lunes, 21 mayo 2018, 10:44
Sábado, 10 Marzo 2018 10:20

Italia: Futuro gobierno entre transformistas, mafiosos y populistas

Escrito por  Arnaldo Musa/Especial para CubaSí
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El país donde siempre hay crisis política observa, por primera vez, como los tres principales bloques políticos dan muestras de una alarmante falta de capacidad para ponerse de acuerdo.

Los tiempos cambian también en Italia.

Para el 23 de este mes está señalado el inicio del contacto presidencial con las diversas fuerzas políticas que participaron en las recientes elecciones en Italia, y se augura que no habrá nuevo gobierno durante, por lo menos, tres meses, algo que no es nuevo en la tercera economía de la Unión Europea.

Y es que el voto de castigo y el auge de los partidos antisistema han dejado uno de los parlamentos más fragmentados de la historia del país. Las opciones son complicadas y abiertas a la inestabilidad.

Italia ha alumbrado un resultado electoral sin mayorías en que las fuerzas antiestablishment y euroescépticas suman la mitad de los votos. Pero como ambas se ven fuertes por separado, la posibilidad de que formen gobierno es remota.

El país donde siempre hay crisis política observa, por primera vez, como los tres principales bloques políticos -derecha, centroderecha y centroizquierda, este último con el Movimiento Cinco Estrellas (M5E)- dan muestras de una alarmante falta de capacidad para ponerse de acuerdo. Los tiempos cambian también en Italia.

La figura del presidente de la República, Sergio Mattarella, saldrá ahora de su habitual silencio institucional y dirigirá una complicadísima operación para lograr formar algún tipo de gobierno. M5E, el partido más votado (32,7% en la Cámara de Diputados) figura en todas las combinaciones. Pero en caso de que fallen los escenarios posibles, Italia volvería al voto en período corto de tiempo y se mantendría a flote con el Ejecutivo en funciones de Paolo Geniloni.

La opción preferida del Movimiento 5 Estrellas y de Sergio Mattarella –y eso molesta mucho al renúnciate presidente, Matteo Renzi- es la de un pacto con el hasta ahora gobernante Partido Democrático (PD). Este partido de centroizquierda, dividido internamente y con un Renzi dimitido (quien se queda hasta que se forme gobierno, para asegurarse el mando de la negociación), tiene un botín de 112 diputados que darían la mayoría al M5E, al que llaman los Grillo, porque fue fundado por el cómico Beppe Grillo. Pero el todavía líder del PD, herido en el orgullo, juró que no daría ni un solo apoyo a M5E. "Nada de consultas, me voy a esquiar", desafió.

El líder del M5E, Luigi di Maio, de solo 31 años, simboliza el descontento joven en Italia. Hizo campaña a lo largo de una delgada línea entre la esperanza y el miedo, usando palabras como “nosotros” y “ellos” y refiriéndose a los potenciales votantes como “mi generación”. En una publicación en su blog anterior a la votación, escribió: “Ellos nos miran porque somos el futuro del país, pero no confían en nosotros por completo”.

M5E puede haber ganado bien el corazón de los jóvenes y votantes descontentos, pero está muy lejos de ganar el poder en Italia, si el movimiento se mantiene fiel a sus raíces. Porque el M5E hizo campaña con la promesa de independencia y transparencia, y es poco probable que se una a una coalición. Di Maio ha coqueteado con la idea de formar coalición antes, pero “los Grillo”, hasta ahora han rechazado esa idea.

Di Maio está dispuesto a negociar y cuenta con el visto bueno del Quirinale. También de la patronal de empresarios (Confindustria), que  ha dicho que el "Movimiento 5 Estrellas no da miedo y lo importante es formar gobierno". Primero, puede ofrecer la presidencia de las cámaras, que podría ir a parar al PD si se aviene a hablar, al menos, de su abstención. Pero la idea de un gobierno conjunto no se puede descartar. El plan había comenzado a negociarse a espaldas de Renzi -el ministro de Cultura Darío Franceschini habría mantenido contactos con M5E-, por eso el renunciante dio un golpe sobre la mesa y dijo que sería por encima de su cadáver. El problema es que su aspecto es exactamente ese, según el diario La República.

A su vez, la derecha y sus ultras, fascistas y familia, tienen 260 diputados y para llegar a los 316  necesarios en la Cámara pasarían básicamente por convencer a 56 diputados de otros partidos que atisben una vida mejor bajo el paraguas de una coalición de gobierno. No sería la primera vez, y así gobernó mucho Silvio Berlusconi, aún presente, pero pendiente de una pena de prisión por fraude Pero siempre se trató de un botín menor que debía negociar un experto jugador de cartas como lo era Berlusconi. Pero ahora, como diría Giulio Andreotti, el rey de estos manejos, requiere mucha finura.

Hay en tener en cuenta los intereses de las diversas mafias italianas, que siguen imperando en algunas regiones del país; e igual cuidado con el transformismo del que gozan descaradamente algunos diputados.

La esperanza del líder ultraderechista y fanático de Donald Trump –con quien se ha reunido-, Matteo Salvini, es la propia naturaleza política italiana. Para entender la fragilidad del sentimiento de pertenencia a un partido o a una promesa electoral, sólo hay que echar un vistazo a la composición de las Cámaras a comienzo de legislatura (2013) y en el 2018. El transfuguismo —transformismo, como lo llaman quitándole solemnidad en Italia— es una costumbre tan arraigada que ni siquiera está mal vista.

Desde el inicio de legislatura, como señala un estudio de Open Polis, ha habido 566 cambios de grupo por parte de 347 parlamentarios, el 35,53% de los elegidos. En el Parlamento ha habido 313 movimientos, con 207 diputados implicados (el 32,86%). En el Senado, los cambios han alcanzado los 253, con 140 senadores que han cambiado de chaqueta (el 43,75%).

Hay incertidumbre en si se formará o no un nuevo gobierno, pero si hay certeza de que será difícil que tenga algún grado de seriedad. Tal es la naturaleza de esa seudo democracia representativa.

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