lunes, 17 diciembre 2018, 11:52
Domingo, 18 Noviembre 2018 06:00

EE.UU.: Macartismo que revive

Escrito por  Arnaldo Musa / Especial para CubaSí
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Parece una burla a la historia, cuando Donald Trump califica de macartistas a quienes investigan sus presuntas relaciones con Rusia para su beneficio, tanto en la gobernanza, como en la aspiración a otro mandato presidencial.

Parece una burla a la historia, cuando Donald Trump califica de macartistas a quienes investigan sus presuntas relaciones con Rusia para su beneficio, tanto en la gobernanza, como en los esfuerzos que realiza para aspirar a otro mandato presidencial, pese a haber perdido su Partido Republicano el control de la Cámara de Representantes en las más recientes elecciones de medio término.

Y digo burla, porque no hay nada más parecido a aquella oscura época después de la segunda Guerra Mundial, a la que el millonario magnate está sometiendo a su país con una política de odio que está dejando profundas huellas en una población proclive a ello y que será difícil de borrar, aunque el “trumpismo”, para llamarlo de un modo, desaparezca.

El macartismo se basó en una fórmula de nacionalismo extremo: su progenitor, Joseph McCarthy, era un populista de derecha que exaltaba el nacionalismo.

Hoy el espíritu de ese abogado macartista parece revivir en las ambiciones de Trump.

El abanderado republicano les ha prometido a sus partidarios una nación que cerrará sus fronteras para quienes no sean originarios del país, al igual que a sus hijos. Les prometió que con un muro habrá fábricas nuevas donde todos construirán cosas, solo hablarán inglés y serán ricos. Nada de eso será verdad, y lo peor es que será muy difícil de separar el descontento económico del fanatismo y la paranoia que han sido claves para empoderar a Trump.

Entre Los años 1950 y 1956, Estados Unidos vivió un fenómeno social conocido como macartismo en referencia a su promotor Joseph Raymond McCarthy (1908-1957), cuyo objetivo central confesado fue luchar contra la deslealtad, la subversión o la traición a la patria.

McCarthy, un senador, en su afán por librar al país de enemigos reales o virtuales, puso en marcha un proceso de acusaciones, denuncias, interrogatorios irregulares, listas negras y todo tipo de acoso contra centenares de personas que eran acusadas de ser enemigas de la patria, generalmente motejadas de comunistas.

El proceso llevado a cabo por McCarthy fue conocido como “caza de brujas”. El dramaturgo Arthur Miller escribió la famosa obra “Las brujas de Salem” (1953) en referencia a ese fenómeno social. Existen otras muchas obras que se ocupan de ese período negro de la historia norteamericana.

Como trasfondo histórico hay que recordar que se trata de una época especialmente tensa conocida a nivel internacional como Guerra Fría que hace referencia a las difíciles relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética después de finalizada la Segunda Guerra Mundial, tras lo cual se produjo la agresión norteamericana a Corea y los cambios profundos en China, a raíz de la llegada al poder de Mao Zedong. El fantasma del comunismo se convirtió en una amenaza recurrente en todo el mundo occidental.

Todo un trasfondo explotado que pervive y explica como Trump ha logrado fácilmente el apoyo de nuevos inquisidores, quienes en nada envidian a los métodos utilizados en el macartismo.

Y es así, porque jamás levantan sus voces para denunciar las injusticias neoliberales que explotan y empobrecen a grandes sectores de la población mundial, se revisten de cristianos, pero son parte y cómplices de persecuciones religiosas.

Ahora callan, cuando no alientan, el cierre de fronteras para evitar ser “invadidos” por inmigrantes sin papeles, y se sienten hermanos de quienes apoyan y justifican las políticas neofascistas de Trump, a quien elevaron a la más alta magistratura de su país.

Callan ante la discriminación racial, conviven con la desigualdad entre hombres y mujeres, ignoran la explotación laboral, la violencia de género y la explotación de niños, así como miran hacia otro lado ante cualquier otro tipo de violación de los derechos humanos.

Todo su esfuerzo se canaliza hacia la caza de “pecadores” que no se cruzan de brazos y defienden la libertad de expresión ante el neomacartismo representado por Trump.

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