domingo, 22 julio 2018, 19:57
Miércoles, 20 Diciembre 2017 06:50

El caso de la billetera perdida y encontrada

Escrito por  Vladia Rubio/CubaSí
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Cuando la buena voluntad y las casualidades se dan la mano, el mundo puede parecer un pañuelo.

Nunca me había encontrado nada valioso, pero este diciembre me encontré una billetera.

Estaba ahí, a la orilla de la acera, gordita y abierta, de una piel reluciente, de esas sintéticas que imitan la de cocodrilo.

No había nadie caminando delante, así que la dueña debía haberla perdido, cuando menos, unos cinco o diez minutos antes. Porque no creo que dure más una billetera así tirada.

Contenía algo más de cien pesos cubanos, dos tarjetas de pago, dos carnets de identidad, de madre e hija, y muchos, muchísimos papeles médicos, incluyendo recetas para espejuelos.

Quien haya pasado por el trámite de obtener una receta para espejuelos sabe de cuántos turnos, esperas y viajes hay detrás de esos numeritos que ayudarán a una mejor visión.

Solo por esa receta ya valía la pena tratar de encontrar a la dueña; por no hablar ya del dinerito, que siempre hace falta, más en diciembre; sin olvidar los otros trámites que también le llevaría a la señora hacerse de un nuevo documento de identidad y de las tarjetas magnéticas.

Sintiéndome protagonista de un CSI, sin Greeson, me di a tratar de hallar un modo de localizar a la dueña, que a esas alturas debía andar desesperada.

Intenté encontrar su número en el directorio telefónico de ETECSA, pero fue por gusto. Ni móvil ni fijo. Traté de contactar a algunos de sus vecinos por la dirección del carnet de identidad, pero como era de Alamar, no tenía calle que anotar en el buscador del directorio.

Era nacida en Camagüey, así que busqué en el directorio de esa provincia los nombres de sus padres, recogidos en el documento de identidad, donde se leía que la dueña de la billetera tenía 56 años. Tampoco tuve éxito.

Luego de revisar papeles, papelitos, recorticos, recetas, servilletas dobladas —las carteras de las cubanas, ya sean bolsos, monederos o de cualquier tamaño y uso, son un fenómeno a estudiar— en busca de un teléfono, encontré una tirita de papel donde habían anotado tres números junto a nombres, incluido el de un centro de trabajo.

La primera llamada resultó infructuosa: la voz de una mujer, del otro lado de la línea, me dijo que no sabía de quién le hablaba, pero que llamara a su mamá, quien vendía cakes, y a lo mejor la señora que yo buscaba era su cliente. Precisamente el otro número anotado era el de la dulcera, y el tercero, el del trabajo de la mujer a la que había llamado a su móvil.

Me dijo que esperara, que ella llamaría a la madre para que fuera ella, con un teléfono de 120 minutos, quien contactara conmigo.

No quedaba más remedio que esperar porque las pistas se habían terminado. Si la hacedora de dulces no me llamaba, me sería imposible llegar a la dueña de la billetera.

Aunque su dirección la ubicaba en Alamar, era casi obvio que no radicaba allí porque todos sus papeles aparecían emitidos en otro municipio, incluidos muchos y recientes comprobantes de operaciones en un mismo cajero automático bien distante de Alamar. Así que no tenía sentido lanzarse hasta allá.

Cuando mis esperanzas iban ya cuesta abajo, timbró el teléfono y del otro lado de la línea me habló la dulcera. Ella sí se acordaba de la señora en cuestión, a quien le describí a partir de la foto del carnet.

La vendedora de cakes y su hija la habían conocido en Coppelia. Y mientras compartían mesa y ensaladas de helado, simpatizaron y le dieron sus teléfonos. Pero… la dueña de la billetera no les había dado el suyo.

Únicamente recordaba que se trataba de una persona amable acompañada por su hija, también muy simpática. Particularmente conservaba en la memoria a esta última porque, además, la muchacha tenía una discapacidad mental y había sido ella quien había iniciado el intercambio en la heladería.

¡Di tú, y no es de pollo! Acababa de cerrarse el último camino y se abría aún más la puerta a mi urgencia por localizar a la señora.

