lunes, 23 septiembre 2019, 15:41
Sábado, 08 Septiembre 2018 04:31

Chucho Valdés y Patricia Sosa, el Gran Rex de Buenos Aires a sus pies

Escrito por  Maylin Vidal / PL
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De La Habana a Buenos Aires, el maestro cubano Jesús ''Chucho'' Valdés y la argentina Patricia Sosa sacudieron a un teatro Gran Rex que se rindió a los pies de estos dos grandes.



De La Habana a Buenos Aires, el maestro cubano Jesús ''Chucho'' Valdés y la argentina Patricia Sosa sacudieron a un teatro Gran Rex que se rindió a los pies de estos dos grandes en un concierto para la historia.


En Cuba debutaron juntos en agosto en un espectáculo a lleno total, pero aquí era completar ese círculo mágico que comenzó un día gracias a una taza de café que el gran jazzista derramó sobre su camisa por accidente mientras se encontraba de visita en un comercio local de esta capital.


Fue entonces en busca de una nueva y cuando entró a la tienda quedó flechado por la voz dulce y mágica que sonaba en el lugar, esa voz que finalmente quiso el destino se fusionara con su piano en Once: un concierto para dos, el CD en el que estas dos figuras unen talento para homenajear a la música cubana de la década de 1930 y 1940.


Una presentación acariciada por ambos y sellada la víspera en esa Buenos Aires donde Valdés escuchó a Patricia por vez primera y luego hicieron magia en sus estudios de Málaga.


El ciclo llegaba la víspera a su destino inicial y los argentinos lo vivieron intensamente en este concierto único, en esa especie de hechizo que une a los dos países hermanos.


Los adjetivos sobran para describir lo sucedido en el Gran Rex, en el corazón de esta capital, donde más de tres mil personas latieron con cada descargada del multipremiado jazzista y la dulce e intensa voz de Sosa.
Las ovaciones una y otra vez, la noche de la víspera fue para muchos inolvidables.

Energía y sentimientos en cada número de una Patricia que desplegó toda su potencia en piezas como Ningún amor es perfecto, Ya no me dueles, Envidia y la hermosa Allí, acompañada en perfecta armonía con un piano excepcional, reverenciado en los más grandes escenarios del mundo y hoy nuevamente en la idílica Argentina.


Ambos apoyados por una banda en la que brillaron dos de los músicos de esa camada nueva de la isla caribeña, el baterista Rodney Barreto y el percusionista Yaroldy Abreu.


Letras profundas, melódicas, llenas de amor y nostalgia, una voz apasionada, un piano con un gran maestro universal que ha enaltecido por años la cultura latinoamericana fueron el complemento de una velada perfecta.


Una emocionadísima Patricia se tocaba la frente, se limpiaba el rostro húmedo por las lágrimas que le corrían, Chucho, impecablemente de traje negro, agradecía, el público le respondía con arengas y cánticos, las palmas retumbaban.


Y el cierre no podía ser menos. Valdés acomodó nuevamente sus largos dedos sobre las teclas blancas y negras de las que ha sacado magia toda su vida. Patricia agarró el micrófono para entonar la última pieza: la emblemática Lágrimas negras, los asistentes deliraron hasta el fin y los despidieron con la más grande de las ovaciones.

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