jueves, 24 mayo 2018, 20:53
Viernes, 18 Mayo 2018 04:36

Buenos Aires despide con ovación al Buena Vista Social Club

Escrito por  Maylín Vidal / PL
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Suenan los acordes del piano de Rolando Luna, el público agita palmas y salen a escena los músicos en un desbordado Luna Park que se rindió aquí ante la orquesta cubana Buena Vista Social Club en su despedida.



Los adjetivos sobran para describir lo sucedido la víspera en ese emblemático escenario, donde más de nueve mil personas ovacionaron a la agrupación una y otra vez, un público cómplice que cantó, bailó y fue feliz por más de dos horas en una velada que para muchos quedará para la historia.

Buenos Aires los acogió como en casa, con un sentimiento entre felicidad y tristeza de saber quizás -como uno de sus grandes boleros-, que este pueda ser el último concierto del Buena Vista, que se despide en su gira Adiós Tour, con la que recorren más de 10 países y llegan al país bajo Nuevos Aires Producciones.

La fría noche se calentó dentro del Luna Park y no podía ser mejor: la cadencia del bolero fue elevando con una combinación explosiva de talento, energía y fuerza la fiesta que se avecinaba.

Con la potencia y claridad de su voz, y un registro que hacía vibrar al teatro, irrumpió el sonero Carlos Calunga, y le siguió, con la versatilidad, carisma y su voz visceral la joven Idania Valdés para interpretar el clásico Bemba colorá.

Era la arrancada perfecta para una velada que transportó por unos instantes La Habana a Buenos Aires, con su sabor, sus cantares, su ritmo, su identidad. Muchos, inquietos y deseosos de bailar, no se sentaron y movieron las caderas al compás de las raíces cubanas, esas que llevan en alto el Buena Vista a donde quiera que va.

Hace dos años tuvimos el placer de estar aquí con un coro muy bello y hoy quiero que nos acompañen, expresó a los porteños Valdés, escoltada por un público fiel. Luego dio entrada a uno de los momentos más especiales de la velada, la actuación de una de las leyendas de la orquesta, Eliades Ochoa, recibido de pie.

Con su impecable atuendo negro y su infaltable sombrero, Ochoa puso a gozar al Luna Park con 'A caballo vamos pal monte'. Sabíamos que íbamos a pasar una noche feliz al lado de una familia especial, expresó el guitarrista y arropado por las palmas entonó magistralmente su ya clásico Píntate los labios María.

Ochoa dejó espacio a un mágico duelo, una deliciosa descarga entre el pianista Rolando Luna, el bajista Gastón Joya, y otro veterano de la orquesta, el gran laudista Barbarito Torres. Entre ovaciones, se fueron sumando el ritmo de la tumbadora de Ángel Terry, el bongó de Andrés Coyao y el timbalero Filiberto Sánchez, todos bajo la dirección del brasileño Swami Junior.

Pero lo mejor estaba por venir. Junior agradeció la oportunidad de dirigir la orquesta y fue el encargado de presentar a la voz de Cuba, a la diva, a la gran Omara Portuondo, que, con una sonrisa, agradeció la ovación cerrada que le brindaron los argentinos para entonar Lágrimas negras. Luego le siguieron Veinte años, Bésame mucho y Quizás.

El delirio se sentía en el teatro y regresó Eliades. ¿Cómo está el ambiente?, preguntó y los presentes respondieron al unísono 'bueno'. Una voz, más allá, contestó a todo pulmón en alto 'Si esta Cuba, está bueno'. Viva Cuba, gritaron todos.

Ochoa interpretó Estoy como nunca. Llegaría entonces el homenaje a uno de los grandes del Buena Vista, Compay Segundo, con la interpretación de uno de los temas devenido clásico dentro de esa orquesta, el Chan Chan.

Las palmas se agitaron con El cuarto de Tula y una descomunal actuación de Barbarito Torres tocando el laúd a su espalda. Del otro lado los dos trompetistas Harold Madrigal y Roberto García hicieron sonreír con sus bailes y sus magistrales interpretaciones.

En el final, todos juntos, entonaron otra canción. Sobre el escenario las banderas de Cuba y Argentina unidas.

Buenos Aires los amó, el Luna Park se rindió a sus pies, y el Buena Vista Social Club se despidió por todo lo alto con la esperanza, para muchos, de volverlos a ver otra vez.

'Ha sido espectacular, no sabía si sacar fotos, bailar y hacer todo al mismo tiempo, fue una fiesta, fuimos testigos de este momento', expresó a la salida del teatro a Prensa Latina una joven que se notaba visiblemente emocionada.

Esta música es inevitable que te hermane, cuando vi a Omara sobre el escenario me deslumbró, una mujer que es grande en toda la extensión de la palabra. Lloré, me emocioné, agregó por su parte otra espectadora.

Feliz, la joven cantante Idania Valdés declaró a Prensa Latina al término de la velada que toma prestadas las palabras de Eliades para expresar que 'no decimos adiós sino un hasta luego'.

Buena Vista Social Club es la bandera de la música cubana, siempre va a estar, tomaremos resecos porque todos tenemos proyectos independientes pero siempre estará presente en los corazones de los argentinos y de todos los latinoamericanos, remarcó.

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