martes, 25 septiembre 2018, 13:15
Jueves, 21 Diciembre 2017 05:48

CRÓNICA: Las parrandas de Remedios, la pérdida de la inocencia

Escrito por  Mauricio Escuela/ Especial para CubaSí
CRÓNICA: Las parrandas de Remedios, la pérdida de la inocencia FOTOS: Yander Zamora

Y con esto se cierra el gran juego anual de las parrandas remedianas, capítulo de lo real maravilloso de nuestro folclore, en que todos los aspectos del teatro han herido la sensibilidad y el ojo del espectador participante durante más de veinticuatro horas (…).
Ramiro Guerra

Madrugada de diciembre del año 1826, suenan unas rejas alrededor de la Ermita de San Salvador situada al extremo norte de la villa de San Juan de los Remedios. El ruido es atonal, carece de discurso o coherencia, su origen mismo y su móvil es generar la intranquilidad, el aturdimiento de los sentidos. Se establece un horror cuando las rejas se mueven de sitio y pasan por encima de los lodazales del invierno, porque el repique no sabe hacia dónde va, pareciera la premonición infernal de un advenimiento absoluto. Un cura dirige la ceremonia, vestido de los harapos de la época, apenas armado de un crucifijo que impone como violación domiciliara. Fray Francisco Vigil de Quiñones lleva a los primitivos parrandistas hasta la última morada del extremo barrio del Carmen, en el sur de Remedios, donde se producen las primeras reyertas, protestas de este o aquel señor de sociedad que ya maldice a la reja temible.

 
Uno: La parranda ha muerto


La reja dejó de sonar demasiado pronto, se tornó discurso, se compuso un himno para cada barrio, dos polkas aristocráticas, de esas que nacieron en la vieja Praga. La de San Salvador versa así: “Ahí viene Perico Morales con su cornetín, todos los del Carmen tienen que morir”. El susodicho músico era un acérrimo partidario del bando del gallo, símbolo cubano de guapería y machismo, se lanzaba sonando su corneta encima de las hordas del Carmen, barrio que remedó su himno, pero no le puso letra, que creó una bandera carmelita, pero no dibujó signo alguno sobre la tela hasta 1902, año en que incorporó el triángulo rojo de la enseña cubana. Desde el silencio de las rejas, la parranda comenzó a morir, dejó de ser ingenua.

 
Aquel aparataje abandonó los rincones de la villa y se instaló en medio de la plaza Isabel II, creció hasta transformarse en un fenómeno de masas. El espíritu navideño del padre Quiñones dio paso a la mercancía, cuya venta abarrotó las calles aledañas al espectáculo. Sansarices y carmelitas fundaron una tradición que, al deberle al capital su existencia, llevaba en sí la muerte del espíritu originario, el de la reja horrorosa. Los asiáticos propietarios del comercio “La Joven China”, atestiguaron, en una crónica de la década del 40 escrita por el periodista Emilio Roig de Leuschering, que el dinero no les cabía en las cajas durante los días 23, 24 y 25 de diciembre. Era la imposición de la economía política, del sesgo de la villanía, del «sacarle jugo a la cosa» tan propio del pícaro cubano, esa figura que, según Carpentier, en España era un buscón y en América podía escalar hasta las más altas esferas mintiendo y robando (incluso devenir en dictador). Si las rejas las sonaban niños pobres y hambrientos a cambio de pan con mantequilla y chocolate caliente, si el ruido era para despertar a los espíritus apolillados y que asistieran a misa, las parrandas posteriores estarían en manos de dos grandes aristocracias: la Tertulia, lugar de criollos burgueses, el Casino Español, nido de integristas y peninsulares.

 
Ideología y economía política, vida de buscones y escala aristocrática; bajo estos signos nacería la muerte de la parranda.

 
Dos: Una prostituta que supo venderse bien


Carmen Salvador perdió su nombre al entrar en Remedios, se dio cuenta de lo inútil que resultaba tomar partido por uno u otro bando, si la ganancia de su prostíbulo podía aunar los dineros de sansarices y carmelitas. Su negocio, como no podía publicitarse en la plaza, como no podía gritarse en medio de un repique de tambores ni formar parte de las polkas, adquirió el renombre de la licencia extrema: la casa de Carmen Salvador era lugar de paz y gozo para aquellos contrarios, que dejaban allí sus dineros durante tiempo de parrandas. Aquella chica pasó a llamarse como las dos identidades que se repartieron las zonas de influencia, ella era el terreno neutro donde también tenía lugar el librecambismo (del sexo en este caso).


