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Lunes, 13 Agosto 2012 10:45

Siria: Imperio irritado

Escrito por  Arnaldo Musa
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Particularmente indigna es la campaña mediática de mentiras en torno a esta agresión emprendida por Estados Unidos y sus principales cómplices en la Organización del Tratado del Atlántico Norte



Sí, irrita al Imperio que año y medio después de iniciada la agresión interna y externa contra la República Árabe de Siria no solo que su gobierno resista la ofensiva armada terrorista y la abundante y aturdidora campaña mediática para justificarla, sino que también haya podido conservar la unidad de las fuerzas armadas y el apoyo de gran parte de la población, lo cual ha contribuido al actual retroceso de mercenarios dedicados a atentados indiscriminados y torturas de familias enteras, que incluyen el desmembramiento de cuerpos.                                                     

Particularmente indigna es la campaña mediática de mentiras en torno a esta agresión emprendida por Estados Unidos y sus principales cómplices en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, a la cual se han sumado colegas de algún renombre que se dicen objetivos e independientes, pero que, en realidad, se han prestados solapadamente a la campaña antisiria, al estilo de cómo ya lo habían hecho en relación a Libia.

Así, justificaron indirectamente el derribo y el asesinato de Muammar el Ghadaffi, como ahora esperan que se haga contra Bashar el Assad, y al igual en el futuro contra tal vez su próximo objetivo, Irán.

Ello me recuerda aquellas exclamaciones de años infantiles cuando se decía “guanísimo” (buenísimo que te haya pasado), cuando alguna persona recibía un golpe o castigo por hacer una maldad.

 Pero nada de infantil tiene una operación urdida desde hace mucho y que ya ha cobrado la vida de miles de personas a manos de invasores que llegaron desde Turquía y el Líbano, aprovechando Washington el papel de gendarme otorgado a Ankara y la complicidad de fuerzas derechistas libanesas.
 
 Incontables son los asesinatos en poblados escogidos también por la oposición armada interna para culpar al ejército de la violencia, sin contar el fuerte trabajo de inteligencia, presumiblemente del Mossad israelí, del M-16 británico y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, que costó la vida a los seis mejores pilotos de la aviación siria y las principales figuras del Ministerio de Defensa y del Interior en sus propias sedes de Damasco.

 A ello se suma el fundamentalismo del terrorismo ciego y anárquico de Al Qaeda, utilizado y perseguido aparentemente por EE.UU.; y de otras entidades, cuyos integrantes, pero no sus jefes, ignoran que están haciendo el trabajo sucio del Imperio.
   
 Así, hicieron fracasar dos veces los planes de la comisión de las Naciones Unidas, dirigidas por el ex secretario general Kofi Annan, que solo funcionó con la aceptación gubernamental de convocar y celebrar elecciones parlamentarias; eliminar medidas políticas y económicas que afectaban a la población, convocar al diálogo pacífico y la retirada en una ocasión de las tropas de las ciudades, cuestión aprovechada por la oposición para ocupar nuevas posiciones, fortalecer su logística y reprimir a los partidarios del gobierno. 

 No porque se haya escrito mucho hay que dejar de mencionar que el abundante dinero de Arabia Saudita y Qatar han pagado las armas compradas a Estados Unidos y otras potencias occidentales para ponerlas en mano de los enemigos del pueblo sirio, sin contar el respaldo a entidades de opositores que desde el exilio pretenden erigirse en los futuros gobernantes del hoy asediado y sistemáticamente destruido país.
              
Confieso que quedé apesadumbrado por los recientes sabotajes terroristas que costaron la vida a importantes figuras sirias. Pero la decisión y la actitud combativa del gobierno y del ejército, quizás el más fuerte militarmente del mundo árabe; unido al continuado apoyo de Rusia y China en el Consejo de Seguridad, así como de las naciones del ALBA en la  ONU, hacen ver que no todo está perdido y el pueblo sirio puede salir airoso en la peligrosa confrontación.

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