sábado, 15 diciembre 2018, 00:20
Lunes, 06 Agosto 2012 07:37

Cuba no vive de su cultura, sino que vive en ella

Escrito por  Servicio Especial de la AIN
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Más allá de las playas y el sol de esta isla del Caribe, Cuba posee la posibilidad de brindar a su pueblo y al visitante extranjero un producto cultural de alta calidad estética y genuinamente autóctono.

 

  Más allá de las playas y el sol de esta isla del Caribe, Cuba posee la posibilidad de brindar a su pueblo y al visitante extranjero un producto cultural de alta calidad estética y genuinamente autóctono.


   La cultura antillana es el resultado de una intensa fusión de los más insólitos patrimonios. Sus diversos componentes se han integrado sin disolverse, dando lugar a la increíble riqueza evidente en todas sus manifestaciones.


   Exhibe hoy la plástica uno de sus mejores momentos. Los escritores del país conquistan espacios y consolidan posiciones que hasta hace poco resultaban insospechadas. En la música se presenta todo un auge que abarca desde los escenarios más prestigiosos hasta el horizonte cotidiano.


   El son, la habanera, el bolero, el cha cha cha, el feeling, el mambo, la salsa y la timba, siguen ejerciendo influencia en el universo, por lo que su disfrute en su ambiente original se convierte en atractivo inigualable para quienes escogen este destino para sus vacaciones. Los creadores locales hacen mover los pies a sus coterráneos y a foráneos dentro y fuera de fronteras.


   Últimamente también han sido habituales las giras de las principales agrupaciones musicales del patio por ciudades de EE.UU., ya sean Miami, Los Ángeles ó Nueva York, donde no solo los Latinos acuden a degustar en vivo de lo mucho y bueno ofrecido en tan competitivo mercado.


   El teatro, la danza, el ballet, el cine, la artesanía, la arquitectura, el patrimonio y la gastronomía, expresada en hábitos culinarios muy típicos, conforman un interesante capítulo que fascina e invita a volver a estos dominios.


   En Cuba la cultura está viva y Cuba vive en su cultura, impresionando a quien se acerque a cualquiera de sus múltiples aristas. Como piezas de un enorme mosaico, los diferentes afluentes de la cultura nacional se unen para dar por resultado una composición única y de extraordinaria relevancia.


   Su gente alegre, acompañada por una musicalidad intrínseca, se desenvuelve muy arraigada a sus tradiciones y costumbres.


   Para palpar esa parte del devenir del isleño común, no hay nada mejor que ir al encuentro de sus monumentos, galerías, anfiteatros, salas teatrales y museos a lo largo y ancho de la Isla, dedicadas esas últimas instituciones a los más variados temas como la historia, la Revolución, la música, las ciencias naturales, el arte colonial y decorativo, las armas, los automóviles, la religión, el tabaco, el ron y el azúcar, entre otros.


   La imagen que se proyecta de la Antilla Mayor hacia el exterior ha motivado reflexiones y la búsqueda de respuestas a la disyuntiva de hacer una cultura para el turismo ó insertar --lógicamente lo más atinado-- a los visitantes en la valiosa y diversa vida cotidiana y artística del país.


   En este “Verano por más” en los calurosos meses del 2012, los cubanos, anfitriones, y sus huéspedes de las disímiles latitudes tienen para escoger: días de sol en los balnearios citadinos y del interior, amplia programación cultural  y el seguimiento a cada minuto de las incidencias de los Juegos Olímpicos de Londres, donde Cuba encabeza a Latinoamérica.


   Cuba no vive de su cultura, sino que vive en ella, y con tal fortaleza cuenta esta nación para seguir impulsado el turismo, fuente de empleo y de ingresos, vitales estos dentro de la actual batalla económica por perfeccionar el sistema social socialista autóctono.

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