Obvio que esa prostituta supo venderse bien en medio de aquella sociedad polarizada por dos bandos que eran dos agencias de comercio. «El Sr. Sandalio financió esta entrada de faroles del barrio del Carmen, pasen luego por su bodega a beber el vino de la victoria». No en balde, quienes llevaron las fiestas a esa dimensión mayor (Ramón Celorio del Peso por San Salvador y Cristóbal Gilí Mateu por el Carmen), eran dueños de establecimientos comerciales.


Vender bien tu producto era colocarlo en el centro de las parrandas, de paso se financiaban las fiestas, que ya eran importadas por otras ciudades. La villa de Caibarién, a 8 kilómetros de distancia de Remedios, vio lo rentable de la empresa y calcó el diseño original, usó durante muchos años las mismas polkas, se apropió del gallo sansarí, colocó su fecha de festividad el  día 24 de diciembre para que los clientes abandonasen las calles y las tienduchas remedianas y fueran a solazarse en las amplias vidrieras de la villa puerto de mar. Las mejores contiendas electorales no eran las de grandes argumentos, sino las de inmensos tambores, chorros de ron, voladores incendiarios y los símbolos de los barrios: gallo y gavilán. A la altura del año 1899, durante la primera ocupación norteamericana, San Salvador hizo un trabajo de plaza llamado Viva Cuba Libre. Años atrás, el mismo barrio se había congraciado con los peninsulares en la hechura de un obelisco coronado con banderas de España.

 
Sin la inocencia de antaño, la parranda, ya casi muerta, daba estertores históricos según soplaran los vientos, quizás era el comienzo de los bandazos de una fiesta que dejaba de ser de todos para ser del capital (la mercancía, como sabemos, no tiene real esencia).

 
La prostituta que se supo venderse supo esto mejor que nadie.

 
Tres: La Era de los Gigantes


El año 1959 declara el inicio de las subvenciones estatales, en la noche del 24 de diciembre de dicho año, se estrenaron dos inmensos trabajos de plaza, llenos de luz, color y movimiento. De pronto parecía que, en medio del gigantismo inaugurado, las fiestas recobrarían la esencia de las rejas. Nadie estaba por encima de nadie, el sueño del artista era una verdad realizable. Los dineros no corrían a los bolsillos, ni las entradas de faroles servían a la promoción de negocios, sino que era la apoteosis de la creación y el desenfreno del tamaño. En el año 1970, las carrozas tomaron la actual dimensión, sus temas se trataban con rigor histórico, eran un elemento que funcionaba casi como la «universidad popular» donde las personas aprendían sobre el tiempo de Temerlán, o acerca del Imperio Persa. La forma en el trabajo de plaza y el contenido en la carroza, marcarán el ritmo del desarrollo de unas fiestas que debían al hecho gestante y marxista el rescate de su reja perdida.

 
¿Y quién dirigía aquel gigantismo? Pues líderes populares, personas normales, barberos, artesanos, que en su tiempo libre tomaban la parranda como razón de vida. Nadie pensó en el puesto de directivo como algo que pudiera poseer para ganancia propia, sino que el patriotismo desbordaba dedicación, pesadillas, pérdidas de sueño, trabajo interminable en las naves de San Salvador o El Carmen. La reja sonaba y duro, los contrarios se enfrentaban por el pueril empeño de ser unos niños adultos. Una gran escuela de artistas populares creció en medio de los talleres de parrandistas, personas que luego integrarían las filas de los creadores, de los soñadores. De esta época es la apoteosis del intermitente eléctrico en los trabajos de plaza, evolución que tuvo su cúspide en el año 1994 con un tema tan complejo como el libro de Génesis. La forma había tomado mil y un vericuetos en las manos de artesanos que llevaban sobrenombres, no ya como Carmen Salvador, sino ingenuos: Tony la Mosca, por ejemplo, fue uno de los más innovadores en el trabajo de plaza y se recuerda aún por su apodo, sus formas extrañas de diseños, su mala suerte (los trabajos solían fallarle) y ya, simplemente era parrandero.

