lunes, 18 junio 2018, 05:56
Viernes, 16 Marzo 2018 05:19

Acoso Sexual: Entre la demanda justa y la «cacería de brujas»

Escrito por  Yuris Nórido/ CubaSí
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Celebridades acusadas por mujeres de acoso sexual Celebridades acusadas por mujeres de acoso sexual

Nada justifica el abuso sexual, el acoso siempre será condenable. Pero algunas campañas justas pueden ser sombrillas para ciertos fundamentalismos…

Hay que dejar algo establecido para evitar malentendidos: de ninguna manera se puede justificar el abuso sexual, en ninguna de sus variantes. Utilizar las prácticas sexuales como instancia de presión, para someter la voluntad de una persona, será condenable siempre.


Acosar sexualmente es éticamente reprobable, y puede llegar a constituir delito. Aprovecharse de una posición de superioridad puntual y efectiva para obtener satisfacciones ilegítimas es vergonzoso e indigno.


Una relación sexual (sea cual sea su naturaleza) debería ser fruto del consenso, del interés común de sus protagonistas.


El machismo ha instituido y «validado» actitudes que minimizan y menosprecian el rol de la mujer, que la circunscriben (a veces con toda intención, a veces sin clara conciencia de la circunstancia) a la condición de objeto.


En eso conecta con ciertos fundamentalismos, que proscriben libertades sexuales que son, indudablemente, derechos inalienables.


Los debates sobre estos temas, asumidos desde disímiles enfoques, están vigentes y son ahora mismo muy necesarios. La plenitud del ser humano debe ser la aspiración mayor de todo proyecto social. La lucha activa por esa plenitud, más que un derecho, es un deber.


Por eso las campañas contra la violencia de género, contra todas las expresiones de sometimiento y abuso, por la igualdad efectiva entre todos los individuos, deben formar parte de las políticas nacionales.


Establecida esta premisa, parece conveniente apelar al necesario rigor científico, al establecimiento de marcos legales contundentes, al imperio del sentido común. Porque lo cierto es que en ocasiones estas campañas pueden llegar a ser sombrillas de discursos francamente reaccionarios, regresivos, espuriamente interesados, lesivos a los más elementales derechos de todos.


Criminalizar algunas constantes de eso que llamamos «coqueteo» entre un hombre y una mujer (o entre dos hombres, o entre dos mujeres) por considerarlos formas de imposición o dominación más o menos sutiles, puede llegar a ser extremo.

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Michael Haneke, director de cine:  "Me preocupa este nuevo puritanismo, impregnado de odio hacia los hombres. Desde luego, cualquier forma de violación o abuso sexual debe ser sancionado, pero esta histeria y las condenas sin proceso a las que asistimos hoy me parecen repugnantes".


¿Hasta qué punto un piropo (que no sea una franca agresión, una grosería, una «invasión») puede ser considerado improcedente?

Habrá mujeres que, con todo su derecho, prefieran no ser piropeadas. Tienen el derecho de hacerlo saber. Los demandados tienen el deber (la obligación) de respetar esos términos.


Pero hay mujeres que disfrutan de un buen piropo, que los asumen como homenaje, que se sienten reafirmadas al recibirlo. ¿Significa eso que sean menos dignas? ¿Hay que condenar a todos los «piropeadores»? (Sin contar el hecho de que a estas alturas no pocas mujeres piropean a los hombres, sin que eso devenga problema social).

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La acrtiz francesa Catherine Deneuve es una de las firmantes del manifiesto en el que 100 escritoras, artistas y académicas francesas han mostrado su rechazo a la ola de denuncias que se desató a partir de la primera afirmación de que el productor de Hollywood Harvey Weinstein había violado y agredido sexualmente a muchas mujeres durante décadas. Aseguraron que esta “caza de brujas” pone en peligro la libertad sexual.


Vamos más allá: las sugerencias más explícitas, las demandas directas, las invitaciones al sexo. ¿Hasta qué punto son ilícitas?


Solo si implican actitudes de violencia física o psicológica.


Una mujer (o un hombre), asumiéndose en un plano de igualdad, puede rechazarlos o aceptarlos, establecer los límites.

Cuestionable sería que la otra persona no los respetara. Pero, ¿por qué condenar a priori ciertos rituales de la seducción?

Flirtear no es delinquir. La cuestión es no trascender los ámbitos del sentido común. Y esas fronteras, aunque puedan parecer confusas, existen. La responsabilidad de remarcarlas debe ser común.


En el contexto de las actuales campañas mediáticas y en las redes sociales en contra del abuso han salido a la luz situaciones bastante polémicas: algunas actrices denuncian que fueron presionadas para poder acceder a determinados papeles, que ciertos productores las instaron a que tuvieran relaciones sexuales con ellos para poder obtenerlos.


De acuerdo, vergonzosa e inaceptable la posición del productor. Pero si la actriz aceptó ese «trato», si sobrepuso su interés profesional a los traumas potenciales, esa circunstancia no la ubica en un plano «moral» muy superior.


