sábado, 17 noviembre 2018, 14:45
Sábado, 07 Julio 2018 18:05

Rusia 2018: Inglaterra y Croacia se citan en semis

Escrito por  Harold Iglesias Manresa / CubaSi
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Emociones destiladas hasta el último penal cobrado por Iván Rakitic y una arena Fisht de Sochi hecha un verdadero manicomio.



Emociones destiladas hasta el último penal cobrado por Iván Rakitic y una arena Fisht de Sochi hecha un verdadero manicomio. Esas impresiones me dejó el juego entre Croacia y la anfitriona Rusia en el epílogo de los cuartos de final, definido a favor de los croatas en penales 4-3, luego del abrazo a dos en el marcador.

El duelo se jugó de poder a poder, con los croatas evidenciando mayor calidad y controlando el balón en el medio campo, amparados en el binomio Modric-Rakitic; y los locales en espera de una brecha para lanzarse a la contra, con Cheryshev y Dzyuba en calidad de referentes artilleros.

De vértigo pueden calificarse los primeros 15 minutos de partido, con ir y venir, balones filtrados por las bandas, velocidad ofensiva como divisa. Rakitic la pudo anidar desde el borde del área, pero su tiro libre se fue por encima de Akinfeev.

Llegó la calma en lo adelante pero hacia el 30 nuevamente apareció Dennis Chershev. El del Villareal se gastó una jugada digna de quien crece con el fútbol en los genes sacó un zurdazo cruzado que significó el 1-0 parcial. Subasic se lanzó, pero nada pudo hacer.

Croacia se lanzó por la igualdad y la halló en un contragolpe. Mandzukic, como suele hacer en Italia, desbordó por la izquierda, le sirvió un balón de ensueño a Kramaric, y su cabezazo marcó el abrazo.

Así se mantuvo el encuentro, que veía consumir el reglamentario con una guerra campal de físico y desgaste en la cual los croatas se volcaron a la ofensiva, generando oportunidades que no cuajaron.

Se inició el tiempo extra y con él estuvieron a punto los dioses de premiar a los balcánicos, cuando la testa de Vida halló vía expedita en medio de un mar de piernas. Corría el 99, pero el drama aún tenía mucho que regalar.

De devolver el golpe se encargó el brasileño nacionalizado ruso Mario Fernandes, igualmente poniendo la segunda paridad con su cabeza, luego de anidar el centro por derecha que le puso Dzagoev.

El clímax de tensión suprema llegó con los penales: Subasic le paró un dulce a Smolov, Akinfeev hizo lo mismo con Kovacic, y Rakitic puso la sentencia.

Verdaderamente ganó el mejor once, el de mayor calidad, Croacia. Del lado opuesto Rusia se despide erguida, en calidad de excelente anfitriona, llegando a una instancia que nunca había osado acariciar como país. El recuerdo más grato databa de 1986, como la extinta Unión Soviética.
 

Inglaterra no da margen a dudas


Es Inglaterra junto a Francia el único país de los que queda con vida que conoce lo que es alzar la Copa Mundial de la FIFA. Con esa filosofía, fieles a sus planteamientos de siempre, y con una generación talentosa de jugadores salieron a liquidar el choque frente a los rocosos suecos.

De veras rocoso se comportó el duelo, no había fisuras, los suecos se multiplicaban, manteniendo su esquema de bloque. Hasta que el zaguero Maguire clavó un testarazo sobre córner, haciendo valer sus 1.94 metros, en su quinto acto con la selección.

Suecia hizo cuanto estuvo a su alcance, echó mano a sus recursos, que no fueron muchos, los que poseía… Sin embargo, los Leones Rosa eran superiores, ganaban en velocidad, tocaban con mayor precisión, con Dele Ali, Lingard, Kane y Sterling en calidad de pesadillas.

El propio Ali puso el segundo, ganando las espaldas de sus marcadores y cabeceando a placer un centro dibujado desde el borde derecho del área.

Se reencuentran con las semifinales luego de 28 años de ausencia a esa instancia, cuando en 1990 sucumbieron en penales ante Alemania.

Los ingleses no habían anidado nunca en Mundiales dos balones de cabeza, como tampoco los habían recibido jamás los suecos.

Mención especial para Pickford. El arquero inglés protagonizó tres paradas medulares, que bien pudieron haberle cambiado la tónica al encuentro.

Del lado opuesto, Forsberg, genio y cerebro creador de los nórdicos, no se mostró al nivel exhibido por él en octavos y se despide con una imagen grisácea de rendimiento. En cambio los suecos, llegaron realmente hasta donde sus recursos se lo permitieron. Las palmas para ellos, que sin poseer una generación como la de Henrik Larsson y compañía llegaron hasta donde le dieron sus virtudes, sin extrañar en demasía a su cañonero Slatan Ibrahimovic.

Queda servido el manjar de semis, a razón de Francia-Bélgica, e Inglaterra-Croacia. En mi modesto juicio debe alzar la Copa el que emerja vencedor entre galos y Diablos Rojos.

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