Al salir de la operación, nadie le extendió el papelito que durante unos meses se estuvo entregando en dependencias del Minsap para recordar cuánto costaba al Estado este o aquel servicio médico, aun cuando resultara gratuito para la población.
Sin embargo, ella sabía que en otra latitud aquella cirugía mayor le hubiera costado muchísima plata; pero en esta islita del Caribe no tuvo que abonar ni un centavo a cambio de salvar su vida.
Un par de meses después de su exitosa operación, y luego de sistemáticas consultas postoperatorias, regresó al hospital para entrevistarse una última vez con la cirujana y recoger su alta médica.
A la hora exacta en que usualmente está programada la consulta, la doctora entró por el pasillo. Ante la puerta aguardaba una veintena de pacientes ansiosos y estresados por el calor, la falta de iluminación, de ventilación y de asientos.
Además de esta experimentada galena —también profesora—, atenderían pacientes en el mismo local un par de doctores más y varias enfermeras.
Pero nada pudo empezar.
Al abrir la puerta, la doctora constató tanta suciedad en el local, que no sería posible dar allí ningún servicio hasta que el personal de limpieza del hospital lo higienizara.
Con cuidada cortesía, la cirujana explicó la contingencia a quienes aguardaban, les ofreció disculpas y la garantía de que todos serían atendidos con independencia del horario.
Cerca de una hora después, todo pareció volver a la normalidad. Todo, o casi todo. Porque un grupo de profesionales y técnicos de la salud había acomodado sus planes para cumplir con los pacientes, con sus deberes laborales. Un numeroso grupo de pacientes, algunos sintiéndose mal, se había levantado bien temprano y no pocos hasta madrugado, para estar entre los primeros.
No les importaba ese esfuerzo, perder un día de trabajo, ajustar un bulto de detalles, fajarse con guaguas o pagar almendrones, con tal de recibir esa atención médica de calidad en la que confiaban.
Y era una confianza bien fundada porque años de estudio y de superación postgraduada, de entrenamiento y experiencia, de exigencia y de profesionalidad, avalaban el quehacer de esos trabajadores de la salud en cuyas manos ponían su bienestar y hasta sus vidas.
Pero no hicieron falta años de estudio ni madrugones ni desembolsos para echarlo todo por tierra en un segundo que, a la vez, abrió la puerta al descontento, al malhumor, al estrés, y también al comentario mal intencionado, al que rebasaba el hecho en sí.
Mientras la señora limpiaba el local, me le acerqué discreta y le pregunté muy delicadamente por qué se había quedado así, sucio. Me explicó con gran familiaridad, como si hubiéramos sido amigas de toda la vida, que nadie quería limpiar por el salario que pagaban, y que a ella la habían tenido que ir a buscar a Cuidados Intensivos para que resolviera el problema de aquella consulta.
Evidentemente, la responsabilidad no era de esa señora bonachona y responsable. Pero algo supuestamente pequeño y sencillo como limpiar un local estaba echando por tierra la grandeza de la salud pública, su obra salvadora de vidas.
Otro tanto sucedía allí —y acontece en muchos otros lugares— con los turnos para reconsulta. La paciente protagonista de esta historia, absolutamente verídica, había tenido que esperar más en una inmensa cola delante del archivo, para sacar mensualmente cada turno de reconsulta, que el tiempo que demoró su propia operación.
Por qué no hay personal para la limpieza en un hospital donde se acometen complicados y costosos procederes quirúrgicos es algo que no puede responder este texto. Las soluciones a estas y otras paradojas similares que se repiten en nuestro escenario económico y social corresponde ofrecerlas a directivos; también a científicos, académicos y pensadores de diversas disciplinas.
Estas líneas solo buscan llamar la atención sobre el asunto y testimoniar cuánto dolor se siente al constatar cómo a veces propiciamos que los ratones cacen al gato, a ese que con tanto amor y esmero cuidamos.
Jueves, 07 Junio 2018 07:20
Cuba: Que el trapeador no desbarate lo que la ciencia hace
Escrito por Vladia Rubio/CubaSíA veces, pequeñas cosas pueden ensombrecer esas grandes que con esfuerzo construimos y nos enorgullecen.
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la falta de exigencia de los que dirigen que tampoco están estimulados salarialmente,
y es un mundo Globalizado donde los problemas se resuelven en la tienda, en el mercado donde los hijos cada vez exigen mas, donde cada dia hay que darles dinero para la merienda porque el almuerzo escolar es un desastre, naci en la decada del 70 del siglo pasado y vivimos otro mundo donde las condiciones eran otras, y donde las familias no estaban tan presionadas donde con 100 pesos se vivia un mes, y con 200 se mantenía holgadamente a una familia, se acabaron esos tiempos, y lastimosamente no hay rincón de Cuba que escape a tal problema, cuando resolveremos esta situación cuando tomaremos el rumbo del desarrollo, tendrá que ser mas temprano que tarde porque la vida es corta y aunque Gardel dijo 20 años no son nada ya son 28 desde el derrumbe mucho tiempo, demasiado.
La salud ha sido una conquista lograda en todos estos años de revolución, el sistema de salud cubano es reconocido en el mundo entero, ahora... de eso a que sea perfecto va un tramo enorme, y yo si creo que si algo debe funcionar "perfecto" en este país es precisamente la salud porque personal capacitado tenemos de sobra, es una lástima que cosas como estas que menciona el articulo y otras de las que no se habla, sucedan.
Por ejemplo:
No les ha sucedido que usted después de mucho batallar llega a la consulta y dentro hay tres o cuatro personas ajenas hablando de cosas que nada tienen que ver con la consulta, o llega la enfermera con alguna pacotilla que alguien está vendiendo, o sencillamente estudiantes de medicinas todos hablando por el celular?
Qué tipo de consulta es esa?
Creen ustedes que el médico puede dar un buen diagnostico bajo esas circunstancias?
Pónganse a pensar y respóndanme por favor!!
Te imaginas llegar al policlinico y no poder vacunar a la niña contra la alergia porque no hay jeringuillas subcutáneas.
Te imaginas no poder trasladar un enfermo con cáncer en estadio terminal y total postración desde su vivienda en un 4to piso para la casa de su hijo para una mejor atención y que el servicio de ambulancia no se preste en estos casos. No solo es el trapeador lo que nos está afectando.