja, hace que muchas personas vivan esta esfera de la vida con miedos.

En cualquier calle de La Habana, y por toda Cuba, se pueden ver familias enteras incorporadas al trabajo por cuenta propia.

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