miércoles, 26 septiembre 2018, 08:24
Domingo, 09 Septiembre 2018 04:54

Palestina: Para perpetuar la separación

Escrito por  Arnaldo Musa/Cubasí
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Los palestinos continúan resistiendo la agresión israelí Los palestinos continúan resistiendo la agresión israelí

Nunca antes se ha sentido tan seguro el Estado sionista para llevar a cabo, con el apoyo del imperialismo occidental, su viejo proyecto de destruir el nacionalismo árabe y palestino 



La destrucción del 80% de la infraestructura industrial de Gaza por la maquinaria de guerra de Israel, así como la intensificación del bloqueo sionista apagan una de las pocas noticias agradables en referencia al problema palestino, cuando el actual gobierno paraguayo regresó a Tel Aviv la embajada que el anterior había trasladado a Jerusalén, santificando la política sionista de aplastar los derechos del sufrido pueblo, al tiempo que revelaba los “afectivo$” lazos con la punta de lanza del imperialismo en el Medio Oriente.

Asunción justificó la medida en concordancia con el anunciado propósito de Naciones Unidas para resolver el conflicto, provocando la molestia de Washington, cuando estaba en su apogeo el desborde de Trump en la región mediooriental para hacer prevalecer el plan que elucubró al respecto, dado a conocer en junio y que ahora trata de aplicar.

El punto más destacado del plan es el que dice que Egipto renunciará a 720 kilómetros cuadrados de la península del Sinaí en favor de los palestinos, a cambio de compensaciones territoriales de Israel a Egipto en el desierto del Negev, así como otras contrapartidas de carácter eminentemente económico.

Los 720 kilómetros cuadrados a los que Egipto renunciaría tienen la forma de un rectángulo y están pegados a la Franja de Gaza, llegando hasta la ciudad de Al Arish, en la costa mediterránea de la península egipcia. Este sector se anexaría a la Franja de Gaza en contrapartida por el territorio de esa zona que se quedaría Israel.
Según el plan de la Casa Blanca, esos kilómetros cuadrados que se anexarían a la Franja de Gaza se corresponden exactamente con el 12% del territorio de Cisjordania controlado por Tel Aviv.

Egipto, por su parte, recibiría de Israel 720 kilómetros del desierto del Negev, aunque a cambio podría optar por compensaciones de otro tipo, básicamente económicas.

Pero mientras EE.UU. envía sus mensajeros a Arabia Saudita y Qatar para que contribuyan a financiar su proposición, ambas partes palestinas, la Autoridad Nacional Palestina y Hamas, señalaron que lo que pretende Washington es perpetuar la división y eliminar la resistencia a la ocupación sionista.

De hecho, la administración estadounidense repite lo que dicen los colonos judíos a los palestinos: acepten el apartheid y la economía les irá bien. Y es que al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, le importa un bledo que haya un plan, sea el que sea, de modo que cuanto más tarde mejor, porque él seguirá confiscando tierras y construyendo en las colonias judías.

Además, lo que ciertos medios favorables a Trump calificaron como el “acuerdo del siglo”, prevé una Palestina desmilitarizada en la que Israel controlará las fronteras y el espacio aéreo, es decir una situación similar a la que ya existe, en la que los palestinos están aislados en reservas pequeñas similares a las del apartheid de Sudáfrica.

Nabil Abu Rudeineh, portavoz de Abbas, acusó a la administración estadounidense de trabajar con Israel para separar Gaza de Cisjordania bajo la apariencia de una “ayuda humanitaria o rehabilitación”, con el objetivo de destruir la batalla destinada a poner fin a la ocupación y establecer un Estado palestino.

Y es que la administración estadounidense lanzó esta propuesta similar a la del ex presidente del Consejo de Seguridad Nacional israelí, Giora Eiland, para crear la base del Estado palestino en Gaza, así como el establecimiento de un puerto y un aeropuerto en la península egipcia del Sinaí, mientras otorga a Cisjordania poderes civiles más amplios, pero no el control de seguridad. El liderazgo palestino rechazó este plan en ese momento.

Subrayo: a Netanyahu no le complace el asunto, porque está haciendo lo que quiere y solo busca librarse de obstáculos para seguir destruyendo a gobiernos no afines de la región.

Nunca antes se ha sentido tan seguro el Estado sionista para llevar a cabo, con el apoyo del imperialismo occidental, su viejo proyecto de destruir el nacionalismo árabe y palestino y obligar al mundo árabe a aceptarlo. La “Hoja de Ruta” exige de hecho no sólo la capitulación política, sino también ideológica ante el sionismo.

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