miércoles, 11 diciembre 2019, 07:47
Viernes, 24 Mayo 2019 04:30

Radio TV Martí y la «nueva» estrategia de subversión contra Cuba

Escrito por  M. H. Lagarde
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Radio y TV Martí son financiados por el gobierno de Estados Unidos, y cada año el Congreso les dedica una partida superior a los $29 millones. Radio y TV Martí son financiados por el gobierno de Estados Unidos, y cada año el Congreso les dedica una partida superior a los $29 millones.

Cualquier semejanza de la «nueva» estrategia con la política editorial que practican algunas páginas, presuntamente independientes, que hoy abundan en internet, no es para nada pura coincidencia.



La Agencia de Estados Unidos para Medios Globales (USAGM), que supervisa la difusión internacional de información financiada por los contribuyentes, acaba de dar a conocer los resultados de una auditoría a la Oficina de Transmisiones hacia Cuba (OCB) —léase Radio TV Martí.

La auditoría —realizada en febrero como respuesta a un programa del año pasado, que presuntamente contenía comentarios antisemitas sobre el filántropo multimillonario George Soros, y que conllevó a tomar medidas disciplinarias contra nueve periodistas— confirma lo que todo el mundo sabe desde hace tiempo: «las transmisiones de Estados Unidos hacia Cuba están llenas de mal periodismo y propaganda ineficaz», una elegante manera de llamar a la mentira y la manipulación.

De acuerdo con un reporte de la Voz de las Américas (VOA), las conclusiones del examen se basaron en un estudio realizado por cinco expertos en comunicación, quienes determinaron que «el periodismo en OCB (radio, televisión y un sitio online) es parcial, no proporciona contexto y se cruza en la defensa estridente de las causas disidentes cubanas de línea dura».

«No es solo defensa; es realmente como una propaganda de tipo antiguo, de martilleo constante», dijo el presidente del panel, Edward Schumacher-Matos, profesor de la Escuela de Derecho y Diplomacia de Fletcher, en la Universidad de Tufts.

Los auditores apreciaron que mientras «casi cualquier crítica» al Gobierno cubano está permitida en los programas de Radio y TV Martí, «hay poco o ningún intento de obtener una respuesta o proporcionar una información equilibrada» y que, por lo tanto: «Las normas de objetividad bien establecidas se ignoran rutinariamente en favor de las tácticas de comunicación propagandística».

Por tal motivo, según los investigadores, es poco probable que de ese modo se «logren promover la libertad y la democracia, dada la demografía, la cultura y las circunstancias de Cuba en la actualidad». 

Pero como ya dijimos, hasta aquí, nada que no se supiera. El artículo, publicado en el sitio de internet de la VOA, recuerda también parte de la conflictiva historia de la mal llamada Radio TV Martí, con sede en Miami.

No es primera vez que esa emisora ha sido objeto de críticas por sus malas prácticas profesionales.

Ya en 1999, el inspector general del Departamento de Estado había señalado que las estaciones tenían «problemas con el equilibrio, la imparcialidad y la objetividad», y una investigación del Senado de los Estados Unidos en 2010 concluyó que tenía «un apoyo insignificante de parte del pueblo cubano».

Por entonces, la hasta ahora inútil Oficina de Transmisiones hacia Cuba ya le había costado 700 millones a los contribuyentes, lo que llevó a decir al senador demócrata Russ Feingold, en una carta dirigida a Obama, que lo que se debía hacer en ese caso era dejar de financiar ese medio.

«Cuando estamos con un déficit fiscal astronómico (…), necesitamos eliminar todo gasto ineficiente y superfluo. Este programa es una reliquia de la Guerra Fría, no cumple con reglas periodísticas y es un ejemplo notable de desperdicio gubernamental», sostuvo Feingold.

La nueva auditoría, sin embargo, a pesar de arribar a similar evaluación profesional, confía en la sobrevivencia de la Oficina de Transmisión Cubana (OCB), si la mencionada emisora realiza ciertas reformas en sus transmisiones.