Recién terminada la conversación, llamaron a mi puerta. Eran dos técnicos de ETECSA que venían a arreglar mi extensión telefónica, reportada a la empresa.

Mientras se concentraban en la reparación, conté a mi hijo, quien había llegado unos minutos después de los técnicos, sobre el asunto de la billetera, intentando que él se sumara a la búsqueda por otros caminos vinculados a las nuevas tecnologías.

Yo pensé que los telefónicos no estaban atendiendo a mi explicación, pero uno de ellos me interrumpió a mitad de frase: «Yo creo que conozco a esa muchacha, a la hija de la dueña de la cartera».

Le mostré la foto, solo la foto del carnet y, sin dudarlo, me dijo el nombre: «Esa misma es, vive a dos cuadras de mi casa. A ella todo el mundo la conoce por allí, porque es muy sociable. En cuanto yo termine de trabajar, me llego por su casa».

De todas formas, quedaba por ver si el joven trabajador iría a casa de la muchacha y si, en realidad, aunque ya eran varias las casualidades y coincidencias, se trataba de la misma persona.

No habían pasado dos horas cuando volvió a sonar el teléfono. Era el técnico de ETECSA llamando desde donde residía la joven. Me la puso al teléfono y le pregunté el nombre de su mamá, el cual yo no había mencionado a nadie.

De carretilla me soltó los dos nombres y los dos apellidos. Ya no quedaban dudas, había dado con la dueña de la billetera.

Al amanecer del siguiente día, porque ya era casi de noche cuando contactamos, estaba la señora llamando a mi puerta.

Sin yo pedírselo, porque bastaba con verla y ver la foto de su carnet, me refirió con pelos y señales todo el contenido de la cartera. Describió lo que contenía cada división, cada papelito. No hacía ninguna falta.

Cuando llegó el turno de la receta para los espejuelos, los ojos se le humedecieron al contar que era una receta para su niña —de 28 años—, y todas las carreras que había tenido que dar para obtenerla.

Lo mejor de todo fue la sorpresa, la casi incredulidad de aquella señora, quien, aun con la billetera ya de vuelta entre sus manos, todavía no podía creer que hubiera regresado a ella.

Me contó que la había dado por perdida; que había ido a comprarle una botella de aceite a su madre y al ir a pagar, constató que no la tenía bajo el brazo.

Habló de la desesperación que sintió, sobre todo por los papeles médicos, y de cómo había llamado de inmediato para cancelar las tarjetas, y hasta había parado un patrullero para reportar la pérdida.

Después de saber cuántos hilos se entretejieron para que ella recuperara sus cosas, y de las casualidades de que en el momento justo llegaran los técnicos, llegara mi hijo, que yo le hiciera el cuento, que uno de los técnicos pusiera atención a mi relato y que, además, conociera a su hija y fueran casi vecinos, la señora se quedó callada, mirándome, mirando su billetera.

Con los ojos de nuevo humedecidos balbuceó: «A la verdad que queda gente buena en este mundo, y de verdad que es chiquito, dígalo usted».

Nada dije, solo le brindé un pañuelo. Era pequeño como a veces suele resultar el mundo, como habían sido sus esperanzas de recuperar lo perdido.

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Comentarios  

 
#37 Pedro Rafael 24-04-2018 14:04
Grandiosa historia aun hay esperanza para el genero humano
 
 
#36 jorge luis 05-04-2018 14:47
eso es para que se vea que nosotros los OIR operarios insataladores reparadores de ETECSA... conocemos a todo el mundo y somos gente de buen corazon.. jajaj.. saludos
 