 
Cuatro y final: La fiesta de los tiburones


Madrugada del 24 de diciembre del año 2015, en la Iglesia Parroquial Mayor, el último monje franciscano de Remedios predicó el sermón de la Misa de Gallo bajo el ruido de miles de voladores. «Hasta que las fiestas no vuelvan a ser como cuando Fray Quiñones, persistirá su crisis». Las palabras caían sobre una muchedumbre de católicos y alcoholizados visitantes de miles de pueblos cubanos y del mundo. Afuera, la parranda había muerto. La carroza del Carmen no saldría, estaba tirada en trozos en un lado de la plaza, el trabajo del mismo barrio no se terminó ni llegó a encender. San Salvador sacó horas después su carroza alumbrada con antorchas, pues no funcionaba. Un solo barrio lanzaría voladores sin ton ni son, sin que el ritmo original de las fiestas marcara el reloj de una tradición, en un año que además conmemoraba el aniversario 500 de la fundación de la villa. No importó que en 2014 la Comisión Nacional subrayara a las fiestas, dándoles el calificativo de «Patrimonio Cultural de la Nación», no interesó el cúmulo de observaciones hechas por los comisionados, quienes mostraban su interés por llevar las fiestas ante la UNESCO, organización de las Naciones Unidas que tiene la poder de declarar a un fenómeno como Patrimonio de la Humanidad.


¿Qué había pasado desde el 1994, año de la apoteosis de la forma con el trabajo de plaza Génesis? El Estado y su período especial no pudieron sufragar las costosas moles parranderas, que a partir de entonces quedaron en manos de otros que vieron en las parrandas el negocio, la picardía, la bufonesca forma de ser. De un plumazo se borraron las elecciones democráticas de directivas de barrios y se formularon lobbies que impulsaban a este o aquel, pues era el que repartiría la mejor parte. En pocos años sucedió el desastre, la fiesta de los tiburones sustituyó al sueño del artista, se escogían no los mejores trabajos de plaza, no las carrozas más atrevidas, sino la fórmula más simple (la que permita cumplir). Lo que antes era el rejuego de tres elementos dialogantes, se diluyó en el humo del fuego, verdadera fuente de lucro ya que resulta imposible de controlar y cuantificar.

 
La lucha por hacer muy poco o nada y llevarse la tajada del león, llevó al Carmen a claudicar en su área de la carroza, mientras San Salvador hacía lo mismo en el trabajo de plaza. Los sansarices, para colmo de males, abolieron el concurso de proyectos y se casaron con un solo diseñador, quien, amén de aciertos, impuso un discurso que excluyó la diversidad del otro y simplificó estructural y temáticamente el área de la carroza. La expresión más clara serían esas estructuras rodantes, compuestas de una escalera y un respaldo de luces, donde se colocaban los figurantes con los vestuarios temáticos. Variaban los personajes (un año eran chinos, otro franceses), pero la carroza era la misma. El cántico del cisne era el silencio de la reja parrandera, los repiques espontáneos, gratuitos, que amenizaban los domingos aledaños a diciembre, dejaron de existir y las polkas o no se tocaban o se tocaban mal durante el día de las fiestas (incluso el dinero magro de los músicos ha sido robado descaradamente).

 
Epílogo: La intervención del Estado


Diciembre del 2017, las luchas entre facciosos del barrio San Salvador ameritó la intervención de las autoridades políticas y culturales. Luego de que la directiva en el poder se fraccionara y una parte saboteara la gestión de la otra, el barrio se vio sin jefes y sin nave de trabajo por los efectos del inmenso huracán Irma, que golpeó a Remedios siendo un categoría 4. Tres o cuatro arriesgados quisieron aún ser sansarices y asumir la dirección del barrio.

 
La directiva del barrio de El Carmen, facciosa, llevó a cabo una maniobra que sabotearía las parrandas. En cada pirotécnica de Cuba existe la orden expresa de no venderle voladores a los bisoños sansarices. El acto pudiera encerrar una apariencia «patriota» de parte de los guerreros carmelitas, pero lo cierto es que busca retrotraer al desastre a la directiva sansarí. Esta insensatez se comete en el año en que las fiestas serán llevadas de forma definitiva ante la UNESCO, para ser declaradas Patrimonio de la Humanidad.

 
En tanto, en el pueblo desengañado, crece la sensación de que las parrandas ya no le pertenecen, de que son un escamoteo.

La fracción en San Salvador y la posición de la vieja directiva carmelita, en un contexto de crisis de la creatividad de las fiestas, han llevado al actor popular a la enajenación de las mismas. El artista, motor y pieza esencial, resulta un estorbo. Roaidi Cartaya Carvajal, experimentado diseñador de carrozas y graduado en Artes Plásticas por el ISA, fue expulsado por segundo año consecutivo de la nave de trabajo del barrio del Carmen, todo por voluntad expresa y absoluta del presidente de dicho barrio, que ni ostenta una acreditación como artista de la academia, ni exhibe una obra artesanal articulada.

