sábado, 17 noviembre 2018, 09:55
Sábado, 03 Noviembre 2018 04:36

Sergio Moro: Soldado del Imperio

Escrito por  Arnaldo Musa/Especial para CubaSí
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Sergio Moro Sergio Moro

De plácemes está la gusanera contrarrevolucionaria de Mami y capitales europeas con el nombramiento de Sergio Moro como ministro de Justicia del entrante gobierno del presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro.

De plácemes está la gusanera contrarrevolucionaria asentada en Mami y capitales europeas con el nombramiento de Sergio Moro como ministro de Justicia del entrante gobierno del ultrarreaccionario presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, decisión muy aplaudida en su venenoso blog por el integrante de la Agencia Central de Inteligencia Carlos Alberto Montaner, quien calificó al todavía fiscal de figura valiente del poder judicial que se atreve a juzgar a personajes poderosos.

El considerado por Montaner adalid de la globalización de la lucha contra la corrupción y ejemplo de conducta heroica, recibió «carta blanca» de Bolsonaro para proseguir su persecución elaborada y planificada desde hace años por todo lo que más hiede del imperialismo, tras haber cumplido su misión de juzgar, encarcelar y evitar que Luiz Inácio Lula da Silva se volviera a convertir en presidente.

En sus primeras declaraciones a la prensa dijo que incumplía su promesa de no hacer política, por el «sagrado deber de combatir el mal» desde un puesto de mayor importancia.

Desde hace tiempo, Lula ya había acusado a Moro de ser un «inquisidor» que representa los intereses de las élites que quieren evitar un regreso de la izquierda al poder. «Moro muestra su parcialidad en Lava Jato, al aceptar un cargo en el gobierno de Bolsonaro», señaló el Partido de los Trabajadores.

Con el comienzo oficial de su carrera política, Moro tendrá que afrontar desde hoy más reproches por sus anteriores decisiones judiciales. El futuro ministro de Justicia, de 46 años, ya anunció que dejará los tribunales después de 22.

En el plano local, este tipo de crítica tiene a Moro completamente despreocupado, porque incluso, tras el derrocamiento de Dilma Rousseff en diciembre del 2016, no tuvo problemas en dejarse fotografiar en compañía del presidente saliente, Michel Temer, Aécio Neves y Geraldo Alckmin, todos exponentes de la derecha política acusados de corrupción, pero no por ello perseguidos por Moro y ningún otro juez brasileño.

De hecho Alckmin fue exceptuado de los expedientes del Lava Jato, como se llama a las investigaciones sobre corrupción, en los que estaba incluido bajo acusación de haber recibido sobornos de la empresa Odebrecht.

En todos estos meses, dentro de Brasil, Moro siguió siendo exaltado por el poder al que sirve, al ser propuesto por la Asociación de Jueces Federales de Brasil para el Supremo Tribunal Federal, lo cual fue considerado al principio por Bolsonaro.

Las revistas Istoé y Época y el grupo Globo le entregaron diversos títulos, luego que otra publicación, Fortune, lo ubicara entre los 50 «líderes» con mayor influencia en el mundo.

Y ya en este plano externo se puede ubicar a Moro junto a Montaner, aunque el fiscal brasileño fue mucho mejor preparado por el Imperio que el conocido agente de la CIA de origen cubano.

La operación Lava Jato tuvo como objetivo principal desestabilizar a Brasil, realizar un golpe de Estado suave con la alianza de un sector de la justicia brasileña y «tanques pensantes» del denominado Estado Profundo. conformado por el FBI, la CIA y el Departamento de Justicia, con la intención de debilitar su avance como potencia emergente en los BRICS.

AS/COA

Moro, principal «castigador» en esa operación, tuvo como respaldo a AS/COA, una entidad estadounidense que representa a bancos y a grandes corporaciones que pululan en América Latina, con la finalidad de apropiarse de riquezas. Para ello influye en la justicia y los medios, para enfrentar a los gobiernos que no se someten a sus dictados.

En ese entonces, Americas Society/Council of the Americas (AS/COA) exaltó incesantemente a Moro, lo llevó de visita a Estados Unidos y allí lo premió con títulos tales como «hombre del año», similar al que le otorgan publicaciones que responden a las multinacionales.

El tema fue expuesto recientemente por Brazil Wire, una publicación en inglés, que recuerda como Moro fue la estrella más rutilante de la reunión en Nueva York de un autodenominado «movimiento anticorrupción», convocado por entidades bancarias.

La AS/COA tiene como uno de sus instrumentos a la revista Americas Quarterly. Este es uno de sus rostros más visibles, pero no está entre los más importantes: sus nexos con el poder, la capacidad para influir en él y para determinar decisiones gubernamentales y cambios políticos es lo que en verdad importa.

En cuanto a sus tácticas de difusión para favorecer a amigos y abatir a adversarios, la institución opera a través de la agencia Bloomberg y, dice Brazil Wire, tiene nexos también con la agencia británica Reuters.

Su presidenta es Susan Segal, que en ciertos ámbitos del poder económico es llamada «la mujer más influyente en las Américas».

Brian Winter, editor jefe de Americas Quarterly y uno de los vicepresidentes de AS/COA, tiene espacios de comunicación en Newsweek y en CNN, donde se lo presenta como «especialista en Brasil». No es el único integrante de la entidad llamado por esos medios de difusión.

Este individuo llegó a la revista después de que salió de Reuters en Brasil en 2015, donde fue acusado de haber censurado informaciones sobre la corrupción en la empresa Petrobras durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso.

Esos datos siempre son ocultados por los medios dominantes de los países latinoamericanos, como Clarín y La Nación en Argentina, porque su exposición contradice la versión según la cual la corrupción es un problema que comenzó con los gobiernos populares como el de Lula da Silva. Ese argumento es central para el dispositivo de difusión que lleva a procesos de destitución ilegítimos, como el de Brasil, o mediante elecciones «democráticas», como en Argentina, Chile y Ecuador. Pero este es un tema en el que Moro, Lava Jato, Bolsonaro y la versión fascista del imperialismo estarán lamentablemente presentes en lo venidero, y habrá que abordar.

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