martes, 28 enero 2020, 09:12
Miércoles, 27 Diciembre 2017 11:00

Brexit, otro año de incertidumbre y largas conversaciones

Escrito por  PL
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Después de seis meses de intensas negociaciones para pactar un divorcio lo más cordial posible, el Reino Unido y la Unión Europea (UE) acordaron avanzar a la segunda etapa del tortuoso desenlace que deberá concretarse en marzo de 2019.


El 15 de diciembre ambas partes anunciaron que estaban listas para pasar página y debatir sus relaciones futuras, así como el posible establecimiento de un período de transición.


No obstante, los problemas que impedían el inicio de la siguiente fase continúan sin una solución clara y efectiva y, pese a los intentos por esconder el polvo bajo la alfombra, es evidente la persistencia de las desavenencias e inconformidades.


Ha transcurrido un año y medio desde el referendo en el que 17 millones 410 mil 742 británicos (52 por ciento) decidieron abandonar el bloque comunitario y, según las encuestas, la opinión dominante hoy es totalmente opuesta.


Sin embargo, la primera ministra Theresa May insiste en cumplir lo decidido en la consulta popular del 23 junio de 2016, evita referirse a otra posible cita en las urnas y presenta los avances con la UE como un regalo de Navidad.


Tras un 2017 de diálogos redundantes y poco fructíferos, el 2018 amenaza con traer pocos cambios y ser otro año de largas conversaciones.


Pese al optimismo de algunos, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, advirtió que la próxima etapa será una 'feroz carrera contra el tiempo' y aseguró que 'el desafío más difícil está aún por llegar'.


'Sabemos que las rupturas son duras, pero separarse y construir una relación nueva es mucho más complicado. Dedicamos demasiado tiempo a la parte más fácil del proceso y ahora tenemos menos de un año para negociar un convenio de transición y el marco de los vínculos bilaterales', aseveró.


De acuerdo con el calendario previsto, un tratado definitivo sobre la salida del Reino Unido debe estar listo para octubre de 2018 y la partida se produciría el 29 de marzo de 2019, a las 23:00 hora local. No obstante, estudios recientes, entre ellos uno realizado por la agencia Survation, muestran el apoyo del 50 por ciento de los británicos a la propuesta de llevar a cabo otra consulta popular para ratificar o rechazar un acuerdo final con el bloque.


Según esa compañía, solo el 34 por ciento de los entrevistados se opone a volver a las urnas y el 16 por ciento se abstiene.


Además, el 57 por ciento desaprueba el pago de 45 mil millones de euros a la UE y el 47 se muestra pesimista en relación a la posibilidad de que se logre firmar un convenio para la separación.


Por otra parte, el 43 por ciento considera que Londres perdió más que Bruselas en las negociaciones.


Mientras, una encuesta de BMG Researh para The Independent indica que el 51 por ciento de los ciudadanos prefiere permanecer en la UE, en tanto el 41 aboga por la salida.


Después de seis rondas de encuentros, los representantes de Londres y Bruselas comunicaron el 8 de diciembre que se habían dado los pasos necesarios para avanzar a la etapa siguiente, decisión ratificada por el Consejo Europeo una semana después.


Aunque varios funcionarios reconocieron los esfuerzos de la Primera Ministra, políticos laboristas y medios de prensa criticaron la falta de claridad e información en el texto emitido, así como la aceptación de las exigencias de la UE.


Bajo la advertencia de que 'nada está acordado hasta que todo esté acordado', el documento dispone el respeto a los derechos de los ciudadanos europeos residentes en el Reino Unido y de los británicos en países de la alianza.


Asimismo, establece la metodología para calcular y garantizar el pago de la factura de divorcio y asegura que no se violará el acuerdo de paz de Viernes Santo (1998) y se mantendrá una frontera invisible entre Irlanda e Irlanda del Norte.


Contradictoriamente, al tiempo que aboga por la retirada del Reino Unido de la unión aduanera y el mercado común, promete el mantenimiento de esos beneficios para Dublín y Belfast.


Lo cierto es que la prolongada incertidumbre y la falta de precisión en algunos asuntos no solo preocupan a los ciudadanos, sino que repercute directamente en la economía, la cual se ha debilitado, según reportes del Fondo Monetario Internacional (FMI).


