sábado, 22 septiembre 2018, 20:19
Lunes, 15 Enero 2018 15:18

Discurso comprometido y poético inaugura Premio Casa de las Américas

Escrito por  Prensa Latina
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Un discurso comprometido con las últimas seis décadas de la historia de Cuba, mezclado con cierto vuelo poético, pronunció hoy el cantautor Silvio Rodríguez al inaugurar el Premio Literario Casa de las Américas 2018.

En el acto, efectuado en la Sala Che Guevara de la institución, el trovador recordó la importancia del centro para la vida cultural de Latinoamérica y el Caribe desde sus años iniciales, además de su compromiso con la historia de la región.


Rodríguez evocó la memoria de Haydée Santamaría, fundadora de Casa de las Américas y artífice principal de su conversión en el núcleo intelectual que es hoy, labor que recordó como 'un ensayo hogareño de aquel ideal llamado Nuestra América'.


El autor de canciones como Ojalá y Óleo de mujer con sombrero recordó que fue el actual director de la Casa, Roberto Fernández Retamar, quien le encargó las palabras inaugurales a la 59 edición del premio, a la vez que pidió incluir a la canción como categoría aspirante al lauro.


Es incuestionable que aquí se ha cantado mucho, tanto con lírica como con 'guitarrica', dijo el bardo en tono de broma.


Un momento especial de la intervención fue el dedicado al Movimiento de la Nueva Trova, corriente estético-musical que marca su nacimiento con el concierto ofrecido por Noel Nicola, Pablo Milanés y el propio Rodríguez en febrero de 1968.


'Estaba bastante azorado, casi no me lo creía, porque en febrero de 1968 Casa de las Américas era ya un lugar honroso y querido, liderado por una heroína y respaldado por brillantes artistas y escritores', recordó.


Por último, hizo referencia a la historia de Cuba durante las últimas seis décadas, la que 'entre acorralado y desafiante ha escrito este pequeño país capaz de proyectar las enormes luces de sus sueños', comentó.


Sobre el contexto actual, señaló que 'estamos donde una larga, compleja y desigual batalla nos permite, esto nos ha hecho desarrollar una arte de defensa que nos sostiene, y aunque el que se defiende bien a veces logra sobrevivir, verse obligado a basar la existencia bajo esa premisa no es lo más saludable'.


Quienes, continuó, hemos sido parte de esta Casa de las Américas durante 59 años 'tenemos pruebas, en primer lugar, de que el bien es posible, y de que el arte y la cultura son parte de sus sustancia; también sabemos que algunas inconveniencias pueden durar más de lo proclamado, y que el bien es aun perfectible'.


Previo a las palabras de Rodríguez fue presentado el jurado del Premio Literario Casa de las Américas, integrado por una veintena de intelectuales encargados de elegir las mejores obras en seis manifestaciones.

Los ganadores del prestigioso lauro serán anunciados el 25 de enero en ceremonia oficial que tendrá por sede a la Sala Che Guevara de la institución.


Palabras para inaugurar el Premio Casa de las Américas 2018


La Habana, 15 de enero de 2018.


Hermanos que convoca esta Casa:


Si a un siglo de su nacimiento José Martí fue identificado como responsable de los hechos revolucionarios que inauguraron nuestra etapa libertaria de 1953, también pudiera decirse que esta Casa de las Américas fue fundada por nuestro Apóstol, por su compromiso con los próceres que empezaron las guerras de emancipación continental contra el colonialismo. Para colmo, una joven de la generación del centenario del nacimiento de Martí, protagonista de aquella jornada terrible y simbólicamente hermosa fue, a su vez, quien fundó y animó a esta institución, que ha reunido escritores como haciendo un ensayo hogareño de aquel ideal llamado Nuestra América.


Otro imprescindible de esta Casa, mi amigo poeta y pensador Roberto Fernández Retamar, el año pasado me pidió estas palabras de inauguración al Premio número nº 59. Y es que Roberto sabe que, aunque este entrañable evento aún no ha incluido la modalidad de canción, es incuestionable que aquí se ha cantado mucho, tanto con lírica como con guitárrica.


Por ejemplo, el mes que viene hará medio siglo de que varios trovadores de mi generación estuvimos por primera vez en este mismo salón. Aún no se llamaba Che Guevara, aunque ese fue un nombre que nos sobrevoló aquella noche. Lo que era yo, estaba bastante azorado, casi no me lo creía, porque en febrero de 1968 Casa de las Américas era ya un lugar honroso y querido, liderado por una heroína y respaldado por brillantes artistas y escritores.


Faltaban por llegar muchas novelas, narraciones, piezas de teatro; faltaban inolvidables libros de poesía. Y faltaban por ausentarse, o por sernos arrebatados, varios hermanos queridos. Porque esta Casa y este Premio siempre tuvieron la virtud de reunir a mujeres y a hombres más interesados en la suerte de sus pueblos que en la de sus palabras; gente entregada en el ingenio, pero mucho también en carne y hueso. Así que faltaban por ocurrir sorpresas en muchos escenarios, noticias esperadas o inconcebibles, esperanzas y angustias de diversas honduras.


También faltaban iluminaciones, torpezas, aprendizajes; faltaba tiempo, partícula a partícula, haciendo lo que la brisa y el agua cuando corren. Faltaba, después de la espuma, el sedimento revelador que nos hace reconocer y desafiar, entre las miserias del mundo, lo triste de nuestra propia naturaleza.


A algunos incluso nos faltaba más de la mitad de nuestras vidas, aunque no lo sabíamos. Y todos éramos aprendices de todo: de la historia escrita, de la que pensábamos que faltaba por hacer y escribir y, por supuesto, la de la hormiga cotidiana: la historia real que, entre acorralado y desafiante, ha escrito este pequeño país, capaz de proyectar las enormes luces de sus sueños.


Algunos sueños acaso no los llegaremos a tocar, al menos del todo, porque el acoso constante sin dudas nos limita. Estamos donde una larga, compleja y desigual batalla nos permite. Esto nos ha hecho desarrollar un arte de defensa que nos sostiene. Y aunque el que se defiende bien a veces logra sobrevivir, verse obligado a basar la existencia bajo esa premisa no es lo más saludable.


Quienes hemos sido parte de esta Casa de las Américas durante 59 años tenemos pruebas, en primer lugar, de que el bien es posible, y de que el arte y la cultura son parte de su sustancia. También sabemos que algunas inconveniencias pueden durar más de lo proclamado y que el bien es aún perfectible.


Por esas razones aquí estamos, con la voluntad de ser mejores, de avanzar. Por eso aquí seguimos. Por supuesto que no eternamente y mucho menos por costumbre, sino porque aún somos capaces de estremecernos cuando llegamos a un lugar como esta Casa.


Es como si de pronto se fuera abrir una puerta y entrara una señora con una sonrisa entre pícara y materna, con una mirada entre nostálgica y escrutadora, con una voz de flauta y unos brazos menudos que te rodean, te sostienen y hasta te enderezan, y te hacen pensar que estas a salvo, que realmente puedes decir todo lo que te parece —y hasta lo que imaginas—; extraordinario abrazo que te hace sentir que estás creciendo, o que te hace creer que cuando dices es que creces, y que sólo por eso vale la pena estar vivo.


Gracias a esa y a otras nítidas presencias ahora mismo en esta sala, es que logro decir bienvenidos, hermanos, al Premio Casa de las Américas de 2018.


Muchas gracias.

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