lunes, 14 octubre 2019, 06:49
Lunes, 01 Abril 2019 05:00

Sin importar EE.UU., China une voluntades

Escrito por  Arnaldo Musa / Especial para CubaSí
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En Europa, consiguió la adhesión firme de Italia, y se hizo oír y sentir en Francia, donde no solo lo recibieron autoridades galas, sino también la canciller de Alemania, Merkel, y el presidente del Consejo Europeo, Junckel, quienes le pidieron reciprocidad comercial.



La suspicacia y desconfianza recibieron un fuerte revés durante la visita que efectuó a Europa el presidente de la República Popular China, Xi Jinping, quien se hizo escuchar y hasta logró adeptos para su proyecto de la nueva Ruta de la Seda, la cual, afirmó, tiene el potencial de transformar a su paso el pensamiento y la cultura no solo en el denominado Viejo Continente, sino también en Asia, África y América Latina y el Caribe, sin tener en cuenta ideologías y estilos de gobierno existentes.

Muchos pudieran pensar que el propósito de este ambicioso plan pudiera ser el convertir a China como una hiperpotencia, pero no tienen en cuenta que el logro del proyecto tiene que realizarse con la aquiescencia voluntaria –sin imposiciones- de los involucrados y la existencia de una paz durable que, aunque ahora parece lejana, no es imposible de conseguir.

En Europa, consiguió la adhesión firme de Italia, y se hizo oír y sentir en Francia, donde no solo lo recibieron autoridades galas, sino también la canciller de Alemania, Merkel, y el presidente del Consejo Europeo, Junckel, quienes le pidieron reciprocidad comercial.

En el curso de conversaciones sobre intercambios y la necesidad de inversiones europeas en China, una compañía estatal china firmó un convenio para adquirir 300 aviones Airbus por un valor de 28 000 millones de euros.

Es decir, un convenio limpio y que camina y habla de la probabilidad del proyecto que encabeza China y que constituiría la consecución de un plan de transporte que puede cambiar la economía mundial y no precisamente del ausente Estados Unidos, y más ahora con un presidente enemigo del multilateralismo y de las uniones que no estén bajo el control hegemónico del imperialismo norteamericano, como está demostrando en sus ataques a países más pequeños, pero con recursos naturales que le son precisos.

Realmente, China ha emprendido un proyecto global de transporte sin parangón en la historia. Lo que comenzó en el 2013 con un discurso de Xi sobre revitalizar la antigua Ruta de la Seda, se ha convertido en el mayor desafío de la economía mundial, una revolución total en las infraestructuras de tránsito de pasajeros, mercancías, hidrocarburos y alta tecnología, todo bajo la denominación Un cinturón-una ruta.

Unos 2 300 años atrás, avezados mercaderes a lomos de camellos instauraron una vía, a través de Asia Central y Oriente Próximo, con el fin de intercambiar los productos de los dos extremos del continente euroasiático. Esta senda de las caravanas, que solo recibió el nombre de Ruta de la Seda en el siglo XIX, cuando hacía ya tiempo que había caído en desuso, permitió el florecimiento del comercio, la cultura y el descubrimiento de avances como el hierro fundido y el tejido de seda de Oriente o el vidrio de Occidente.

A la ruta terrestre original, Beijing ha sumado una marítima con la que adentrarse por África y otra transoceánica con la que involucrar a Suramérica y conectar el Atlántico con el Pacífico a través de una línea ferroviaria. El conjunto de este titánico proyecto tiene el potencial de renovar el comercio, la industria, la innovación, el pensamiento y la cultura, al igual que sucedió con la Ruta de la Seda. Su puesta en marcha alterará el mapa económico mundial.

El presidente del Banco de China, Tian Guoli, destacó que solo las rutas terrestre y marítima afectan a 4 400 millones de personas y 65 países, lo que brinda grandes oportunidades para todos, incluida Europa. La UE, que es el principal socio comercial de Beijing, quiere coordinar esta estrategia con el Plan Juncker de reactivación económica y ha abierto las puertas a la inversión china.

Es decir, nada de convertir a China en una hiperpotencia, como apuntan incluso comentaristas de buena voluntad, sino lograr un comercio sostenido para todos, grandes y pequeños, en aras del bienestar general, pese a la suspicacia y la desconfianza aún existentes en países de la Unión Europea y las amenazas y asechanzas de Estados Unidos.

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