domingo, 19 agosto 2018, 14:50
Jueves, 09 Agosto 2018 05:46

Peces en el jamo miamense: Duque, el corcusidor

Escrito por  Arnaldo Musa/Especial para CubaSí
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Donde primero celebró su victoria, junto a Uribe, fue en Miami, junto a la gusanera de origen cubano, así como venezolana, a la que prometió que no soportará «una dictadura en Venezuela».

Iván Duque ha repetido nuevamente en la asunción de su mandato que aspira a ser el presidente que haya unido a Colombia, y que para ello reparará los entuertos de la anterior magistratura, como si hubiera habido un real cambio de poder, cuando los ricos intereses que predominan se condolieran de la numerosa pléyade de mendigos casi desnudos y niños casi muertos que se encuentran durmiendo junto a los umbrales de las puertas de los millonarios detentadores del poder real.

Aunque ha tenido que moderar el estilo de su discurso, no ha variado su intención de cambiar el que hubiera sido histórico acuerdo de paz entre el anterior gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, para complacer a jefes militares que se opusieron a algunos de sus términos, no sé el porqué de tanto enfado, cuando el evento consiguió desarmar a una guerrilla de más de medio siglo, circunscribirla a zonas donde las fuerzas militares no impiden y colaboran con los paramilitares que hacen horrores y deshacen impunemente vidas de exguerrilleros y líderes sociales de todo tipo.

Dice que enmendará errores de la anterior gestión, pero lo cierto es que en la forma que pretende gobernar en la actual Colombia es como corcusir o llenar a fuerza de puntadas mal hechas los huecos, que subsistirán y serán cada vez mayores.

Como recordarán, la unión de todas las fuerzas de la derecha, incluida el del supuesto detractor presidencial, Juan Manuel Santos, hizo que no hiciera mucha falta el acostumbrado robo de sufragios para darle una votación histórica de más de diez millones en una segunda vuelta, aunque también resultó sintomático que la izquierda apoyara con ocho millones a Gustavo Petro, quien hoy se encuentra enfrascado en una marcha nacional para que no fallezca el acuerdo de paz semidestrozado por la ultraderecha.

Cierto, hay una parte de Colombia donde los males sociales son menores, hay grandes entradas de recursos por rubros comerciales que van desde las esmeraldas hasta las flores, pasando por entradas millonarias de las siete bases otorgadas a Estados Unidos y el narcotráfico cada vez más fuerte, que enriquece a latifundistas y sostiene ejércitos particulares, dirigido principalmente por elementos mafiosos que se mueven dentro del territorio norteamericano.

Quizás tengamos a la vista esa maravillosa Colombia de los juegos barranquilleros, de la hospitalidad y el buen trato, con un papel local airoso, solo superado por el esfuerzo final de los cubanos y el sorprendente y triunfante de los mexicanos.

Duque, a quien creía —confieso— mal orador, sabe dirigirse a las masas, a las que convence lamentablemente en muchos aspectos, como en aquello de que gobernará sin la sombra uribista —como se le endilga con justicia— y adoptará un estilo independiente.

Pero donde primero celebró su victoria, junto a Uribe, fue en Miami, junto a la gusanera de origen cubano, así como venezolana, a la que prometió que no soportará «una dictadura en Venezuela», antes de que el ahora exmandatario Santos anunciara que los días de Maduro estaban contados, conociendo aparentemente el intento de asesinato del Presidente de Venezuela, en el que se utilizaron drones y mercenarios organizados en territorio colombiano.

Del corcusidor Duque habrá más que escribir, y no nos extrañemos de que, pese a los cuidados del Imperio, se vaya por uno de esos agujeros imposibles de eliminar.

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