viernes, 19 julio 2019, 06:49
Viernes, 10 Mayo 2019 06:12

ARCHIVOS PARLANCHINES: Chofer… ¡me quedo!

Escrito por  Orlando Carrió / Especial para CubaSí
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¿Será que algún día los autobuses van a dejar de ser esos «monstruos rodantes» de que hablaba el cómico para empezar a competir con los trencitos de la felicidad? Al menos hay esperanzas…

En los años 80 y 90 un conocido humorista preparó un monólogo sobre nuestras guaguas, a las que denominó «monstruos rodantes». Nunca me gustó. Los ómnibus urbanos no deben ser motivo de bromas, hechos jocosos y divertimentos. En realidad, pasan de manera irregular, vienen llenos, no son limpios, emiten ruidos y, en general, están lejos aún de ser un medio de transporte cómodo y eficaz, a pesar de las frecuentes inversiones que ha hecho el Estado en ese sector en los últimos lustros. De todas formas, nadie puede negar que nos llevan para el trabajo, la escuela y el hospital, bien de mañana, y en la tarde nos retornan a nuestros hogares a costa de lo que sea y nos salvan de los careros almendrones.

Las guaguas nunca han dejado de ser un manjar para los autores de costumbres, quienes siguen descubriendo tipos populares casi a diario en los autobuses, sobre todo en aquellos donde los molotes y las peleas están garantizados.

En principio, hay que hablar de los llamados «velocistas», los que, al sospechar las intenciones del cuatro-ruedas de detenerse fuera de la parada, empiezan una carrera desenfrenada que termina domando a la fiera. Una vez adentro, estos corredores de distancias cortas se abren paso por el pasillo con codazos y empujones, listos para acercarse a la puerta, bajarse y seguir rompiendo récords, porque casi siempre hacen trasbordos.

Y a propósito, alrededor de las puertas nace una segunda figura: los «porteros», quienes se atrincheran allí con los dientes apretados. No vale que los pisen, los empujen, les halen las camisas y les pasen literalmente por encima; ellos, de forma estoica, resisten todos los ataques con tal de ser los primeros en poder descender tras emitir un alarido o un silbido cabalístico. No obstante, conozco a algunos muchachos que se detienen allí por pura gimnasia: les encanta subir y bajar del autobús en las paradas más bullangueras y ser los verdaderos protagonistas del show.

En la parte de atrás de las guaguas, a cualquier hora del día, podemos conocer a los «locuaces» que, acompañados por sus amigos, van revelando, a plena voz, las intimidades de sus hogares con tremenda lengua suelta. Y si son damas, peor: «Mi hijo tiene una novia que a mí no me acaba de gustar…», «figúrate, mi marido ya no trabaja…», «no, mi amiga, ya no me vuelvo a casar; hombres sí, pero no en la casa». No les importa que los transeúntes más comedidos se pongan rojos de pena ante tamaña verborrea, lo de ellos es honrar el gentilicio: ¡los cubanos hablan gritando, manotean, y dicen cosas fuera de lugar con más frecuencia de la debida!

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En las guaguas podemos conocer a muchos personajes simpáticos…


Bueno, ¿y qué me dicen de los «melómanos»? Estos, casi siempre jóvenes, invaden los ómnibus los sábados en la noche con bocinas portátiles capaces de romperles el tímpano a los más orejudos… ¡Y qué música! Van del rock duro al reguetón y acompañan los compases musicales con gritos, palabrotas, salticos y traguitos del ron más barato. ¡Los ciudadanos más pacíficos les tienen pánico!

En materia de circulación, hay en los autobuses dos figuras bien conocidas: los «despiertos», que desde mucho tiempo antes empiezan a pedir permiso para acercarse a los accesos de salida, y los «dormidos», que abren los ojos cuando ya están en su lugar de bajada y empiezan a dar gritos estertóreos y a empujar a malanga para huir de la «prisión». Próximos a estos, están los «hombres piedras», quienes contraen sus anatomías y ponen caras de leones cuando alguien trata de pasar por detrás de ellos o se aproxima más de lo necesario.

Un periodista escribió no hace mucho que sobre las guaguas se ha hecho ya un retrato para la posteridad: el encontronazo, la apretadera, el calor, el sudor, el grajo, la claustrofobia, la tembladera sobre el asfalto por los baches, los choferes mal educados, la música más escandalosa y arrabalera, el olvido de las fórmulas de la más elemental cortesía.

Sin embargo, aún veo a personas entregarles sus asientos a los viejos, embarazadas, mujeres con niños e impedidos físicos, y también veo a ciudadanos que no tienen miedo de pronunciar palabras o frases poco usuales en nuestra sociedad como «permiso», «gracias», «un saludo», «¡buen día!». ¿Será que algún día los autobuses van a dejar de ser esos «monstruos rodantes» de que hablaba el cómico para empezar a competir con los trencitos de la felicidad? Al menos, hay esperanzas…

Visto 977 veces Modificado por última vez en Lunes, 08 Julio 2019 16:02

En 1928, míster Terry asiste a una audición en el Teatro Aguilera y le da el visto bueno a una agrupación que canta a pelo, sin micrófonos, y pronto abandona el nombre de Trío Oriental para adoptar el de Trío Matamoros.

