lunes, 24 septiembre 2018, 03:53
Sábado, 03 Marzo 2018 22:59

ZONA CRÍTICA: La huella de África

Escrito por  Yuris Nórido/ CubaSí
La obra de Wifredo Lam (1902-1982) es recreación poderosa y esencial del legado africano en nuestra cultura. La obra de Wifredo Lam (1902-1982) es recreación poderosa y esencial del legado africano en nuestra cultura.

No se puede hablar de cultura en Cuba obviando el componente de origen africano. No se puede hablar de arte cubano, en sentido general e incluso, en los más particulares sentidos, obviando las tradiciones, las raíces, los componentes disímiles de ese acervo riquísimo que nos llegó de África.


A veces es muy evidente: obras que recrean una visualidad característica, que tributan homenajes a deidades y religiones provenientes del continente africano, que aquí, en la isla, alcanzaron su definición.


A veces se parte de elementos externos: el color de la piel, la singular fisonomía del negro, estilizada, asumida como símbolo y metáfora. A veces el discurso es más sutil, con implicaciones menos directas. Pero siempre es posible rastrear una huella.


La razón es sencilla, y al mismo tiempo, compleja: la identidad no es un cuerpo concreto, que se pueda seccionar: aquí lo blanco, lo que llegó de Europa; acá lo negro, lo africano; al otro lado, y como resultado del encuentro y la mezcla, el mestizaje…


No, lo mestizo es una nueva cultura, la nuestra, y lo integra todo: ese ajiaco maravilloso del que habló Fernando Ortiz.


La galería de artistas que ha recreado ese legado es impresionante. Desde los albores mismos de la nacionalidad. Claro, en un principio influyeron mucho las circunstancias políticas, sociales, estructurales de una época, que devienen circunstancias culturales.


Los negros no llegaron a Cuba por su gusto, llegaron aquí como esclavos, víctimas de la apetencia de sus señores. Fue una cultura arrancada, que echó raíces en nuevas tierras, en ámbitos adversos.


Por tanto, en buena medida es una cultura de resistencia, que acunó gérmenes de rebeldía.


Por otro lado, la visión de los que los trajeron, por mucho tiempo, estuvo marcada por el desprecio, el prejuicio, el racismo en sus expresiones más criminales y también las más leves, racismo en fin.


No en vano, algunos de los grabados decimonónicos constituyen burlas más o menos diáfanas hacia lo negro.


Pero ese componente africano es sólido. Y las vanguardias del siglo XX lo consolidaron en nuestras artes visuales. No siempre sin obstáculos, muchas veces desde los márgenes, pero con sólidas concreciones estéticas.


Esa tradición está viva, gracias en buena medida a sus referentes, y al interés siempre renovado por ese riquísimo patrimonio.


El asunto de su banalización es inevitable. Hay expresiones de calidad y otras pobres, hasta paupérrimas. Y en eso influye también la educación, el buen gusto del público. Pero está claro: ahora mismo, en nuestras galerías, en las colecciones de nuestras instituciones, hay obras de sólidos presupuestos, con altísimas cotas estéticas, obras que incluso, han trascendido nuestras fronteras.


Nuestra deuda cultural con África es permanente.

Modificado por última vez en Miércoles, 07 Marzo 2018 10:15

Comentarios  

 
#2 Francisco Rivero 15-03-2018 10:32
Si se trata de " Zona Critica: La huella de Àfrica " escrito por el Sr. Yuri Nórido.
Recomendaria para una reflexión mas lucida, como objetiva de este sensible e importante asunto que atañe a toda nuestra sociedad.
La lectura atenta de un ensayo "COMO SURGIÓ LA CULTURA NACIONAL" de Walteiro CARBONEL.
Tengo la opinion que este ensayo inprescindible, de solo 146 paginas y que ha sido por su importancia, objeto de una reedicion por ser una suerte de rayo de luz, que interpela, las ideas dogmaticas, las intolerancias atmitidas, los olvidos y ausencias en lo que es la construccion, aun no concluida de la cultura nacional.

Un saludo fraterno
 
 
#1 avb 05-03-2018 21:17
Un grave problema con la 'huella de África' en la cultura y en la sociedad es la resignificación y rescritura de la misma, en la que África se vuelve un elemento demagógico de grupos activistas que so pretexto de defenderla, la desfiguran e incluso la prostituyen.

Aunque esté en nuestras venas, África sigue siendo la gran desconocida. La mayoría la asume a partir de las adaptaciones/de formaciones de los grupos portadores, los cuales inoculan a los intelectuales con medias verdades que se vuelven discurso académico (muchas veces falseado hasta lo imposible).

Pero eso no para ahí. El discurso hace el camino inverso y retorna a los portadores que reinventan su historia, sin buscar contraste en la África 'real', que va más allá de un recuerdo borroso y es un hecho pujante.

Un ejemplo claro de las artes es lo que ha sucedido con las danzas folclóricas. Tras ser teatralizadas en los 60 y 70 por el CFN, volvieron al seno de los religiosos con un sentido de la espectacularida d ajeno al modelo original.

En las escuelas no se da historia de África (como la de España, lo cual es lógico, como lógico debería ser incluir la historia de las naciones más representativas en el ajiaco criollo).

Tampoco se enseñan los idiomas que enriquecieron el español castellano o sobreviven a manera de jerga en las prácticas espirituales.

El hecho que en todas las actividades salga un Eleguá bailando o que los elementos negros estén en el alza en la cultura popular, no significa que haya una verdad y un respeto a ese legado.
 

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