miércoles, 16 octubre 2019, 12:42
Jueves, 23 Mayo 2019 06:54

Leo Brouwer en Turquía, la lección de un maestro

Escrito por  Antonio Cuesta Marín/PL
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La genialidad de un compositor como Leo Brouwer no está únicamente en sus obras, también en la cercanía y sinceridad con el público, como ocurrió en Estambul.

Prensa Latina habló con él al término de un seminario sobre creación musical.

Como introducción a su exposición y diálogo los organizadores del VI Festival Internacional de Guitarra de Estambul proyectaron el documental 'La cantata de Perugia', sobre el Concierto nº 8 que Brouwer compuso en 1999 para coro, guitarra y orquesta, como una forma de acercar a los asistentes al seminario la complejidad y originalidad de las composiciones del maestro cubano.

Su amplia producción artística no se ha detenido a pesar de sus 80 años y sus conceptos han ido transformándose hacia formas más innovadoras, 'lo que yo hago es componer, incluso, sin temas, porque no me interesa ya lo que llaman la melodía', explicó.

'La melodía tuvo su auge en el siglo XIX como nunca en la historia de la música', señaló, 'pero desde el medioevo tenemos un concepto de la melodía, del canto gregoriano, y a su vez es el punto de partida de las grandes sinfonías, de los más grandes compositores, entre otros, (Dimitri) Shostakovich, el británico Benjamin Britten y algunos monstruos como el húngaro Bela Bartok'.

¿Hacia dónde va la música entonces? es una pregunta que quedó en el aire. 'La vida cambia muy deprisa y no se pueden hacer predicciones', trató de responder, pero a su modo de ver 'el verdadero sentido de la cultura se ha perdido con la mercantilización del ocio y la banal programación de los grandes canales de televisión'.

Otro de los interrogantes planteados, y no suficientemente dilucidado, hacía referencia a su capacidad de síntesis de todo tipo de estilos e influencias, y lo que ello podría suponer a la hora de etiquetar su obra, 'la música como yo la siento es una suma de conocimientos que yo he ido acumulando a lo largo de mi vida', confesó.

Su aclaración resultó impactante, 'cuando era joven decidí conocer al menos, si podía llegar, hasta mil obras importantes, desde el medioevo tardío hasta el siglo XX, y así lo hice. Con 16 años ya conocía unas 200 grandes obras de todos los periodos, y seguí estudiando y sigo estudiando', añadió.

Pero no menos sorprende es el significado que para Brouwer tiene ese estudio, 'profundizar en la escritura, comparar esa escritura con la historia, relacionarla con las raíces del compositor en sí, sacar lo universal que él tiene y lo común con otros colegas, si es que lo tiene', enumeró de manera directa, pues en su opinión 'ese es el análisis más profundo que se puede hacer en una obra'.

Si este conocimiento de 'tantos grandes y maravillosos compositores, es infinito', en palabras del músico, también sus composiciones pueden llegar a ser inabarcables pues no solo es uno de los músicos más destacados e influyentes del siglo XX, sino también uno de los más prolíficos en el ámbito de la música sinfónica.

Brouwer también se refirió a la dicotomía entre la música popular, que 'refleja las calidades vivas de un folclor que perdura y se transforma, para bien o para mal, pero se transforma siempre.', y la música culta, o de concierto, que 'tiene una sofisticación distinta, no son para bailar, no son para chiflar, no son para enamorar, son para escuchar, analizar y sentir al mismo tiempo'.

'Porque ese análisis sin la sensibilidad pendiente y estimulada por el sonido no existe, es un análisis falso', aclaró.

En un intento de síntesis tratando de explicar qué caracteriza a su música, el compositor detalló que 'no es temática, para eso está la música popular', pero toma de la música cubana lo que él denomina 'células pequeñas, que son las más significativas', una cuarteta de música yoruba, por ejemplo, o unos toques de guaguancó, que no se escuchan como algo aislado, sino dentro del contexto de la obra.

El problema de la etiqueta 'cubano' es que se relaciona 'con una tesis turística que existe de Cuba: un automóvil viejo de los años 50 reconstruido, una mulata bella, dos ancianos de 90 años fumando tabaco sin camisa, ese es el esquema', tal y como puede observarse en los carteles turísticos de cualquier parte del mundo.

Lo cual deja a Brouwer en una situación incómoda, 'si yo no escribo esas síncopas bailables en las discotecas, para el vulgo no soy cubano y para la intelectualidad esa es la cultura popular, lo cual es cierto', pero también lo es el hecho de que 'toda cultura popular es funcional, no es intelectual, sirve para una función concreta', sentenció.

Frente a estas etiquetas el compositor contrapuso 'la música sinfónica, la música contemporánea sobre todo, que se lleva de camino todos estos clichés, porque no nos interesan las melodías, no nos interesan los ritmos agradables', finalizando de ese modo la conversación.

Afuera le esperaban un buen número de admiradores y una sesión de fotos programada con antelación, con la que los organizadores del festival querían documentar el reconocimiento y respeto por uno de los guitarristas y compositores más creativo y destacado de las últimas décadas.

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