miércoles, 21 noviembre 2018, 13:49
Domingo, 10 Junio 2018 06:27

Colombia, el 17: ¿Se hará justicia?

Escrito por  Arnaldo Musa
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No falta mucho para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia, en la que por primera vez concurrirá un representante de izquierda que logró clasificar.

No falta mucho para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia, en la que por primera vez concurrirá un representante de izquierda que logró clasificar, pese a fraude evidente para impedirlo, pero no admitido por los círculos derechistas que controlan el sistema.

El sistema electoral colombiano es uno de los más atrasados del mundo y también uno de los más corruptos existentes en las denominadas democracias liberales, que devienen o ya son dictaduras y tiranías oligárquicas.

El candidato que presenta el triunfante uribismo de la primera vuelta, Iván Duque, fue protegido por la abierta compra de votos por verdaderas compañías ilegales que funcionan en cada proceso electoral colombiano, además de que en varios municipios elementos militares fueron los que controlaron la votación, y esto no fue admitido nunca por las autoridades.

Asimismo, la posibilidad de la permanencia de la derecha en el poder se agiganta, al no recibir el izquierdista Gustavo Petro el apoyo del socialdemócrata  Sergio Fajardo, aspirante que ocupó el tercer lugar en la primera vuelta. Este se vanaglorió de haber recibido el apoyo de más de cuatro millones de votantes, e indicó su aspiración presidencial en futuro comicios.
No obstante, algunas agrupaciones de centro que apoyaban a Fajardo, han decidido votar por Petro.

Algunos analistas consideran que aunque Petro sea derrotado, podrá preparar las condiciones para la próxima cita del 2022, y ofrecer una opción constructiva, así como flexible y firme al mismo tiempo,  aprovechando los errores del seguro ganador fraudulento Duque, pero olvidan que además de que faltan cuatro años, al dirigente de izquierda, un ex guerrillero y ex alcalde exitoso de Bogotá, se le ha intentado asesinar, por lo cual tiene la vida pendiente de un hilo.

En Colombia, desde siempre, las elites dominantes han resuelto a su favor las competencias electorales por los cargos de representación mediante el asesinato de los candidatos de la oposición al sistema, como ocurrió con Gaitán, Galán, Leal y Jaramillo; o mediante el más descarado fraude en las votaciones como sucedió en 1970 y en todos los procesos similares hasta el día de hoy. ´

El escoger parlamentarios se convierte en el más aberrante mercado de compra y venta de votos y de curules, como reflejo del control absoluto de las castas politiqueras de los principales órganos del sistema nacional electoral.

Las más recientes votaciones parlamentarias del 11 de marzo también mostraron el lado oscuro de ese tipo de comicios, con centenares de denuncias en los escrutinios para favorecer a las vacas sagradas del uribismo.

Todo esto se intentó reformar recientemente como parte de los acuerdos de paz, pero la casta del poder legislativo y el Ejecutivo bloquearon su trámite como ha ocurrido con la reforma agraria y la reintegración de los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Y a pesar de los asesinatos de líderes sindicales y ex guerrilleros, por el resquicio de la disminución de la violencia política –que continúa, subrayo- permitió el auge de la candidatura de Petro, quien siempre ha tenido a los medios de comunicación en su contra. De ello se benefició Fajardo, pero su ambigua actitud, de no cambiarla a última hora, facilita el camino al candidato del uribismo.

De todas maneras, el que solo existiera cierto entusiasmo popular, desencadenó acciones oficiales y del ex presidente Uribe Vélez para contrarrestarla, lo que, obviamente, precipitó el recurso de trampas y maniobras para mantener el control del gobierno a como dé lugar.
Un paso clave ejecutado en ese sentido es la manipulación y alteración del software de la Registraduría electoral para programar un resultado favorable a Duque, en perjuicio de Petro, principalmente.

Pero ni esta denuncia ni el amañamiento en las propias mesas de votación fueron admitidos por las autoridades electorales, quienes solo señalaron algunas boletas con renglones tachados y otras cuestiones de poca monta, para decir descaradamente que los errores no siempre son fraudes.

Agréguese que el Registrador nacional, uribista y sindicado como protector de los paramilitares, ordenó eliminar el logo de Petro Presidente del Tarjetón electoral, con el fin de propiciar el error en el voto a favor de Vargas Lleras o Duque. Petro ya había denunciado que el gobierno de Santos bloqueó la presencia de una comisión técnica  independiente proveniente de Europa, reconocida por su gran experticia en la detección de fraudes en votaciones.

Otra maniobra del fraude la están gestionando gobernadores y alcaldes del país. Los casos más descarados son los de la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, ligada a elementos del narcotráfico; la situación de la Costa Caribe en manos del clan mafioso de los Char, dueños de los puertos marítimos de la región por donde sale la mayor carga de narcóticos; y la acción del gobernador Rey, de Cundinamarca, quien controla los denominados Planes de Ordenamiento Territorial para provocar alzas descomunales en los precios de las tierras de grandes terratenientes urbanos.

Y esto es solo una pequeña parte del panorama en que se desenvolverá la segunda y última vuelta electoral para elegir al nuevo Presidente de Colombia, que tiene como buen aperitivo que la izquierda presenta un candidato al que le falta un mayor apoyo del centro vacilante (¿miedoso?), necesario para mejor enfrentar el  amañamiento que se espera repita en mayor grado la derecha y su parafernalia uribista y proimperialista.

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