martes, 16 octubre 2018, 06:05
Jueves, 15 Febrero 2018 06:06

Irene Rodríguez: aires de pasión (+ Video)

Escrito por  Sealys Gardón Pantoja/Especial para CubaSí
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La primera bailarina, coreógrafa y directora artística dice admirar la danza clásica, pero la que realmente mueve su sangre es la española.

Cuando la llamé para concretar un encuentro, me intimidó; tiene una voz que expresa tanta fuerza como sus tacones en el tablón. Ya me habían hablado de su profesionalidad y rigor, y sé también de la pasión con que mueve los vuelos de su saya, pero quisiera saber qué aires impulsan sus movimientos en escena.

¿Qué la lleva a interesarse por el baile?

«Desde pequeña sentí un gusto especial por las artes. En el círculo infantil no solo bailaba, sino que también cantaba. Un poco más grande estudié piano y guitarra. De hecho, mi primera guitarra me la regaló Pancho Amat. Siempre le digo que si hubiese sido guitarrista, tuviera una linda historia para contar, porque es un honor recibir ese instrumento de manos de una personalidad como él.

«A los 10 años mi mamá me apuntó en clases de ballet, pero yo me escapaba al salón de al lado, de baile español, que era lo que realmente me movía la sangre. Me gusta mucho el ballet y admiro a quienes se dedican a él, pero mi pasión era y es otra.

«Un día la profesora de Danzas Españolas le dice a mi mamá: “Usted me debe tres meses de clases”.

«Mi madre le responde que debía ser un error, porque yo no estaba en sus clases. “Eso es lo que usted piensa”, le contestó ella.

«Así comencé a asistir oficialmente a sus clases. Luego estudié en la Unidad Artístico Docente del Ballet Español de Cuba, donde me gradué como primera bailarina, coreógrafa y directora artística, y en el Instituto Superior de Arte, de donde salí como actriz e hice el máster en “Estudios teóricos sobre la danza”.

«Ya en 2012 decidí fundar mi propia compañía, con mi estilo y mis maneras de hacer el flamenco, un poco más cercano a lo contemporáneo. Así ya contamos con nuestros primeros cinco años».

¿Qué es más difícil: bailar o enseñar?

«Para mí, ninguno de los dos. Son procesos que disfruto muchísimo. Puedo decir que en esos momentos soy realmente Irene, me realizo. Las partes complicadas son las cuestiones administrativas, las reuniones extenuantes, las trabas a la hora de hacer una producción. Enseñar y bailar es fácil, porque es lo que me gusta, lo que me hace vibrar».  

¿Qué cualidades debe tener un bailarín para integrar su compañía?

«Para el proceso fundacional de la compañía tuve que hacer audiciones, pero actualmente los escojo de la escuela que fundé paralelo a la agrupación y que hoy está teniendo muy buenos resultados a nivel nacional e internacional.

«En abril de 2016, en el Concurso Coreográfico del XXII Encuentro Internacional de Academias para la Enseñanza del Ballet, ganamos el Premio a la Excelencia Coreográfica, lo cual es un honor porque nos permitieron participar, aunque no formamos parte del Consejo Nacional de Escuelas de Arte, ni nuestra escuela fuera de Danza Clásica. Competimos junto a países de gran reconocimiento mundial en este campo, como Estados Unidos, República Dominicana, Italia, México y Francia.

«De ahí sale cada bailarín de la compañía, el cual debe ser completo, capaz de interpretar lo mismo un clásico español que un flamenco contemporáneo. Debe estar bien entrenado en las nuevas tendencias de la danza internacional para poder mezclar todo eso. Tiene que poseer grandes aptitudes musicales y danzarias. En resumen: virtuoso realmente. Pero lo principal es que sea abnegado y que sueñe con nuestro mismo proyecto de vida».

Disciplina y sacrificio han sido palabras clave en su trayectoria. ¿Se ha arrepentido de algo que haya hecho en nombre de esas premisas?

«Esta carrera implica muchos sacrificios. La gente a veces solo ve lo bueno: los viajes, la fama, el hecho de que uno disfruta lo que hace; pero debí renunciar a muchas cosas, entre ellas a mi infancia. Mientras mis amiguitas se reunían para jugar, yo iba a mis clases y regresaba cansada después de las siete de la noche. A esa hora tocaban las tareas, de la escuela y del baile.

«De adulta también conlleva restarle tiempo a la familia, a la pareja, a los hijos. En ocasiones son las 10, 11 de la noche y yo todavía estoy sentada en la oficina trabajando. Cuando tenemos presentaciones, son fines de semana enteros en el teatro…

«Sí, tienes que hacer muchas renuncias, pero yo no me arrepiento de ninguna, porque me han dado los resultados que esperaba. No me imagino una vida normal, porque para mí esta es la normalidad».

¿Cómo quiere que la recuerden cuando no pueda estar más en las tablas?

«Esa pregunta es un poco difícil. No lo había pensado, pero ahora me viene una imagen a la mente: me gustaría que la gente me recordara con esa pasión que dicen les gusta de mí, taconeando de puntas, con mi expresión apasionada y ese rostro, que no tiene nada que ver con el que normalmente tengo. Así me gustaría quedarme en el público».

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Usted ha triunfado en los escenarios desde muy joven, interpretando papeles protagónicos a temprana edad gracias a la maestría con que se conduce cuando baila. ¿Cómo ha podido controlar el ego y no dejar que el exceso de seguridad limite su crecimiento profesional?

«¿Sabes?, es que no me veo identificada con esas características. La vida y las personas a las que he llegado me enseñaron que los verdaderamente grandes desbordan humildad. Estoy hablando de Frank Fernández, a quien llamé como profesional y respondió como amigo; hablo de Alicia Alonso, que se desborda en cariños hacia mí; hablo de Eusebio Leal, una persona maravillosa y más que sencilla, de las más cercanas que he tenido en todo momento y de quien he recibido mayor apoyo. Ellos saben lo mucho que han hecho, pero prefieren pensar en lo que les falta. Por el contrario, quienes se dejan arrastrar por el ego, creen que ya lo vieron y lo hicieron todo, y yo entiendo que aún me queda mucho por hacer».

A cinco años de haber creado su propio proyecto, ¿cómo ve el futuro de la compañía?

«Veo muchas niñas pequeñitas, que parecen pulguitas, entrando a las seis de la tarde a sus talleres, profesionales y vocacionales. Quisiera una escuela bien grande. Veo un escenario repleto de bailarines a quienes coreografiarle, una compañía bien nutrida; veo pasión y nos veo trabajando mucho y entregando nuestro arte a Cuba y al mundo».

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