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Lunes, 23 Julio 2012 05:36

Ese día en Aurora, Colorado, Batman fracasó

Escrito por  David Brooks
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La sangre de niños y jóvenes corrió por la sala mientras en la pantalla un hombre murciélago trataba de defender a su metrópoli de las fuerzas oscuras.



La sangre de niños y jóvenes corrió por la sala mientras en la pantalla un hombre murciélago trataba de defender a su metrópoli de las fuerzas oscuras. Ese día en Aurora, Colorado, Batman fracasó.

El enemigo es tan feroz que ni el presidente, el gobernador, el Pentágono, un líder legislativo y, aparentemente, ni un superhéroe se atreven a desafiarlo, y todos se limitaron a expresar su profunda tristeza, lamentar el saldo del asalto mortal y pedir a todos orar.

No necesitamos simpatía, sino acción, fue la respuesta de la Campaña Brady para Detener la Violencia Armada, principal organización nacional dedicada a promover mayor control sobre el acceso a las armas de fuego en este país. Sin embargo, ningún experto o activista cree que la tragedia en el suburbio de clase media de Denver cambiará las cosas en este país.

A pesar de que esta escena se ha repetido tantas veces, hoy día hay menos control sobre las armas en manos privadas, lo que permite que se repitan estas escenas. Es como si estos espectáculos de sangre nutrieran algo enfermo en este país, como si fuera un vampiro.

Desde que asesinaron a balazos a Martin Luther King y Robert Kennedy, en 1968, más de un millón de estadunidenses han muerto por violencia de armas de fuego en este país, según el Fondo para la Defensa de los Niños. Durante las últimas décadas, hay más vidas perdidas en este país por violencia de armas de fuego que el total de muertos estadunidenses en todas las guerras que ha librado Estados Unidos, señala el veterano periodista Bill Moyers.

Aun así, aquí se permite que casi cualquiera pueda adquirir más instrumentos de sangre y muerte, como lo hizo el responsable del multihomicidio en Aurora, quien compró un rifle de asalto AK-15, dos pistolas Glock y una escopeta en una tienda sin ningún problema. Todo legal. Eso se puede hacer a lo largo y ancho del país. Cada año se celebran aproximadamente cinco mil ferias de armas, donde incluso hay menos regulaciones para adquirirlas. Uno de cada cuatro adultos estadunidenses es dueño de armas de fuego.

De hecho, esta sociedad civil, la más armada del planeta, compra más de 4.5 millones de armas de fuego cada año. Hoy día hay suficientes pistolas, rifles y escopetas en manos privadas como para armar a cada estadunidense adulto (casi 300 millones de armas de fuego).

¿Cómo explicar que existen menos controles sobre las armas a lo largo de estos últimos años, a pesar de las balaceras en Virginia Tech hace cinco años; en la preparatoria Columbine hace 13, otra en un preparatoria de Ohio en febrero de este año, la muerte de Trayvon Martin en Florida, entre otras, más los tiroteos mortales que se reportan diariamente en Chicago, así como en otras grandes ciudades, más las noticias de todas las armas estadunidenses que provocan muertes en México y otros países? ¿Cómo explicar que, ante todo esto, la opinión pública estadunidense se oponga cada vez más a tener mayores controles sobre las armas en manos privadas (según los sondeos de Gallup, el porcentaje de estadunidenses que favorece leyes más estrictas se desplomó de 78 por ciento en 1990 a 44 por ciento en 2010, reportó Reuters)? ¿Cómo entender todo esto, no obstante que cada año en este país mueren aproximadamente 30 mil personas por armas de fuego, 87 en promedio cada día? ¿Cómo explicar que 49 de los 50 estados tienen alguna ley que permite a las personas portar armas ocultas fuera de sus casas para su defensa?

Parte de la explicación gira en torno a la Asociación Nacional del Rifle (NRA), con más de 4 millones de miembros, una de las organizaciones más poderosas de este país. A través de su intenso cabildeo, en el que invierte millones para cultivar políticos y promover medidas contra todo control a las armas de fuego, han logrado tener una influencia casi sin paralelo. Junto a otras organizaciones, la industria de armas y aliados poderosos ha logrado definir el acceso a las armas como derecho constitucional y una libertad individual sagrada. Insiste en que las armas no matan; matan las personas.

De hecho, cuando políticos o activistas mexicanos exigen mayor control a la venta de armas en Estados Unidos, estas agrupaciones y sus aliados políticos acusan que esto implica una violación de un derecho protegido por la Constitución.

Tan efectivo es todo esto, que el derecho a las armas es considerado por gran parte de la población y por políticos como una libertad intocable. Cuando Barack Obama era legislador estatal y después senador federal, fue un ferviente promotor de mayor control de armas, pero desde que llegó a la Casa Blanca, e incluso ahora ante esta tragedia, no menciona tal cosa, ajustándose, afirman analistas, a la realidad política. El viernes Obama sólo se atrevió a declarar: si hay algo que sacar de esta tragedia, es el recordatorio de que la vida es muy frágil.

La NRA puede movilizar a miles para oponerse a todo intento de mayor control, como apoyar o atacar a políticos con su presupuesto anual de cientos de millones de dólares (ha gastado decenas de millones para atacar a Obama). Por ello, especialmente durante un año electoral, ni el presidente ni casi ningún político mencionará y menos promoverá un mayor control de armas en este país (especialmente cuando ciertos estados muy inclinados a las armas serán claves para decidir la elección federal en noviembre). El Congreso no ha adoptado ninguna nueva ley importante sobre control de armas desde 1994, mientras la NRA logró su objetivo de anular la prohibición de algunos rifles semiautomáticos –los que se suelen encontrar en crímenes en México– en 2004. Dos tercios de los estadunidenses tienen una opinión favorable de la NRA, según una encuesta de Reuters-Ipsos en abril.

Moyers afirma: que la ley permita a un lunático enfurecido adquirir fácilmente armas asesinas y no esperar consecuencias asesinas es engañarnos.

Por ahora, los murciélagos vampiros están felices de que esta película continúe. Mientras tanto, algunos cines están ahora bajo protección armada.

 

Tomado de La Jornada

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