 
El silencio de las rejas es el silencio de la prensa, del pueblo y el país ante la muerte de las fiestas populares de mayor trascendencia y belleza de la cultura cubana. Ojalá y los riesgos del decir no traigan los truenos del mal decir. Quiera la fortuna que el trabajo de plaza vuelva a la apoteosis de la forma y la carroza al lujoso contenido.

Modificado por última vez en Miércoles, 03 Enero 2018 09:30

Comentarios  

 
#11 Andres Perez 06-06-2018 18:11
Usted escribe muy bien Mauricio.... pero con la pluma adornando adjetivos y verbos, pero dejeme decirle que su lengua aparte de viperina encierra toda la maldad que la gente normal no puede apreciar,y te voy a explicar ahora mismo.El comentario de Abelito va por el mismo camino que el mio,porque es la pura verdad. Mi sobrino politico, año tras año concursaba en los bocetos de trabajo de plaza y un amigo de el que no recuerdo su nombre hacia carrocitas y las presentaba.Obvi o que si habia concursos pero dicho por ellos mismos no habia quien le ganara a los bocetos de Alejandro y aqui viene tu problema yo recuerdo que tu padre que EPD hizo carrozas para San Salvador y despues como no pudo enganchar mas se fue al Carmen a perder y eso tu no lo perdonas.Haz un periodismo con la verdad y no difames asi.La parranda ha tenido epoca y epocas unas buenas otras malas y es verdad que esta muerta pero muerta artisticamente porque ya los trabajos de plaza son los mismos y recuerdo muy bien que hubo mas de 10 o 12 años que lo unico que servia en la parranda era la carroza de San Salvador.
 
 
#10 mauricio escuela 06-01-2018 16:06
Abel Castro, gracias por su criterio y por buscar mis trabajos por internet, facebook es una red de amigos, se decide con quién se está y con quién no. Por demás, Cubasí es un medio deocrático, acá puede usted decir lo que estime. Saludos.
 
 
#9 Yeyo 04-01-2018 17:53
Excelente trabajo suyo, a raiz del lamentable accidente pirotecnico de la pasada parranda de remedios y Zulueta, que no se menciona mucho pero si dejó varios heridos, será el comienzo de la muerte ya muchos años agonizante de la Parranda. Soy parrandero de camajuaní y tengo el criterio, al igual que un amigo mio, la mayor fiesta popular de este pais caera por su propio peso. La próxima de vueltas y mi pueblo lo dira todo, solo es cuestion de tiempo y falta de recursos, pero más de buscar soluciones y variantes de cada barrio. Para el govierno lo más fácil será quitar el fuego, disminuir recursos. Pero nadie habla de mejorar y escoger temas, que verdaderamente sean un sedimento cultural para la población. coincido con muchos lo exagerado de los fuegos, pero sin ellos la parranda no será igual. Elevar la cultura y deseo de hacer bien las cosas, y para los que trabajan en cada barrio, no exigir más dinero cada año.
 
 
#8 Abelito Castro 04-01-2018 04:34
Me eliminaste de Facebook por no coincidir con tus ideas pero por suerte y gracias al internet puedo seguir los artículos parranderos que desee y de casualidad me encontré con este. Solo me detendré en “La fiesta de los tiburones” en la parte donde cuentas que las Directivas de San Salvador despues del año 1994 abolieron los concursos de proyectos y se casaron con un solo diseñador que según usted siempre hacía lo mismo, una estructura rodante con un respaldo de luces (en resumidas palabras). Una ves más no coincido con su pensamiento y observación esta vez como crítico de artes plásticas. Los concursos de diseños no se abolieron, yo soy diseñador de proyectos y desde niño sigo de cerca tal evento, algunos años no hubo concursos de carrozas pero no quiere decir que se hayan abolido, sencillamente lo que ocurría era que se hacía casi ridícula una competencia contra el proyectista más capacitado artísticamente, el más completo (proyectista, diseñador de trajes, decorador, atrecista, escultor y diseñador de faroles), el más fiel de los proyectistas Sansarises, uno de los muy pocos artistas académicos remedianos que dedicó más de 20 años de su vida artística a enriquecer la parranda, uno de los más laureados en la historia de la parranda y la carta de triunfo más segura que ha tenido el Barrio en las últimas tres décadas. Creo que no hace falta mencionar su nombre porque todos lo conocen. Periodista no hable más por hablar y repase más la obra de “El león”.
 
