martes, 17 julio 2018, 10:57
Lunes, 18 Junio 2018 05:46

No hubo “milagro”: La derecha más dura gana en Colombia

Escrito por  Arnaldo Musa/Cubasí
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Iván Duque acaba de ganar este domingo las elecciones presidenciales en Colombia


Iván Duque, un individuo sin experiencia política alguna, con problemas para comunicarse y con el enorme problema de estar bajo el ala del ex presidente Álvaro Uribe, acaba de ganar este domingo las elecciones presidenciales en Colombia, contando con la unidad total de la derecha, el fraude reportado –no investigado- en más de 800 mesas de votación, la compra millonaria de decenas de miles de cédulas y el apoyo paramilitar en 237 municipios del país calificados de “en riesgo” por esa condición.

Si a eso se unen la “benevolencia” de dejar hacer por autoridades electorales, la apatía política de un 56% del electorado que no acudió a votar y el odio ciudadano a todo lo que huela a política, se explicaría el amplio margen de Duque, 53,95% de los votos, por 41,73% del representante de la izquierda, Gustavo Petro, quien vio mermadas sus posibilidades por la decisión de otros supuestos oponentes del uribista de llamar a votar en blanco, además de hacer efecto la campaña del miedo montada en su contra por los principales medios de información al servicio de la oligarquía y los mecanismos que entronizan el neoliberalismo en el país.

Iván Duque tendrá que afrontar la tensión sobre cómo va a manejar el respaldo del ex presidente Álvaro Uribe Vélez y manejar, las fuerzas ultraderechistas del Centro Democrático, los acuerdos de paz, (ahora habla de “reformas”, no de anulación), la reforma a la justicia para que no nos lleve a una Constituyente.
Esto haría efectivas las demandas sociales de que se apruebe la implementación de la reforma agriaría y se elimine la corrupción, algo imposible por los elementos que se mueven a su alrededor y su propia condición de defensor del neoliberalismo a ultranza.

REFLEXIONES

De todas maneras, la izquierda y las fuerzas progresistas que se pueden agrupar en torno a ellas, están decididas a formar un bloque, y buscar la forma de proteger la vida de los ex integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionaras de Colombia (FARC), que están siendo asesinados sistemáticamente, además de líderes sindicales y campesinos.

En el bloque progresista hay que tener cuidado con las fuerzas que se integren a él, debido a las muchas sospechas acerca de líderes que desvían los votos de la izquierda y luego coinciden con los deseos de la derecha.

Recuerden que en la primera vuelta, luego de darse las cifras donde Colombia Humana, de Petro, y la Coalición Colombia (CC) obtenían una suma superior a la derecha liderada por Iván Duque, el líder del movimiento alternativo CC, Sergio Fajardo, en vez de llamar a la unidad de todas las fuerzas anticorrupción y por la justicia social, insistió en votar en blanco y la importancia de éste para no apoyar ningún modelo, lo que debilitó significativamente la corriente democrática.

Muchos analistas habían advertido a la Alianza Verde y al Polo Democrático, integrantes de dicha coalición, que este candidato había sido impulsado por Álvaro Uribe (ideólogo de la corriente derechista), y que le exigiría una compensación, que era dividir el impulso democrático. Este hecho, independientemente de las razones expuestas para informar de su posición en blanco, no tiene sustento alguno cuando en Colombia la lucha es entre un proyecto por la paz y otro que hará trizas los esfuerzos en este sentido, amén de privatizar los recursos de la nación.

Hay que reconocer que mientras la izquierda exhibe debilidades, la derecha posee una unidad más fuerte, pues todos aquellos que criticaron absolutamente a Álvaro Uribe se unieron, olvidando sus diferencias y teniendo claro que mantener el poder por siglos es su necesidad. Así, la ultraderecha vinculada a Andrés Pastrana, César Gaviria y Vargas Lleras, entre otros, se fusionaron para avalar la candidatura de Iván Duque como su representante.

Cabe destacar que este modelo de sociedad neoliberal tiene en Colombia casi todo el poder legislativo a su servicio (de cada 100 representantes, 85 son suyos); los alcaldes suman más del 90% y son los que mueven las votaciones a nivel nacional; el total del dinero preciso para transportar votantes, dar alimentación, entregar propaganda, pagar funcionarios voluntarios, etc., es de disposición completa, dado que son financiados por la oligarquía. En síntesis, miles de millones de pesos para el proceso “dinámico”.
Además, el voto de opinión es movilizado a través de los recursos de cada elector, lo que hace muy difícil su desplazamiento en el campo, lugares alejados, incluso en la misma ciudad, donde el sueldo o los ingresos no alcanzan para una movilización de este tipo.

Se agrega que en Colombia no existe libertad de información. Todos los medios televisivos, radiales y escritos son propiedad de seis familias, es decir, están plenamente a su servicio y desarrollando una política férrea en favor de su representante. La propaganda del terror a la población ha sido constante, acusando a Gustavo Petro de ser guerrillero, de que traerá a Venezuela a Colombia, a que quitará los subsidios a los pobres, ancianos, etc., con el fin de hacer de la mentira un miedo inconsciente. Algunos sectores informativos pequeños intentan hacer de la comunicación veraz un campo de conocimiento, pese a los obstáculos e incluso el cierre de emisoras comunitarias.

De todas maneras, la izquierda tuvo por primera vez un candidato vivo (ya que siempre han sido asesinados) y, a ´pesar de la tormenta que se avecina, siempre queda la posibilidad de que se obligue a condiciones igualitarias para todos los candidatos.

Mucho más hay que decir de esta Colombia tan rica en recursos, pero también millonaria en carencias, el segundo país latinoamericano en el triste reinado de la desigualdad.

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