sábado, 17 noviembre 2018, 10:59
Martes, 16 Octubre 2018 15:58

Honduras: A punto de irse a pique

Escrito por  Arnaldo Musa/Especial para CubaSí
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Un colega bautizó con razón a Honduras como el país de la muerte y la pobreza, basándose en el feminicidio y la desigualdad, donde el asesinato, la muerte y la carencia se muestran con toda su crudeza.

Hace unas pocas horas, unos 2 000 hondureños cruzaron la frontera con Guatemala, con el único propósito de llegar a Estados Unidos. No importan los peligros del muro que Trump sigue construyendo en la frontera con México, la Guardia Nacional, el Ejército y los consabidos “justicieros” presentes en cualquier "cacería” de ilegales, indocumentados o cualquier persona que consideren de “raza inferior”.

La desesperación del hondureño común ha llegado a tal punto, que disminuye su lucha en las calles para pedir mejoras en su calidad de vida o en protesta por los continuados asesinatos de quienes intentan erigirse en voceros contra la gobernanza neoliberal.

Continuados fracasos electorales, en los que siempre ha intervenido la trampa oficial, complementan este triste cuadro de desesperanza en una de las naciones más peligrosas del mundo y donde la presencia militar norteamericana es cada vez mayor en su gigantesca base de Palmerola.

Un colega bautizó con razón a Honduras como el país de la muerte y la pobreza —aunque también hay otros muchos—, basándose en el feminicidio y la desigualdad, donde el asesinato, la muerte y la carencia se muestran con toda su crudeza.

Allí se palpa la realidad de la explotación infantil cristalizada en la cifra de 400 000 niños menores trabajando en cafetales o en la calle; el empobrecimiento de la población, que sitúa a este país a la cabeza de la zona centroamericana, como también ocupa el primer lugar, pero mundial, en el ranking de las mujeres asesinadas.

Cada doce horas una mujer muere asesinada de manera violenta, tras sufrir las vejaciones más salvajes, en un marco donde los poderes públicos e instituciones velan poco por defender a los débiles y en donde los feminicidios cuentan con una impunidad que se sitúa en cifras superiores al 90%.

Así, es esta una de las principales causas por las que los asesinos siguen actuando con el amparo de un sistema que mira para otra parte. La violencia familiar e intrafamiliar, la pobreza extrema, la dependencia económica de las mujeres, los regímenes de patriarcado y la desvalorización de la mujer como ser humano son otras de las causas que determinan el feminicidio en un país donde las acciones por violencia de género prescriben a los seis meses de la acción que las originó, creando un parapeto de acción a quienes, de manera permanente, llevan a cabo su práctica.

Pero no son solo los asesinatos de las mujeres por los cuales Honduras escala cada vez más hacia la indignidad, sino la burla de todo un sistema que solo tiene como propósito entronizar el régimen neoliberal, fortalecer los intereses de la oligarquía local y poner las riquezas naturales y las principales empresas en manos de las transnacionales, principalmente las que ostentan mayor capital estadounidense.

Un país en donde la violencia campea por doquier, como señalaba recientemente el Observatorio de Violencia de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, que venía a reflejar en cifras el contexto de represión que se vive en cada parte de una nación que registra hoy la tasa de homicidios más alta del mundo, con 68 casos por cada 100 000 habitantes.

Todo ello ocurre tras la más reciente cita con las urnas, conociendo de antemano el fracaso de las fuerzas que luchan contra una virtual “dictadura democrática”, que puso al proceso en la cuerda floja para luego decretar una victoria, burlándose de la masiva protesta popular, porque se saben impunes.

Difícil luchar contra todo esto y reconquistar las pocas ganancias sociales que ostentaban antes del golpe militar auspiciado por Estados Unidos contra Manuel Zelaya.

Poco margen queda para maniobrar, mientras miles de hondureños huyen de una nación que se siente invadida por la desesperanza, a punto de irse a pique.

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