miércoles, 11 diciembre 2019, 16:35
Lunes, 01 Abril 2019 04:15

DE LA VIDA COTIDIANA: Calidad, ¡palabra divina!

Escrito por  Alina M. Lotti / CubaSí
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¿Es difícil que un centro estatal del sector del comercio y la gastronomía garantice la calidad integral del servicio, con buen trato, limpieza, y cumpliendo lo establecido?

En los últimos tiempos los medios de comunicación —con bastante frecuencia— reflejan la inauguración de entidades y centros para el disfrute del pueblo. Eso sucede en todas las provincias del país y también en La Habana, que se alista para cumplir en noviembre próximo su aniversario 500.

Una vez terminadas las obras, todo queda reluciente, nuevo, y a los actos de inauguración (donde casi siempre se corta una cinta, como es costumbre) asisten las autoridades del territorio.

Al principio todo marcha bien, de forma correcta. Si se trata de una heladería, las bolas se sirven con el tamaño adecuado; si es un restaurante, la comida llega a la mesa caliente; si es un bar, la bebida se prepara con los ingredientes necesarios.

Sin embargo, al paso de los días, todo empieza a deteriorarse. Los propios empleados no velan (ni exigen por su cuidado) el mobiliario, ni los bienes que el Estado ha puesto a disposición del centro para brindar un servicio de calidad.

Seguramente usted ha escuchado esta frase: «Inauguraron cierto lugar, hay que ir rápido porque ahora todo marcha bien, pero dentro de unos días…».

Desgraciadamente, tal afirmación es cierta. Da vergüenza asistir en un principio y, al cabo del tiempo, regresar y comprobar el descuido que impera en un sitio donde se han invertido cuantiosos recursos.

Eso es desde el punto de vista físico; ahora detengámonos en la calidad del servicio. Cambia la infraestructura del local (cualquiera que sea) y es probable que se entreguen nuevos medios. Por ejemplo, en el caso de un restaurante, pueden ser vasos, cubiertos, manteles. Sin embargo, ¿qué ocurre con quienes allí laboran? ¿Recibieron alguna superación o entrenamiento? ¿Se corresponde el actuar cotidiano con los recursos invertidos para mejorar la imagen del establecimiento?

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La capacitación y superación son importantes en los dos sectores: estatal y no estatal.


Sé que las anécdotas en estos casos abundan, que cada quien tiene la suya, mas hoy les traigo una reciente, ocurrida el domingo 24 de marzo (sobre las cinco de la tarde, para ser más precisos), nada más y nada menos que en El Cochinito, restaurante emblemático de la capital, ubicado en plena calle 23.

La persona que me narró la historia —por supuesto, molesta por lo acontecido— señaló que una y otra vez precisaba de la dependienta, quien, con el celular en la mano, le señalaba que se esperara, sin tener en cuenta que en ese momento lo más importante para ella debía ser el cliente. La fotografía que acompaña este trabajo fue captada en ese momento con un celular.

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El Cochinito, domingo 24 de marzo. Historia real.

Hoy en día esa conducta es frecuente, y es solo un aspecto que incide en la calidad del servicio, al margen de lo ofertado.  

La gente, el pueblo, los trabajadores, los que viven de un salario, desean salir un día y pasarla bien con la familia. No obstante, el paseo se convierte en un mar de lamentos, y da pie para comentarios de este tipo.

Hay quienes me han confesado que «en los restaurantes y cafeterías del Estado no compro ni una croqueta». Y por mucho que he tratado de persuadirlos, al final no encuentro una respuesta convincente para que entiendan que la culpa no es del Gobierno, sino de las administraciones que dirigen esas entidades.

Los administradores son los máximos responsables de la disciplina en los centros de trabajo, y entre sus obligaciones está la de velar por el comportamiento adecuado de los subordinados. En el caso de las entidades gastronómicas, también deben responder por la calidad de las ofertas.

Es verídico que los restaurantes y cafeterías operados por cuentapropistas están sustentados —la mayor parte de las veces— por elevados capitales, pero también hay que decir que allí  «muy poco se les escapa a los dueños», según el vocabulario popular.

Muchas veces asombra el confort de esos espacios, donde las mesas están bonitas, limpias y adornadas; los alimentos se sirven con la temperatura requerida, y quienes le dan la cara al cliente lo hacen sonrientes, con buen trato y presencia. Aclaro, toda regla tiene su excepción.

Ahora bien, ¿por qué un centro estatal del sector del comercio y la gastronomía —habrá quienes lo logren— no puede garantizar la calidad integral del servicio, donde prevalezca la limpieza, el buen trato y todo marche según lo estipulan las normas? Dicho sea de paso, todo está normado.

Hace unos meses escribí en estas páginas sobre el restaurante Montecatini, también ubicado en el Vedado. Habría que dar una vueltecita por este lugar para comprobar si los líquidos aparecieron, y si la comida italiana que allí normalmente se oferta puede acompañarse de un refresco o una fría cerveza.

Sigo diciendo que el Estado no puede cargar con todas las culpas. Y en cuanto a lo de restaurantes de lujo, habrá que en algún momento cambiar la terminología.