A Don Manuel se le mete en la cabeza la idea de alcanzar el Salón de las Nieves, punto extremo oriental de la cueva, un proyecto que incluye un gimnástico trayecto a rastras por la angosta Galería Escondida…

Comentarios  

 
#6 pedroorlando 13-05-2019 10:31
Es una pena que al periodista Orlando Carnó no le gustara el monólogo del maestro Carlos Ruíz de la Tejera y haya espeerado hasta ahora para expresar su desacuerdo con esa obra que fue muy bien recibida por la población en general. Quizás es que el periodista no acostumbra a utilizar los ómnibus urbanos, que al igual que el resto de nuestros medios de transporte, resultan uno de los principales y más graves problemas de nuestro país comparable con las serias deficiencias que se producen en la agricultura. Que decir del servicio ferroviario, de los omnibus interprovincial es y no hablar de los viajes en vuelos nacionales de cubana de aviación.....De sde que triunfo la Revoloución hace 60 años se han invertido millones de recursos en el sistema de transporte de Cuba tanto en los antiguos países socialistas como en el área capitalista y aún no hacemos diana. El MITRANS ha cambiado de estrategias cada vez que se cambia al titular del organismo. En la década de los 80 hasta se habló del Metro de La Habana, Es una pena que hayan quitado los tranvias en el gobierno de Carlos Prio por negocios privados de ese gobernante bastante corrpunto por cierto para implantar los autobuses modenos. Claro que ahora ya no es factible hablar de reponer los tranvias y mucho menos pensar en el Metro porque ambos serían excesivamente costosos para nuestra débil economía y trendemos que continuar con los omnibus que tienen un alto comsumo de combustible. Lo que hay que hacer es ganar en eficiencia, en disciploina, responsabilidad , en control interno desde el MITRANS, hasta la terminales , pasando por las Direcciones de Transporte provinciales. Que cada cual responsa de verdad por lo que hace, por lo que le pagan.
 
 
#5 Daniel 12-05-2019 05:02
Bueno qué decir. Odio todo el amor y cariño que se recibe en las wuawuas. Particularmente soy de los que deciden caminar disfrutando del sol y el sudor. Siempre que puedo evitar ese medio de trasporte, mejor. Debo decir que no me molestan las wuawuas, lo que me molesta es la supervivencia.
 
 
#4 maria 11-05-2019 08:34
Y que me dicen de los asientos de los ómnibis (83, 87, A-12, 174) muchos están rotos, será que le caen a mandarriazos?
 
 
#3 carlosvaradero 10-05-2019 14:04
El monólogo del gran Carlos Ruiz de la Tejera "Guagua" allá por los 80 provocó no sólo risa entre sus admiradores, también nos hizo pensar acerca del "monstruo rodante", el mismo que se ha convertido en el rey de las calles habaneras.
Se puede escribir una enciclopedia acerca de las guaguas y los camellos en la urbe capitalina, uf!!... cuantas historias cotidianas, cuantas cosas nos enteramos en las guaguas y en los camellos porque el cubano no tiene el atino de ser discreto.
Sin dudas lo que más me molesta (al menos hoy por hoy), son esos energúmenos que se montan en la guagua con las bocinas andantes obligando a todos (incluido el chofer que no hace nada) a escuchar a todo volumen (como si estuvieran difundiendo una obra de arte) toda esa música chatarra cuyos textos sólo entienden ellos "dime que escuchas y te diré como eres".
Espero que algún día este país recupere el raciocinio y el sentido común y esas cosas no se permitan al menos en esos monstruos rodantes.
 
 
#2 carmen 10-05-2019 12:12
Esto no tiene nada que ver con el artículo pero es la única forma que encontré para agradecerle al Equipo de Cuba Sí por el bello detalle de la postal de felicitación por el Día de las Madres, a todas las mamás del colectivo les deseo un día muy feliz, lleno de ternura y sorpresas al lado de sus seres queridos. FELICIDADES.
 
 
#1 manuel 10-05-2019 07:10
con respecto al transporte. les digo que Esperanza es una calle que queda en Parraga. Aunque esta es lo ultimo que se pierde. Lo que mas molesta es las indisciplinas y falta de valores que cada ves va mas en aumento. esto agrava mas el diario del Cubano en un ómnibus. se debería de realizar campañas con respecto al comportamiento en nuestro país. y dejarse de tanta bobería. en otras cosas. que no son tan importantes. todo lo que describe aquí el periodista. todo eso se va transmitiendo de generación en generación. recordar que la educación comienza en la casa y de esta actualmente. no hay o no hay ninguna. EJ. si soy por primera ves padre. y cuando era niño me trasmitieron mis padres. me decían. ve a botar la javita de basura. Yo iba y donde la botaba. en la esquina. donde quiera un basurero. Las calles llenas de salideros. oyendo a los mayores quejarse de problemas y falta de humanidad. colas por todos los lados, oyendo malas palabras constantemente. para montar un ómnibus es la ley del mas fuerte. la música alta en mi casa. sin importar los vecinos. los mayores hablando de todo lo malo y regular delante de los niños. etc. etc.. ese niño que ahora es padre. que le puede transmitir a su hijo. todo esto es parte del cubaneo. y seguimos en el túnel sin ver la luz al final de este. es decir que la esperanza esta por ver. bueno si tiene ojos.
 

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