martes, 23 octubre 2018, 12:17
Martes, 18 Septiembre 2018 05:36

UN BALLET, UNA NACIÓN: El Ballet Nacional lo creó el pueblo de Cuba

Escrito por  Yuris Nórido/ CubaSí
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Conversamos con el doctor Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba, acerca de su estrecha relación con una agrupación donde ha trabajado más de la mitad de su vida…

Si alguien tiene alguna duda, o necesita de algún dato sobre el ballet en Cuba, hay una persona que puede ser de gran ayuda: el historiador Miguel Cabrera. Tiene fama de ser un hombre abierto y accesible, y la demuestra con la afabilidad que nos recibe y contesta nuestras preguntas.


—¿Qué ha significado ser el historiador del Ballet Nacional de Cuba por tanto tiempo?


—Lo primero que tengo que decirte que ha sido un gran honor, porque yo estudié historia, y vine a vincularme con el Ballet Nacional de Cuba justo en el año en que cumplía su vigésimo aniversario, en el año 1968. Ahí comencé un trabajo sistemático por la compañía. Creamos en el 1969 el programa radial Ballet y en 1970, la revista Cuba en el Ballet. Fue un trabajo delicioso, porque era comenzarlo todo. Era convertir en algo vivo, en algo útil todo lo que había sido guardado en los archivos de Alicia Alonso, un patrimonio que una mujer que tiene un peso enorme en esta historia, llamada Ángela Grau, celosamente había guardado.


«Yo trabajaba haciendo las fichas, ordenando. Primero comencé lógicamente con el trabajo de Alicia. Pero era un trabajo múltiple. Yo no hacía solo eso en la compañía. Yo tenía que hacer un trabajo muy diverso, pero básicamente eran las cosas que tenían que ver con la historia.


«Me enfrenté a una labor muy bella, como son todas las obras fundacionales, tuve que organizar y establecer el repertorio de la compañía, la carrera de Alicia toda, y la carrera de las principales figuras de la compañía: la de Fernando, la de Alberto, las de las cuatro joyas. Pero también me dieron la tarea de trabajar en la revista, en el programa de radio, de impartir conferencias, de dar cursos aquí dentro, en la Escuela Nacional de Arte, en la Universidad… En definitiva, hacer lo que yo considero que es la parte más bonita de mi vida: este trabajo de divulgación del ballet que me ha llevado desde Maisí hasta Mantua.


«Pero cuando me haces la pregunta, recuerdo una entrevista que dio hace poco la doctora Olga Portuondo, cuando ella dijo que su nombramiento como historiadora no había sido nada oficial, no hay ningún decreto que la declare historiadora de Santiago de Cuba, sino que se hizo por derecho propio. A mí me pasó algo parecido. Había una persona que trabajaba en Divulgación, y era la encargada de hacer los programas; un día subió a mi oficina y me dijo: “te tengo una sorpresa, y me puso delante un programa, y en el programa decía: Miguel Cabrera, historiador. Así, por primera vez, apareció mi nombre como historiador. Yo pregunté: ¿Y esto? Y ella respondió: Alicia mandó a ponerlo así.


«Más honroso no pudo haber sido mi nombramiento, que la fundadora de la compañía, la figura clave lo haya decidido. Siempre me ha presentado así: nuestro historiador. El mi título más importante. He recibido varias distinciones en Cuba y fuera de Cuba, pero para mí ese detalle de ver mi nombre en el programa desde principios de la década de los setenta (y que hasta la fecha se mantenga) es un acto que me honra».


—La historia del Ballet Nacional de Cuba está en negro sobre blanco en buena medida gracias a su trabajo. ¿Qué ha implicado para usted esa responsabilidad?


—Cuando te toca la tarea de ser el pionero, es algo muy grande. Yo siempre he partido de un convencimiento, algo que he dicho muchas veces, lo dije cuando se presentó mi libro Ballet Nacional de Cuba. Medio siglo de gloria, en 1998: Yo estoy en una compañía muy prestigiosa, al lado de personas que han sido supremas, y siempre he pensado que las funciones se hacen, las noches de gloria pasan, los aplausos dejan de escucharse, las flores se marchitan, pero ese hecho tiene que quedar. Esa ha sido mi modesta labor. Con mucha pasión, con casi una enfermiza pasión por la justeza, porque la historia sea la que fue, sin alteraciones.