Dicho organismo asegura que el retroceso del 0,1 por ciento en los pronósticos de crecimiento se debe a la decisión de este país de abandonar la plataforma comunitaria.


Además, atribuye al Brexit la depreciación de la libra esterlina, lo cual impulsó la inflación tres por ciento y presiona el ingreso real de los hogares y el consumo.


La directora general del FMI, Christine Lagarde, alertó que las empresas retrasan sus decisiones sobre inversión hasta esclarecer cuáles serán las reglas comerciales después de la salida, debido a la acentuada inseguridad sobre las perspectivas del país.


Por otra parte, existe el peligro de que lo acordado hasta el momento no sea respetado, pues, según precisó el portavoz de la Comisión Europea Margaritis Schinas, el convenio anunciado este mes no posee carácter vinculante por tratarse de un primer paso y las claves de la separación serán definidas en un tratado final.


Aunque indicó que existe un claro entendimiento y el texto está avalado por el gobierno del Reino Unido, se refirió al documento como 'un pacto entre caballeros', que carece de obligatoriedad legal.


En tanto, figuras como el negociador británico David Davis afirmaron que hasta ahora solo existe una simple declaración de intenciones.


A las dudas sobre la validez de lo anunciado, se unen las crecientes divisiones en el Partido Conservador y las fisuras en el gabinete de May, lo cual afecta su posición como jefa de Gobierno y como defensora eficaz de los intereses de su nación.


La líder conservadora aceptó retrasar la fecha del divorcio en circunstancias excepcionales y por un corto período de tiempo, en un intento por calmar a tories disconformes, quienes exigieron introducir una cláusula al Proyecto de Ley sobre la Retirada de la UE.


May se vio obligada a permitir una posible modificación del cronograma establecido para evitar su segunda derrota parlamentaria.


El 13 de diciembre, 309 legisladores conservadores y de la oposición respaldaron la modificación de los estatutos, con lo cual garantizan que el acuerdo final sobre el Brexit sea votado en el Parlamento e impiden a la dirección del país implementar el convenio con Bruselas sin antes ser ratificado por ellos.


Dicha propuesta fue presentada por un grupo de tories liderados por el ex fiscal general Dominic Grieve y significó un duro golpe para la jefa del Ejecutivo, quien también tuvo que aceptar la renuncia de su mano derecha, el hasta ahora primer secretario de Estado, Damian Green, por su implicación en un caso de pornografía y acoso sexual.


En medio de todo esto, el negociador europeo Michel Barnier comunicó que el período de transición solicitado por el Reino Unido deberá concluir el 31 de diciembre de 2020, cuando vence el actual marco financiero plurianual.


En declaraciones a la prensa, el político francés señaló que hasta esa fecha Londres tendrá todas las ventajas, los beneficios, pero también las obligaciones del mercado único, la unión aduanera y las normativas adoptadas por la UE.


Asimismo, aseveró que si no se llega a un acuerdo final y a una separación ordenada, basada en los tratados correspondientes, no habrá transición.

En caso de cumplirse lo pactado, 'todas las políticas comunitarias continuarán aplicándose (hasta finales de 2020) en ese país, el cual deberá respetar la autonomía del bloque en la toma de decisiones', afirmó.


Según Barnier, el Consejo de Asuntos Generales de la UE deberá aprobar el 22 de enero unas recomendaciones del Ejecutivo comunitario y, posteriormente, comenzarán las negociaciones sobre el período antes mencionado.


Dichos diálogos concluirían en marzo y después se iniciarían los centrados en las relaciones futuras y la firma de un convenio de libre comercio, similar al establecido con Canadá, Japón y Corea del Sur.


Tal escenario marca el cierre de un año complejo para esta nación, la primera que decide abandonar la UE, a la cual está vinculada desde antes de su conformación oficial, cuando funcionaba la Comunidad Económica Europea.


La llegada del 2018 y el paso a una segunda fase no significan el fin de una época difícil; por el contrario, para enero está prevista una posible reforma de la administración conservadora y las conversaciones con Bruselas no prometen ser menos complicadas.


*Periodista de la Redacción Europa de Prensa Latina.

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