martes, 21 mayo 2019, 14:43
Domingo, 09 Diciembre 2018 07:12

DE LA HISTORIA DEPORTIVA: Fortún y Capilla vencen a los escépticos

Escrito por  Víctor Joaquín Ortega / Especial para CubaSí
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Era el astro de su país en la velocidad pero las dudas de los escépticos lo golpeaban. Por suerte, la razón, la lógica y la justicia vencieron.



Fácil se escribe: el velocista cubano Rafael Fortún y el clavadista mexicano Joaquín Capilla triunfaron en los primeros Juegos Panamericanos. Hay que profundizar en ambos casos; siempre se debe hacer o las historias son incompletas. Hasta pueden quedar fuera hechos trascendentales. Acompáñenme, no se mantengan nadando cerca de la orilla…

El corredor camagüeyano tenía demasiados años en relación con la rapidez en la pista en opinión de algunos. Pero era el uno en su país en estas lides todavía, y usted no debe sustituir a quien encabece un ámbito, sea cual sea, por alguien inferior porque es más joven, trae nuevas técnicas, posee ambiciones muy potentes. Debe demostrarlo anteriormente en la práctica o, además de la injusticia, el fracaso arriba. Si tiene condiciones, póngalo al lado del mejor para realizar el aprendizaje en una relación hermosa y productiva. Ya le llegará su momento. De lo contrario, suplanta.

Hubo funcionarios que calificaron de viejo a Fortún y luchaban por no incluirlo en la delegación. Por él hablaba su hoja de servicios: tres veces campeón centroamericano en la prueba reina en no pocas ocasiones frente a estrellas olímpicas y mundiales como los jamaiquinos Herb MacKenley y Leslie Lang y el panameño Lloyd Labeach. Obtuvo también oro en los 200 en 1946 y plata en 1950; sumó otra dorada y un segundo puesto en los relevos cortos. Galardones conquistados a pesar de la miseria, amén del poco apoyo gubernamental, culpa que caía también sobre varios de esos dirigentes.

De Londres 1948 regresó sin presea, aunque se convirtió en el primer cubano semifinalista en 100 y 200 en la magna cita. Cuatro años después, en Helsinki, de haber existido la cantidad de carrileras de ahora, habría sido el primer finalista de su patria en el clásico: cuarto en la antesala de ambas carreras decisivas.

Volvamos a 1951: era el astro de su país en la velocidad pero las dudas de los escépticos lo golpeaban. Por suerte, la razón, la lógica y la justicia vencieron: el Ciclón del Caribe compitió en Buenos Aires donde se convirtió, con 10, 6, en el primer titular panamericano de la prueba reina, dejando al estadounidense Arthur Bragg y a MacKenley en plata y bronces con 10.6 y 11. Añadió de cerrador, el subtítulo en el relevo. Los grandes derrotados, los descreídos.

MI GLORIOSO TOCAYO SUFRE DOBLE

Al clavadista Joaquín Capilla lo ataca la apendicitis con Buenos Aires 1951 ahí mismito…Otra ofensiva sufre, la de los escépticos. ¡”Cará, están donde quiera! “Debes descansar… Para que te vas a arriesgar… Ya tienes bastante gloria, olvídalo"…El recién operado, desde su cama, les regala una sonrisa pícara.

De opiniones como aquellas, lo defiende su perfomance en los Centrocaribes: justas donde ha mostrado su alto nivel por encima de la técnica. En el mismo escalón, su coraje, la disciplina, la entrega. En cuanto le dan el alta, poco a poco entrena. Aumenta la carga cuando los médicos se lo permiten.

Ya está en la capital de Argentina. Se lanza una y otra vez cual estatua viva que poetiza en el aire hasta caer en el agua con donaire. Aquí también domina. Asciende al sitio principal del estrado de premiación en trampolín y plataforma, burlando los anhelos de los poderosos rivales norteamericanos Miller Anderson y Samuel Lee.

Capilla repetirá la hazaña en Ciudad de México 1955, y logrará ser el primer azteca conquistador de la corona de su deporte en los torneos olímpicos: desde la plataforma de Melbourne 1956, ciudad donde alcanzó bronce en trampolín. Cuatro años atrás, en Helsinki, terminó vice en la primera especialidad y cuarto en la restante.

Visto 291 veces Modificado por última vez en Lunes, 10 Diciembre 2018 06:07

Comentarios  

 
#1 Orlando Carrió 09-12-2018 12:25
Celebro que un cronista de la talla de Víctor Joaquín Ortega, buen amigo además, se haya incorporado al equipo de colaboradores de Cubasí. Excelente reseña, la historia tenemos que recrearla para que no se nos evapore.
 

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