«Cuando yo publiqué un libro más reciente, titulado Ballet en Cuba. Apuntes históricos, una persona, que en estos momentos ocupa un lugar importante en este país, me llamó por teléfono, y me dijo: ese libro es una de los regalos más lindos que me han hecho, solo lo podías haber escrito tú, porque tiene todo con todos. Esa ha sido siempre mi preocupación: todo con todos.


«Eso te deja una base, que es un punto de partida.


«Yo recibí una herencia de un viejecillo entrañable, cuyo nombre está casi olvidado, que es José Antonio González. Él me dejó a mí las bases. Yo las aproveche. Pero cuando miro el Ballet de Cuba, miro sus figuras, veo la carrera de Alicia, la de Alberto, la de Fernando, las cuatro joyas, las tres gracias, los coreógrafos, cuando veo que todo eso lo pude plasmar en libros, pienso que es una fuente.


«Tan mala es la inmodestia, como la falsa modestia. Yo sé que he dejado libros muy valiosos, pero no porque los haya hecho yo, sino por la grandeza que tiene lo que yo he recogido. Mi tarea ha sido estar al lado de eso. ¿Qué me hace a mí un historiador sui generis? Bueno, pues muchos historiadores son muy buenos, se dedican a estudiar la industria azucarera, pero nunca han entrado a un ingenio. Y esos libros yo los he escrito desde dentro, yo soy un miembro de esta compañía. Yo he visto crecer a esos coreógrafos, a esos bailarines. Vi esa generación que entró en 1968, en el verano. Yo di mi primera conferencia aquí el 25 de septiembre de 1968. Así que desde esa generación, los he visto entrar a todos. Vi a las joyas hacerse las grandes figuras. Vi a las gracias alcanzar el sitial. He visto a generaciones completas de bailarines crecer. Yo he sido el cronista».


—¿Cuál ha sido el aporte de los tres fundadores de esta compañía a la cultura cubana?


—Yo soy una persona muy dichosa. Me gradué de historia, pero cuando vine para acá comenzó mi verdadera universidad, de la mano de Alicia, de Fernando y de Alberto. ¿Te imaginas tener el honor de que personalidades de ese calibre crean en ti? ¿De que te vuelquen todo lo que tienen dentro? Imagínate, que esas personas te den las razones técnica, estética y ética que tiene el ballet en Cuba…


«Alicia, Fernando y Alberto son los cimientos del ballet en Cuba. Lucho mucho, como fruto de mis investigaciones, por romper la parcelación del rol de ellos en la historia. Es falso (y solo lo sostiene la persona que no conozca la historia) eso de que Alicia es solo la gran bailarina, que Fernando es solo el gran maestro, de que Alberto es solo el gran coreógrafo… Es una limitación de la grandeza de los tres.


«¿Alguien puede decir que Alberto Alonso, el director de la Escuela de Ballet de Pro Arte, desde 1941 hasta 1961, que ha sido maestro en el teatro musical, que formó a Josefina Méndez y a Loipa Araújo, no fue también un gran maestro? Fernando también fue un bailarín, y fue una persona que traspasó sus vivencias. Él sabía mucho de kinesiología y de los músculos, pero lo sabía sobre todo porque lo había sentido en carne propia.


«¿Y Alicia? ¿Qué decir de Alicia? Claro, el salón de clases sobre todo lo tuvo Fernando, pero no solo se es maestro cuando das una cronología o una clase, sino cuando se ofrece un ejemplo. Y Alicia hizo eso e hizo más, lo hacía en cuando hacía correcciones a los demás bailarines, cuando ofrecía lecciones de estilo…


«Creo que lo más bonito que hay sobre esto se lo oí a Fernando Alonso. Un día de esos, al escuchar esas polémicas de la gente amante de las comidillas (yo siempre he estado en el partido de los que unen), Fernando dijo: ¿saben quién hizo el Ballet Nacional de Cuba y la Escuela Cubana del Ballet? Los hicieron el pueblo cubano».  

Visto 294 veces Modificado por última vez en Miércoles, 26 Septiembre 2018 08:41

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