 
#7 Oliaris 29-12-2017 19:11
Muy bueno tu articulo en especial Cuarto y final, hace años los remedianos, sufrimos deseccion tras deseccion, años de malos trabajos de Plaza o carrozas u obras mutiladas y sin terminar, entradas que no se realizaban en especial la ultima, ls gran tajada esta en ella y en el resto de los recursos que se dejaban de usar. Don dinero que todo lo ensucia, ha mutilado la parranda, como siempre lo ha hecho con tantas otras cosas a nuestro alrededor, un mal que nos enturvia la vida pues no es solo en nuestras fiestas y la cultura tradicinal, de la que somos cuna, pero que si siguen asi tambien seremos desafortunadame nte sepultura. Creo que tenemos que hacer mucho por rescatar la parranda, la intervencion del Estado va a tener que continuar para organizar muchas cosas y preservar esta manifestacion cultural de la nacion.
 
 
#6 jesus 28-12-2017 16:50
y gracias que alli aun existen Carrozas que en la mayoria de los CARNAVALES SE HAN PERDIDO.
Como se han perdido costumbres valores, se ha perdido el respeto al pueblo en las ofertas hoy colmadas por cuenta propistas a precios que la mayoria no llegan, triste esa es la palabra.
Como triste es ese terrible accidente, del cual esperamos tener los detalles y los responsables.
 
 
#5 maylin 28-12-2017 15:32
Mauricio:
Genial tu artículo...
Solo espero que a los que tienen el poder de cambiar las cosas lleguen tus sabias y muy bien escogidas palabras...
Un saludo
Maylin una remediana casi ausente
 
 
#4 El docente 26-12-2017 10:34
Si ya sabíamos muchas de las dificultades de la parranda, entre ellas las relacionadas con los fuegos artificiales, por qué tenemos hoy que lamentar ese accidente terrible en Remedios. Las parrandas son para el disfrute de la vida, no para atentar contra ella. La parranda es cultura, no descontrol, desorganización , irresponsabilid ad...
 
 
#3 El docente 22-12-2017 16:40
MUY TRISTE, MUY LAMENTABLE, la situación de la fiesta mayor de muchos de los puelbos de la Región Central de Cuba. Otros como Encrucijada exhiben una situación mucho más deplorable, aunque en esencia se repiten las mismas problemáticas. Las carrozas han dejado de ser una manifestación de verdadero arte popular, se han convertiro en trabajos de plaa rodantes donde la luz ahoga la estructura, que no importa el marco de la historia que se pretende generalmente son iguales, en varias ocasiones con muchos anacronismos. Urge dar un giro de 180 grados a la creatividad. un punto y aparte merecen las leyendas, hemos visto algunas donde además de la mala redacción, pueden observarse faltas de ortografía. Se han puesto de modas las fantasías, que entremezclan una temática con otra, y que no aportan nada al acervo cultural del pueblo. Podemos ver en un mismo escenario, lo mismo un traje del Egipto de los faraones que uno chino o de Francia. De moda también se han puesto los espectáculos, acabando con el canon del jolgorio establecido durante años. Y no es que esté en contra de la innovación, pero esta tiene que ser buena. Muchas veces se dobaln canciones que nada tienen que ver con el tema, ahora recuerdo una carroza enmarcada en Versalles donde un figurante dobla y baila, "Ciega, sorda y muda" de Shaquira, solo porque la cantante dio un concierto en el palacio hace unos años atrás. Hemos podido ver hasta música de Alexander Pires, solo porque la carroza es brasileña. Otro punto que deja mucho que desear son los trajes, los que vieron el programa televisivo "Parrandeando", vimos en VARIOS lugares el traje del búho que se estrenó en una de las carrozas de Vueltas. Este año, por ejemplo en Encrucijada, el Barrio chivos tenía trajes de las carrozas Paraiso de Camajuaní y de Cenicienta de Vueltas, dos temas completamente distintos. De qué cultura popular hablamos. La parranda está en estadio terminal, con cuidados intensivos puede salvarse, necesita de médicos que sean de San Salvador o El Carmen, chivos o Sapos, Ñañacos o Jutíos, no importa; pero galenos de CORAZÓN.
Gracias Mauricio.
 
 
#2 Carrillito 21-12-2017 13:45
Triste que el pueblo pierda su parranda.
 

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