viernes, 19 octubre 2018, 16:52
Miércoles, 27 Diciembre 2017 14:06

EE.UU.: Guerra continua al pueblo somalí

Escrito por  Arnaldo Musa/Especial para CubaSí
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Las publicitadas situaciones caóticas en diversas partes del mundo tienen, generalmente, como ingrediente principal a EE.UU., que también interviene abierta o indirectamente en la menos propagandizada extensa guerra de Somalia.

Así, una vez más, las ayudas alimentarias de Naciones Unidas al pueblo somalí no llegan a la población, y en este contexto, funcionarios de la ONU aseguraron que son infundadas las reiteradas acusaciones de Estados Unidos de que los militantes de la denominada por Washington organización terrorista Al Shabab las está desviando.

Tales afirmaciones se repiten en cada gobierno estadounidense, cuyos portavoces aseguran que no es Estados Unidos, sino Al Shabab, el que está denegando el acceso de los somalíes a la ayuda alimentaria, con el fin de crear más descontento contra los gobernantes de turno que el Pentágono impone en Mogadiscio.

Se trata de una macabra variación de la excusa que Estados Unidos ofrece de manera rutinaria, cuando masacra civiles, acerca de que estos eran utilizados como escudos humanos por los insurgentes.

Lo cierto es que Estados Unidos ha estado haciendo la guerra durante años al pueblo de Somalia, basándose en una doctrina por él creada y adoptada acerca de la «intervención militar humanitaria», empleada profusamente en el Cuerno de África y que surgió durante el gobierno de George W. Bush.

La «intervención militar humanitaria» sostiene que es tarea de las grandes potencias —esto es, Estados Unidos y sus aliados— intervenir en los asuntos de los países más débiles, si sus gobiernos no pueden o no quieren atender las necesidades de su pueblo.

También conocida como la «responsabilidad de proteger» —o «R2P», por sus siglas en inglés—, la doctrina no requiere, por definición, el consentimiento de las futuras poblaciones que serán el objetivo.

R2P puede ser invocada inmediatamente contra los «Estados fallidos», como son llamados, según los designios, por el «protector» y «humanitario» interventor. De hecho, una vez que un Estado ha sido declarado «fallido», las grandes potencias tienen la obligación de intervenir, de acuerdo con la lógica del R2P. Esto es de lo más conveniente cuando ha sido Estados Unidos el que ha causado que «falle» dicha débil nación.

Este fue el caso, en el 2006, cuando un Estado en ciernes surgió finalmente en el centro y el sur de Somalia, organizado por un movimiento llamado Cortes Islámicas.

Cuando las Cortes Islámicas derrotaron a los señores de la guerra apoyados por Estados Unidos, y consiguieron traer un mínimo de paz, ley y orden a esa región de Somalia, Washington instigó y financió la invasión por Etiopía, sumiendo a Somalia en una «crisis humanitaria».

En la etapa de Bush, se llegó a clamar por una mayor intervención militar en el Cuerno de África, incluyendo un bloqueo naval y aéreo de Sudán, pero tal desvarío, modulado por propósitos diplomáticos, se convirtió en la política de Estados Unidos después de la elección de Obama.

Miles de personas de etnias somalíes, pertenecientes a minorías étnicas, fueron reclutados en Kenia por las fuerzas del gobierno títere somalí, a todo lo largo de su frontera común, pero no tuvieron grandes efectos, aunque sí ayudaron a minar la cohesión nacional keniana, al animar a sus minorías somalíes a identificarse no con Kenia, sino con el Estado vecino.

Y con Trump, más preocupado ahora con lo que sucede en otros lares, nada bueno se puede esperar cuando se ocupe en esta guerra continua al pueblo somalí.

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