 
#35 gilbert60 26-02-2018 17:56
Amigos yo no tuve tanta suerte. Es la primera vez que escribo algo en esta seccion o en ninguna otra, pero todos los dias la sigo, y hoy me inspira contar mi historia en la que no tuve tanta suerte, hace ya un tiempo a la que era mi compañera en ese momento, un familiar le regaló 70cuc y decidimos destinarlos para la compra de un ventilador que nos hacia muchisima falta por las razones que todos conocen, al siguiente día ivamos a comprar el bendito ventilador, solo que antes debia llevar a la sobrina de mi compañera para su casa ya que habia pasado el fin de semana con su tia y al pasar por el rapidito de jaimanita pare para comprar una caja de cigarros y unos caramelo para la sobrina, al llegar a casa de la niña en el mismo jaimanitas me percate que habia dejedo la billetera con los 70cuc y 82 cup ademas de carnet de trabajo, licencia de conducir caqrnet de identidaqd, etc, en el monstrador del establecimiento antes mencionado por lo que regreser de inmediato para buscarla al llegar le pregunte al dependiente si la habia visto, porque según yo recordaba la habia puesto delante de él mismo cuando fui a pagar, la respuesta del muchacho fue nagativa y no habian pasado ni 15 minutos desde que yo salí de ese lugar, como pueden suponer tuve que hacer muchos tramites para poder sacar todos lo documentos nuevos. Al cabo de un mes, un señor que se presento en mi cas con todos los documentos pero sin la billetera ni el dinero por supuestome dijo que los habia encotrado en un matorral en Santa Fé. Como pueden ver rcupere todos los documentos pero ya habia echo todos los tramites para sacar los duplicados de los mismo. Uds saquen sus propias cocluciones como diria Taladri
 
 
#34 Cuco 31-01-2018 17:39
Voy acontar mi historia , HAce unos años se me quedo en l tren espirituano un maletin de mano en el que habia una carpeta que conetnia todos mis titulos maritimos , en aquella epoca yo era capitan de barcos y para embarcarme debia presentarlos alas autoridaes dela capitania del Puerto de la HAbana . Aquekl dia venia a enrrolarme en un barco , y no pude hacerlo , pues aunque di mil carreras el maletin de marras no aparecio , ese mismo dia empece las gestiones para sacar las copias que sonmuchisismos mas engorrosas que sacr una receta de espejuelos , bueno regrese a villaclara sin poder trabajar pues debia hacerme chequeos medicos , actualizaciones del sector militar que se yo miles de tramites , aquel evento formama parte de una malisima racha que termino cuando se me tiro un perro y me mordio el tacon del zapato saliendo del consultorio . Ñooo ahy mismo se acbo la mala suerte , unos minutos despues llegue ami casa y me esperaba un recado que llamra a un telefono del municipio Santodomingo en VC . Asi lo hice , me preguntaron mi nombre completo mi carne de identidad y si habia perdido algo en los ultimos dias, ledije todo lo que me preguntaron y me comunicaron que mi maletin estaba alli que fueraal otro duia a buscarlo y me dieron la direccion , al otro dia arranque para alla y buaque la direccion y resultio una casita de madera muy muy humilde cuando llegue me atendiao un muchacho que era la persona que hab recogido el maletin y me lo dio y me pidio que lo revidsara aver si faltaba algo , increible estaba todito inccluido una cartera con 600CUP y 32CUC . le manifeste mi agradecimiento y trate de regalarle los 32 CUC al muchacho y no los acepto qualegando que no los merecia que eso era lo que hacian las personas honrradas , y entonce lo invite atomarnos una boetlla de guayabita del pinar y eso si me lo acepto , Resumen aquella persona tan humilde que sobrevivia recogiendo aluminio y para venderlo en la habana no me aceptop el dienro que sin ser mucho para otros para el si lo era , suprecio como ser humano resultio ser muchisismo mas alto que 32 CUC . En fin por desgracia no recuerdo el nombre de aquel muchacho prro si lee esto sabra de quien hablo y de mi eterno agradecimiento . pues pude enrrolarme en menos de 15 dias en mi barco y ahorrarme todo el corretaje y trabazon del papeleo . por esa opersomna y muchas mas conservao la fe en la raza humana .
 