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Arreglos y reparaciones capitales de centros de este tipo no deben dejar a un lado la exigencia y el cuidado por el buen servicio y la calidad de las ofertas.

Como dice el dicho, «siempre hay un ojo que te ve», y en esta ocasión CubaSí llegó en un mal momento a este lugar emblemático de la gastronomía capitalina.

Comentarios  

 
#6 MRBU 31-05-2019 06:10
Estoy de acuerdo que historias como esa se repiten a diario, pero me pregunto ¿La dependiente no forma parte del pueblo, no pertenece a la masa trabajadora? Otra arista del problema, si el administrador toma alguna medida, en ocasiones las mismas personas que sienten molestias por el trato recibido, lo critican, y expresan que es un extremista, …..
 
 
#5 cubana 01-04-2019 14:41
El que dirige un lugar de cualquier indole tiene que tener responsabilidad con su trabajo y moral, en el sector estatal del comercio y la gastronomia se ha perdido el sentido logico de esas frases, el jueves pasado en el mercado donde compro habia una recholata con mayuscula 6.00 pm quien dirigia el jolgorio con merienda incluida (LA ADMINISTRADORA) , que mas.
 
 
#4 Zugor Seg. 01-04-2019 12:38
Voy a develar un secreto, un grandísimo secreto, shhhhhhh, léanlo bajito, en apenas un susurro: los ¿administradore s? nunca, jamás, en ningún tiempo, en la vida, ninguna vez, de ningún modo, están en su puesto de trabajo, a no ser que estén ‘controlando’ lo que entra a sus almacenes reales, pa luego deviarlo pa onde conviene (lo sé pero no lo digo, porque los cuentapropistas y sus acólitos se enfadan). Mucho, muchisisisismo menos en el salón o local donde se ¿brindan? servicios que ellos debían controlar y administrar. Es más, ellos no saben el significado de esa palabra.
Por favor no lo comenten mas pa’lante, ¡que me embarcan!!!, pues esto es solo conocido apenas por mi…mi…mi… millones de personas, incluyendo los niveles superiores de estos desadministrado res, guardavías que ‘redirigen’ como suyos los recursos que el estado pone a su disposición y guarda y custodia para el servicio del pueblo, desviándolo para su medro y de sus compinches. Desde bolígrafos papel, insumos, productos, hasta combustible pasando por el transporte.
Y como siempre, ¡NO PASA NA!!!
 
 
#3 Yosy 01-04-2019 11:59
Como Ud. bien dijo, los administrdores son los principales responsables de que las cosas no marchen, por qué??? porque no pueden exigir y no pueden exigir porque si lo hacen sus subordinados los echan pa´lante (robo, trapicheo, amiguismo, corrupción) con lo que saben de él, o sea están malamente comprometidos y no tienen moral para exigir. Sencillo... los particulares no tienen ese problema.
 
 
#2 Marga 01-04-2019 08:03
Bueno; segun mi modesto criterio, esto ocurre por varias causas: En primer lugar; el desestimulo salarial; (que en modo alguno justifica un mal trabajo; pero estoy tratando de ser objetiva), es decir; gano lo mismo si trabajo bien que si trabajo mal; y esto ultimo requiere menos esfuerzo. Por otra parte, los jefes no son los dueños del negocio, y ya se sabe que lo que es de todos no es de nadie; por eso los cuentapropistas cuidan su negocio y estan arriba de los empleados. Otra razon es que en los negocios estatales no somos "clientes"; sino "usuarios" (y que conste que esta diferencia no es puramente semantica) Los empleados; a su vez ganan mas en un negocio particular, y aunque en terminos absolutos en ocasiones lo que ganan no se corresponde con lo que se les exige, siempre resulta mas rentable que en un negocio estatal. Por ultimo, los administradores en muchos casos son "Administraidor es", pasan miles de trabajo para trabajar porque les falta esto o aquello, tienen que estar "inventando" para dar un buen servicio... y como tienen los recursos a la mano; y las necesidades son muchas... (repito, no estoy justificandolos ) pues todos esos factores conspiran para que los establecimiento s estatales no tengan "fijador". Se que este es un analisis simplista, ya que solo soy una simple "usuaria"; pero es lo que pienso...
 
 
#1 carlosvaradero 01-04-2019 07:54
La historia que cuenta el articulo es muy real, pero además puede pasar en cualquier provincia o municipio del país, no sólo en la habana capital.
Hay muy poca responsabilidad y sentido de pertenencia en estos centros estatales, la disciplina se resquebraja y como al final al trabajador o dependiente del lugar le van a pagar lo mismo, pues estas cosas suceden y sigue sin pasar nada.
En los restaurants privados o no estatales, el dueño del lugar conoce de estos problemas y busca por todos los medios de que no ocurran, por eso sus trabajadores o dependientes no cometen esas indisciplinas, de hecho conozco casos en que los celulares no pueden llevarse en horario de trabajo y donde el buen servicio tiene que estar a la orden del día.
Ahora cabe preguntarse, aunque la respuesta todos la conocemos:
Porqué en los establecimiento s del estado, no existe esa exigencia del buen servicio y la calidad?
 

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