lunes, 10 diciembre 2018, 01:03
Viernes, 23 Febrero 2018 09:49

24 de febrero de 1895: en marcha el motor de la insurrección

Escrito por  Pablo Soroa Fernández, Servicio Especial de la ACN
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Con visión exacta, José Martí reveló en 1893 que la Revolución se aproximaba, a pesar del fracaso de la expedición de La Fernandina.


   Ese revés, en lugar de desanimar al fundador del Partido Revolucionario Cubano (PRC), exacerbó su ímpetu, pues al decir de Julio Le Riverend, la crisis azotaba furiosamente al pueblo, en vísperas de la Guerra que se reiniciaría el 24 de febrero de 1895, continuidad de la iniciada por Céspedes el 10 de octubre de 1868.

   Rafael María Merchán, denunciaba también la situación imperante en en su libro “Cuba: justificación de sus guerras de independencia”, texto publicado  por el Ministerio de Educación en 1961 y que sería oportuno reeditar en ocasión del  aniversario 150 del inicio de las Guerras  por la Independencia.

   Señalaba en su texto el patriota (Manzanillo 1844 –Bogotá, 1905) los desmanes imperantes en la Isla:   “la corrupción administrativa, la discriminación racial, la inmigración con fines de enriquecimiento inmediato, la deficiencia de la enseñanza y la adulteración del sufragio”. Había llegado España al límite del sufrimiento y la paciencia de los cubanos.

   En medio de ese panorama desolador, recibe Juan Gualberto Gómez la orden firmada por Martí, José María Aguirre –en representación de Máximo Gómez- y Enrique Collazo, para iniciar la guerra en que los
pinos viejos del 68 lucharían juntos a los del 1895.


    Se orienta el levantamiento general para la segunda quincena de febrero de ese año,  y en la Isla los principales jefes mambises se deciden por el día 24.

   En Oriente se produce el grueso de los alzamientos: en Baire se levantan los hermanos Lora y Jesús Rabí, pero se escuchan disparos también en Ibarra, Matanzas, donde en aquella épica madrugada emiten
el Grito de Independencia o Muerte, el mulato Juan Gualberto, Antonio López Coloma y otros patriotas.

    Guillermón Moncada,  en Alto Songo; Bartolomé Masó, en su finca Colmenar, cerca de Manzanillo;  en el mogote, contiguo a Bayamo, Joaquín Estrada y Cantillo, y Quintín Bandera, en San Luis (Santiago
de Cuba),  prenden fuegos “artificiales”.


   Es el fuego de las armas y no el de la pirotecnia del carnaval  que por esa época debía celebrarse en muchos lugares de Cuba  y mucho tuvo que ver con la selección de la fecha que inició una contienda más
popular que la desatada por Céspedes, en  Demajagua, el 10 de octubre de 1868.


    En varios puntos de la Isla, algunos afirman que en 35, irrumpe la sublevación, incluida la  finca “La Confianza”, cerca de la ciudad de Guantánamo, donde  el Mayor General Pedro Agustín Pérez (“Periquito”), el coronel Emilio Giró Odio y otros patriotas se pronuncian con las armas  por la emancipación del dominio colonial español.

    Tiguabos, San Andrés del Vínculo, El Yarey, Cecilia y Baitiquirí, también secundan a los principales líderes guantanameros, protagonistas de una insurrección general, tan bien delineada que sirvió al poeta Regino Boti, para reflejarla en la tesis con que en 1913 obtuvo su admisión a la Academia de Historia de Cuba.

   El 24 de febrero de 1895 se titula su investigación, cuya idea central consistía en que el Grito de Baire (denominación con que se sintetizaron y trascendieron a la posteridad aquellas jornadas) palidecía en comparación con “lo acontecido aquel día en Guantánamo y sus inmediaciones”.

   Justo es recalcar, en abono de la tesis de Boti,  que la primera victoria en la guerra recién comenzada la alcanzan en la tarde del 24 de febrero de 1895  el joven Enrique Tudela y un puñado de valientes con la toma del fortín de Morrillo Chico,  en la costa sur guantanamera, donde ocuparon armas y municiones.              


    No obstante la historiografía revolucionaria cubana apoyó la tesis de no circunscribir, a un solo lugar, lo que fue un alzamiento general, y Pichardo y Portuondo, entre otros acuciosos investigadores, respaldan la de varios alzamientos simultáneos, resultado de la sabia orientación de Martí.

   Dista de ser criticable el emocionado arrebato del poeta en favor del Grito de Guantánamo, cuestión que quedó zanjada posteriormente a su deceso en agosto de 1958, poco antes del triunfo de la Revolución, pero 13 años después de que renunciara a su escaño en la Academia de Historia, por la negativa a aceptar su planteamiento.

  Lo importante, lo trascendental, es que el 24 de febrero de 1895 se puso en marcha el motor de la insurrección en Cuba y cada región tuvo una tarea que cumplir: la de Guantánamo, garantizar la llegada, en los días subsiguientes, de sus principales líderes, para ponerse al mando de la guerra.

    De que llegarán sanos y salvos ello se encargarían Felix Ruenes, en Duaba,  Baracoa, por donde desembarcaron Antonio Maceo y Flor Crombet, el primer día de abril.

   Gracias a la pericia de \"Periquito”, las arenas de Playitas de Cajobabo, hoy lugar sagrado de la Patria, fueron testigo una noche lluviosa y de mar encrespado,  del arribo de José Martí, y el Generalísimo Máximo Gómez.

    La Revolución estaba salvada, y desde Matanzas hasta el Alto Oriente Cubano, todos los patriotas contribuyeron a su salvaguarda.

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