 
#33 Martha 22-12-2017 15:13
A mi me sucedio pero no tuve tanta suerte, salia de unna funcion de teatro a las 10.30 pm cuando despues de mucho rogarle al chofer de un taxi particularya que decia nos haria el favor de llevarnos solo unas cuadras por que le hacia camino hasta el trabajo de mi esposo, cuando llegamos al lugar nos dimos cuenta que habiamos dejado la cartera, automaticamente salio en otro carro y no se dio con el auto, lamenntando que tenia todos los carne incluso los tramites para la licencia de conduccion que todos sabemos cuanto trabajo da, pero y alli la cuestion si tenia bastante dinerito en cuc y cup que llevabamos encima para las vacaciines que comenzabamos en esos dias, cuando nos levantamos en la mañana el custodio de mi edificio nos llevo a la casa la cartera que se la habian llevado hasta nuestra direccion y alego que para que no existiera equivocos abrio la misma delante del chofer y otro custodio para verificar lo que habia dentro al preguntarle si solo eran los carne y los papeles este le dice que unos clientes que subieron despues de nosotros se lo entregaron, sera esto cierto? si a nosostros nos dijo que era su ultima carrera y ya estaba cerca de su casa, hasta el menudo le sacaron, pero no importa al menos nos evitaron el papeleo, pero nos fastidiaron las vacaciones.
 
 
#32 Jorge 21-12-2017 19:33
A mi me ocurrio algo parecido, hace un tiempo mi esposa se encontró en una tienda un celular sansug nuevo incluso sin la linea; dentro tenia algunas fotos de una competencia deportiva y un número en Pinar Del Rio, como somos de Las Tunas localizamos el número que en definitivas era del novio de una atleta que estaba en una competencia nacional de atletlismo aqui en nuestra provincia, a traves de él localizamos la muchacha y al otro día fuimos la vimos competir y le devolvimos el teléfono; habia que ver su cara y cuanto lloró de alegria solo con eso nos fue suficiente recompensa. Por desgracias no fijamos su nombre ni su número de telefono pero estoy seguro que por mucho tiempo recordará ese momento.
 
 
#31 natacha 21-12-2017 15:23
A mi esposo se le perdió su bolso el mes pasado, con dos celulares (uno del trabajo y uno privado), la llave del carro y su billetera con 35 mn y todos los documentos y suelto en el bolso 100 cuc para ir a pagar unos cristales. Cuando se dio cuenta que el bolso se cayó del carro, vino a la casa y empezamos a llamar a los 2 celulares sin ningún resultado y después de 30 min la persona que encontró el bolso apagó los dos celulares. Fuimos a la policía a reportar la pérdida. Y al otro día por la noche una señora con su hija nos devolvió a la casa la billetera con la llave del carro adentro, ella lo había encontrado en un cajero automático, pero sin el bolso, sin los celulares y sin el dinero, hasta el menudo sacaron de la billetera. Nosotros estamos muy agradecidos a la señora por venir caminando más de 16 cuadras para devolvernos lo que ella encontró. Ojalá la persona que encontró el bolso hubiese sido como la señora y la mayoría de las personas.
 
 
#30 YANY 21-12-2017 15:17
increible gesto, aún hay esperanza para la humanidad.... gracias
 
 
#29 Marlen 21-12-2017 12:24
Hola al leer el titulo del articulo me sorprendi porque pense que habia sido la misma dueña que habia encontrado su cartera, y no le iba prestar atencion a lo sucedido pero cuando comenze a leer no pude detener la lectura ya que a veces pensamos que la buena voluntad de alguna persona no existe y ahi nos damos cuenta que todavia hay algun ser que le queda un tanto de humanidad, yo por mi parte lo felicito pues la vida da muchas vueltas y quizas algun dia se vuelvan a encontrar y la señora diga gracias a este señor no tube que pasar por la dificil tarea de mandar hacer los espejuelos ademas de los otros documentos.
 
 
#28 Roberto de Güines 21-12-2017 10:01
Hola Vladia, linda historia y orgullosos los que hacen un gesto como ese, sin saber a quien van ha ayudar. Yo mismo hice algo parecido, vivo en Güines – Mayabeque, un domingo salí al cajero que está en BPA de mi municipio y al llegar veo en uno de ellos una tarjeta magnética en él, la tome y la guardé, al otro día fui al mismo Banco y la entregué para que se la devolvieran al propietario, la tarjeta era del Banco Metropolitano, cuando la vi allí, lo primero que me vino a la mente fue: ¿Quién sería el pobre que se le quedó esto aquí? Y también pensé que si venía otra persona con otra forma de pensar, no sería capaz de devolverla, entonces hice lo que debía de hacer. Espero que ya la tarjeta haya llegado a su destino. Gracias.
 

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