viernes, 15 noviembre 2019, 16:15
Viernes, 14 Diciembre 2018 05:02

DE CINE EN CINE: Dos historias, dos moralejas

Escrito por  Yuris Nórido / CubaSí
Sócrates, filme brasileño Sócrates, filme brasileño

Sócrates, de Alex Moratto, narra las peripecias de un muchacho pobre que de repente su queda huérfano de madre en uno de los barrios marginales del Brasil. Con apenas 15 años deberá luchar contra sus circunstancias, porque no quiere ir a una institución para menores. Pero este adolescente casi niño tiene algo muy claro: quiere hacer las cosas bien, no quiere seguir malos caminos. Aunque (y el excelente diseño del personaje enfatiza en eso), más bien esa determinación no obedece a una reflexión, sino a la bondad innata del protagonista.


Algunos espectadores se inquietan porque la historia aparentemente no cierra, el personaje queda al final sin alternativas a la vista, solo frente a la inmensidad del mar, sin rumbo y sin soluciones. Nos gustan los finales al menos esperanzadores. Pero esta película pretende precisamente dejar la espina, para sensibilizar al público con la dramática situación de muchísimos jóvenes, que por la falta de oportunidades pueden llegar a ser carne de presidio.


Uno quisiera llegar a pensar que el protagonista de esta película se mantendrá incólume, pero, ¿podríamos estar seguros? Esa sensación de riesgo, de inestabilidad… se traduce en las dinámicas del montaje, de la fotografía, de la coreografía de los personajes… La visualidad y el texto honran la vocación documental de una cinta que nos alecciona sin monsergas, pero sin eufemismos embellecedores.


LAS SUTILES CARAS DEL RACISMO


Miriam miente (República Dominicana, Natalia Cabral y Oriol Estrada) “transcurre” con una tranquilidad y una falta de énfasis que llega a desesperar a los espectadores amantes de las muchas peripecias. Como si fuéramos testigos mudos de las rutinas domésticas de cualquier familia.

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Pero con ese aparente sosiego se pulsan temas que también sosegadamente marcan nuestro devenir: el racismo más o menos sutil, la fuerza de las apariencias en el “juego” social, el impacto de las nuevas tecnologías en las relaciones personales…


Una adolescente mestiza de familia de clase media rechaza (sin que él lo tenga claro) a un pretendiente de las redes sociales cuando descubre que es negro (más por el qué dirán que por lo que ella misma pudiera sentir); ese mismo pretendiente rechaza a la adolescente (creyendo que ella no se da cuenta) cuando descubre que es mestiza. Las “victimas” son al mismo tiempo “victimarias”. Es el terrible círculo vicioso, mucho más terrible si es evidente que puede “funcionar” en todos los niveles.


Al menos aquí, con todo lo abierto que parezca el desenlace, hay atisbo de enseñanza para la protagonista. Algo es algo, dirán los amantes de los finales felices.

Modificado por última vez en Viernes, 03 Mayo 2019 14:45

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