Las recomendaciones, señaladas en el informe Embarking on Reform of the Office of Cuba Broadcasting, de la Agencia de Estados Unidos para Medios Globales (USAGM), proponen lograr un nuevo enfoque editorial y un claro formato de producción, para llegar a los cubanos de la Isla de una manera más neutral.

Para ello, aseguran los panelistas, en vez de utilizar una forma abierta de oposición y hostilidad hacia la totalidad de la Revolución Cubana en todos sus aspectos sociales, políticos, culturales y económicos, es necesario tener en cuenta esa regla primordial de los mensajes políticos exitosos y del marketing moderno que reza que, para influir en las personas, por lo general, lo primero que debe establecerse es la empatía.

«Debes demostrar que entiendes su situación, que simpatizas con ellos, que aprecias tanto lo bueno como lo malo de sus vidas y los problemas que enfrentan».

De ese modo, una vez que los cubanos estén cautivados con temas controvertidos, en formatos neutros de televisión y radio, podrán absorber las noticias de manera respetuosa —aseguran los auditores.

Como en la Isla el 40% de la población nació después de la caída de la Unión Soviética, los «programas de entrevistas unilaterales con anfitriones combativos» que centran su contenido en las quejas de la época de la Guerra Fría, deberían ser sustituidos por temas más actuales.

«En Cuba, hay muchas cosas interesantes que mostrar, y muchas formas de alcanzar a los jóvenes con material actual, sin hablar del régimen y los acontecimientos de hace años. Las noticias podrían centrarse en sucesos y tendencias actuales, para enriquecer tanto el mensaje como el contenido».

De igual forma, los auditores de la (USAGM) recomiendan que los programas de debate, en los que participan expertos, deben mantener una crítica imparcial, lo cual permitiría la introducción de puntos de vistas divergentes, más frescos y actuales, capaces de cautivar e influir a un público mayor.

Según aclara el informe Embarking on Reform of the Office of Cuba Broadcasting: «No hay nada nuevo o revolucionario en estas recomendaciones. Son el enfoque utilizado por el Voice of América y los otros servicios de la Agencia de los Estados Unidos para los Medios Globales. Es el enfoque que funcionó para derribar el telón de acero de la Unión Soviética y moderar a China en los días de Mao. Es el mismo enfoque que se utiliza para moderar a los musulmanes extremistas en el Medio Oriente y África».

La propuesta sugiere que las faltas y deficiencias del régimen cubano, y las dificultades de la vida en la isla no deben dejar de dominar las noticias, pero para ello no es necesario excluir todos los demás temas, tal como sucede actualmente donde prevalece una discusión constante y monótona sobre Cuba.

Tratar los asuntos cubanos, al estilo de barricada de la guerra fría como en las viejas estaciones de radio de Miami, no logrará llevar a su fin la misión de OCB y, a juicio de los autores del informe, se debe realizar un esfuerzo, lo que: «requerirá una reducción sustancial del tiempo y el espacio dedicado a los asuntos cubanos y un cambio categórico en la forma en que Cuba es tratada».

Las recomendaciones incluyen, además, desarrollar categorías nuevas de contenido, en múltiples y nuevos formatos, que atraigan a la población actual de Cuba, especialmente a los jóvenes.

La «implacable defensa anticubana» debería buscar como alternativa otros «tipos de cobertura de noticias e incluso un periodismo de promoción que podría ser más eficaz, por ejemplo, contar historias positivas sobre usted o sobre Estados Unidos».

"Estas herramientas entonces permitirían a la OCB elaborar una estrategia que intencional y metódicamente busque «promover la libertad y la democracia brindando al pueblo de Cuba una programación objetiva de noticias e información».

Cualquier semejanza de la «nueva» estrategia diseñada para Radio TV Martí con la política editorial que practican algunas páginas, presuntamente independientes, que hoy abundan en internet, no es para nada pura coincidencia.

Nadie se extrañe si mañana, la emisora, cuyo nombre desde hace 34 años mancilla la memoria del apóstol de la independencia cubana, se vende, de acuerdo a los principios del viejo marketing de la mentira, como un medio de comunicación «revolucionario y a favor del Socialismo».

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