¿Hasta qué punto valoró la posibilidad de rechazar la propuesta? Quizás denunciarla hubiera sido más complicado en aquellos momentos; probablemente el miedo hiciera lo suyo. Nunca es tarde para la denuncia oportuna, la injusticia no prescribe. Si hubo violencia, de cualquier tipo, procede. Pero hay que evitar la burda cacería de brujas, que se aprovecha de reivindicaciones legítimas para lucrar desde otros intereses.  


Algunas personas pueden llegar a asumir (lo han asumido, de hecho) que el mero hecho de tomar una mano (teniendo en cuenta, incluso, que es posible rechazar educadamente el gesto) es una muestra flagrante de agresión e imposición.


Es complejo el armazón de relaciones que se establecen entre dos personas, son disímiles y por momentos confusas las señales, las suposiciones.


Y si en lugar de un hombre lo hace una mujer, ¿es la misma ecuación? ¿Se puede ignorar que (afortunadamente) hay cada vez más mujeres en posiciones de poder, al menos en muchas sociedades contemporáneas? Seguramente hay hombres que se han sentido violentados y que por prejuicios (el machismo de nuevo haciendo de las suyas) callan ante el abuso. O asumen el tan llevado y traído «papel de hombre».


Evidentemente, el diálogo es el camino. Y también contar con un entramado legal sólido y coherente.


No se debería tomar justicia por mano propia. Denunciar y llevar al ostracismo a figuras reconocidas (o no), sin que medien procesos serios e indagaciones concluyentes, puede ser una injusticia. No es un tema que pueda ser tomado a la ligera, no se debería generalizar, tampoco debería ser instrumento de pura venganza.


Que conste: no se trata de restarle fuerza a un movimiento legítimo, no se trata de poner paños tibios al debate. Es cuestión de ética y coherencia, conceptos imprescindibles cuando se asume una causa de tal impacto social.

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Un colectivo de mujeres, entre ellas la actriz francesa Catherine Deneuve, publicó este martes una tribuna en Francia para "defender" la "libertad de importunar" de los hombres.

"Caza de brujas" parece ser el nuevo concepto favorito de los detractores del movimiento #MeToo, ese conjunto de demandas colectivas para acabar con las desigualdades laborales entre hombres y mujeres, así como la erradicación del abuso sexual.

Comentarios  

 
#4 Robert 19-03-2018 12:43
Bueno… las cosas no son tan simples. Decir cosas lindas a una mujer nunca será una violencia o acoso, al menos en nuestra sociedad, Claro hay otras idiosincrasias en ese tema también. Todo con mesura es aceptable pero lógicamente no cabe la grosería u otros métodos que determinen un acoso o molestia no deseada por la mujer. No creo necesario exagerar o extrapolar situaciones.
Creo un gran oportunismo hacer denuncias desfasadas en el tiempo y por supuesto desprovistas de las intenciones y otros factores del momento puntual. En el arte es muy sutil ciertas cosas y esta es una de ellas. Hacer una denuncia para una mujer es algo incómodo socialmente pero eso ha ido desapareciendo con el reclamo de sus derechos. Reclamos que deben ser fundamentados y oportunos y sin el más viso de con sensualidad oportunista para que la ley sea aplicada, que quizás fue determinante en el silencio.
Tampoco creo que la libertad sexual radique en permitir la violación o agresión. Siempre debe ser castigada tanto para uno u otro sexo.
En ese mundo de cualquier cosa se busca hacer propaganda, divulgación, y lo más interesante DINERO… llegar donde se quiere por cualquier vía o sino miren quienes son los violadores y a quienes violan. Seguro estoy que en los códigos penales de cualquier país esa figura delictiva se sanciona con arreglo a la ley.
 
 
#3 ricardo 17-03-2018 12:10
Concuerdo con el articulo estoy en contra de la violencia física y del acoso sexual, pero pienso que se debe analizar caso por caso ya que si se toma a la ligera dentro de poco no se va a poder hablar con una mujer porqué se puede correr el riesgo que uno vaya a parar a los tribunales por solo decirle un piropo
 
 
#2 Kike 16-03-2018 14:03
Tenemos los casos de jugadores de la NFL recientes como Ezequiel Ellioy y el dueño de los Carolina Panthers.

Visita nfl2016.cubava. cu
 
 
#1 Leu 16-03-2018 07:51
Todo tipo de abuso o humillación es condenable, lo que hicieron Weinstein o Spacey o Pollanski no tiene justificación, yo pregunto ahora por qué tanto cinismo, por qué no lo denunciaron antes, ahhh porque se trataba de peces gordos e influyentes y todos quieren una rebanada del pastel de Hollywood, a mi me parece un descaro total, meter una cacería de brujas no tiene sentido, ahora si un hombre mira a una mujer o le dice un elogio entonces vamos a acusarlo de abuso sexual
 

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