jueves, 13 diciembre 2018, 00:51
Domingo, 11 Noviembre 2018 05:04

Brexit con apoyos y arrepentimiento

Escrito por  Arnaldo Musa/Cubasí
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No sé qué pueda pensar el amigo lector si conoce que entre los más fieles apoyos que recibe la primera ministra británica, Theresa May, para que no acepte el reclamo de una nueva consulta sobre el Brexit se encuentran abiertamente la extrema derecha europea y oblicuamente, pero sostenido, el presidente norteamericano, Donald Trump.


En las últimas horas el reclamo ha provenido de más de 1 500 abogados y un centenar de los más importantes empresarios, lo que se une a manifestaciones  populares en las calles de Londres, donde a fines de octubre se reunieron 650 000 personas para tal fin, en la demostración considerada la mayor en una década en Gran Bretaña.

Todo esto se produce en medio de dificultades para May, quien no ha llegado aún a un acuerdo –solo le quedan cinco meses– de divorcio con líderes de la Unión Europea en Bruselas y provocó la ira de miembros de su partido por hacer más concesiones al bloque europeo en negociaciones.

Como quizás recuerden el, 23 de junio del 2016, los británicos habían aprobado en referendo la salida de la Unión Europea (Britain Exit-Brexit), luego de haber pasado 43 años de permanencia en el proyecto europeo
El entonces premier David Cameron se había comprometido a celebrar la consulta si ganaba las elecciones del 2015 y dar de este modo respuesta a las demandas del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), que en los comicios europeos del 2014 fue la fuerza más votada, y de parte de los conservadores (tories), quienes estaban divididos ante la cuestión. El país no se había pronunciado sobre su relación con la UE desde que se realizara un referéndum idéntico en 1975, en el que los papeles estaban intercambiados. Los laboristas abogaban por la salida del ente comunitario y los conservadores por la permanencia.

Ningún país había abandonado antes la Unión Europea, y el único precedente lo tenía Groenlandia, territorio perteneciente a Dinamarca, que se marchó del entramado europeo, tras convocar un referéndum en 1982.
El propio Cameron abogaba por la permanencia británica, y así contaba con el apoyo de la mayoría de los opositores laboristas y liberal demócratas, los nacionalistas escoceses y Los Verdes, en lo interno, e internacionalmente el gobierno norteamericano, encabezado por Barack Obama, Francia, Alemania, China y la India, porque favorecía la economía y reforzaba la seguridad ante la amenaza terrorista.

Pero más logró la campaña por marcharse del bloque comunitario, liderado por políticos de varios partidos, alentados por la extrema derecha xenófoba y racista, que rechazaban las consideradas por ellos muchas reglas del organismo sobre los negocios y la elevada factura anual de contribución por ser miembro, y pedían volver a tener control sobre las fronteras del país y reducir el número de inmigrantes que llegan. También influyó la ya mencionada victoria del euroescéptico UKIP.

Al ganar el sí en el referéndum, Reino Unido contó con dos años, que se han prolongado hasta marzo del 2019, para fijar los términos y las condiciones de su salida con la UE. Hasta entonces, el país debe acatar los dictámenes europeos y no podrá formar parte de ninguna nueva negociación.

En lo que muchos coinciden es que con la salida de uno de sus miembros, el Reino Unido en este caso, son más los contras que los beneficios, aunque falta ver si el gran centro financiero londinense (la 'City', como se le conoce) con todos los bancos británicos y de Europa funcionando, registran un duro divorcio que afecte las relaciones financieras entre la isla y el continente, sí hay efectos que a primera vista pueden resultar notorios.

Por ejemplo, a nivel geopolítico la Unión Europea podría perder influencia en las Naciones Unidas, puesto que hasta hoy cuenta con dos de sus miembros (Francia y el Reino Unido) como miembros permanentes y con derecho a veto en el Consejo de Seguridad.

El Brexit representaría un impacto para el presupuesto comunitario de entre 5 000 y 17 000 millones de euros al año.

De la misma manera, también perdería “juego” dentro de las potencias nucleares, pues Gran Bretaña, a pesar de su posición geográfica, ya no respondería al mandato unificado comunitario.

Pero el Reino Unido también tiene qué perder: en primer lugar ya no estaría en el llamado Mercado Común, por lo que sus ciudadanos no tendrían algunos privilegios (todavía no se sabe de qué magnitud), lo mismo que las empresas que quieran seguir exportando sus productos, por lo cual sería necesario negociar un acuerdo comercial-.

Pero en donde ya se está comenzando a ver un claro efecto es en el deseo de Escocia de buscar su independencia del Reino Unido, lo que sí golpearía su unidad, con imprevisibles consecuencias políticas y económicas, pues los escoceses votaron mayoritariamente en contra del Brexit.

A su vez, el Reino Unido podría quedarse sin Irlanda del Norte si el descontento, junto con el de Escocia, termina en independencia.

Como en la mayoría de divorcios, las negociaciones de salida del Reino Unido de la Unión Europea se han convertido rápidamente en un asunto pecuniario con Bruselas, advirtiendo ya a Londres de la elevada factura del Brexit.

Independientemente de lo que suceda, se sabe que la UE no es la panacea que decía ser, y tenemos el ejemplo de Grecia, donde el brutal sistema financiero aplicado a uno de los pequeños países humilló a un gobierno que no supo defender los intereses de un pueblo que le había respaldado valientemente.

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