jueves, 13 diciembre 2018, 02:06
Jueves, 29 Noviembre 2018 09:37

El hip hop cubano de Rapzod1a

Escrito por  Katia Sánchez Martínez/ CubaSí
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Conversar con Ismael Yunior Leonard Acosta, de apenas 20 años, es comprender que en él, el rap no se circunscribe a su estilo de hacer música. Similar a un apéndice, emerge consustancial, materializado en gestos...


Eso de que las palabras se escriban diferente a propósito desconcierta a veces. Para Leonard, el nombre de su grupo es solo una pequeña parte de la rebeldía que le impregna. Rapzod1a se halla en ese trozo que, por incómodo, dista de estándares y normativas en busca de su propio espacio de libertad creadora.

Conversar con Ismael Yunior Leonard Acosta, de apenas 20 años, es comprender que en él, el rap no se circunscribe a su estilo de hacer música. Similar a un apéndice, emerge consustancial, materializado en gestos y expresiones, cual esencia necesaria para entender la vida misma.

Con el nombre de Leonard Akozta, participó en la Batalla de los Gallos Red Bull 2018 y solo perdió con Yeriko, el campeón, en los cuartos de final. Ahora, con su grupo conformado por Daniel Bárcenas (guitarra eléctrica), Guillermo Daniel (bajo eléctrico), Theder Castro (batería) y Adriana Vázquez (voz y co-directora), se ha estado presentando en algunos espacios alternativos habaneros.

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El discurso de Leonard no solo deviene rap influenciado por aquella cultura del hip hop neoyorquino que, resemantizada, ha acompañado numerosos exponentes del género en nuestro país, unos menos difundidos que otros. Su poesía rinde culto a la décima cubana y al repentismo, y escribe las suyas propias, con orgullo de neófito escritor que comienza por reconocerse a sí mismo y a su arte desde lo criollo.

Para él, ser un desafinado social, que no es más que una individual definición de la marginalidad que acompaña muchas veces al rap, se convierte en un catalizador emocional y expresivo. Sus canciones, sin embargo, pasan por ese filtro juvenil con deseos de ser innegociablemente libre. Así, casi literal, lo grita Rapzod1a. Y lo grita Leonard, con toda su negritud, con todos los trazos de tinta que, aposta provocando, presume su piel.  

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Cuando canta, Leonard improvisa, bromea, guiña un ojo a los amigos. Disfruta sus presentaciones porque ríe a intervalos, compartiendo la felicidad de ser aplaudido. Aprovecha los “pies forzados” del público para hablar de gente grande: uno tras otro menciona y rinde homenaje a Paco de Lucía, Sabina, Diego el Cigala y Santiago Feliú. Sabe que ser rapero va más allá de hacer freestyle con buenas rimas y gusta de cultivar el arte y la música toda.  

Pensar en Rapzod1a entonces es entender la incomodidad que, con toda intención, adelanta su nombre. Sus letras desprejuiciadas entronizan una realidad social que a veces subyace, y que traen despedazándola, por ineludible, aun si no es del todo grata. Su cubanidad es eso, quizás. Y reconforta saberlo, teniendo en cuenta los no tan felices caminos del rap cubano durante este siglo.

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