jueves, 20 septiembre 2018, 08:21
Jueves, 02 Noviembre 2017 05:10

CRÓNICA POR UNA CRISIS: Regreso

Escrito por  Víctor Joaquín Ortega/Especial para CubaSí
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El camión se detiene. Bajamos. Nos citaron para las seis de la mañana. Salimos a la siete y pico. Hemos llegado a las ocho y media. Se fue la fresca y el sol hace de las suyas.


Con estos relatos del periodista Víctor Joaquín Ortega, colaborador de CubaSí, nuestro sitio quiere homenajear la resistencia del pueblo cubano y la dimensión de estadista de nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro, en los días difíciles y estremecedores de la Crisis de Octubre, 55 años después de aquellos hechos que pusieron al mundo al borde de una confrontación nuclear. Pero no es una cronología de los acontecimientos, no es la Historia en mayúsculas, sino el día a día vivido desde adentro y contado, como dice el autor en su presentación, «como un soldado del pueblo». Durante esta semana, la misma de aquel 1962, CubaSí irá publicando esta Crónica por una crisis.


El camión se detiene. Bajamos. Nos citaron para las seis de la mañana. Salimos a la siete y pico. Hemos llegado a las ocho y media. Se fue la fresca y el sol hace de las suyas.

- Compañeros, vamos a recuperar el tiempo perdido.

Buen utópico este Manuel; es uno de los culpables de la tardanza -por algo es dirigente sindical- y piensa que el tiempo perdido se puede recuperar. Deja que llegue la reunión. Pero ahora...

- Dale, Alejandro, le digo a mi hijo que se encaprichó en acompañarme "para trabajar contigo en el campo, papi"; "ya me tocará en la secundaria y así me entreno".

Hay compañeros de otros centros en los surcos. El guía puesto por el plan nos une a ellos y organiza la labor.

Ya andamos el muchacho y yo fajados con la papa. Llenamos los sacos; el sudor nos gana, me duelen la cintura, la espalda. Y Alejandro: "Aquí entero, papi". Saco. Papas. Sol. Manos. Cantos. Chistes. Gritos. Emulación callada. Con uno mismo. Cintura. Espalda. Dolor. Saco. Papas, Sol.

A las once, la merienda: guachipupa de la buena (fresa) y pan con mamut. Cuando termino con el líquido rojo de mi jarro, un brazo por arriba...

- ¡Por fin te veo!:

- Cáscara, cará... Desde que te hiciste abogado no nos encontramos. ¿Dónde te metes, compadre?

- Sigo trabajando en Pinar del Río; tengo vacaciones y vine a dar una ayudita por acá.

Le revuelve el pelo a Alejandro.

- Ha crecido el vejigo.

El muchacho se va tras el que reparte la merienda: busca el reenganche, y lo logra.

- El mismo apetito del padre.

Intercambiamos direcciones, teléfonos, sueños y recuerdos.

- ¿Qué te parece esto? Está muy cambiado.

No comprendo y mis ojos se lo dicen.

- Esa mala memoria tuya. Estamos por donde nos movilizaron durante la Crisis de Octubre.

- Mentira, Cáscara...

- Mira, allí quedaba nuestro campamento, lo que ya no están los bohíos. Aquellos edificios están en la zona de la jefatura de la división. ¿No recuerdas esa loma, la del refugio principal?

- Aquella loma...

A mi mente llegan a puñetazos la lucha en el refugio, el comisario, el negro alto y fuerte, el profesor de los zapadores, la bronca, la fiesta en el pueblo, el rajao con sus pantalones cayendo sobre las botas, el negro Alepo convirtiendo en bongó hasta los depósitos, la novia de esa época que no se casó conmigo, los militantes de la UJC: Igor, el Cabezón, Cabrera, Ratón, Falconeris...

- Falconeris me preguntó por ti el otro día. Me dijo que le había gustado mucho una crónica tuya sobre el boxeo profesional.

- La del chicano Mando Ramos.

- Sí, creo que esa misma.

- Hace como cinco años que no veo a Falconeris, ¿por dónde anda metido?

- Ha dado más vueltas que un trompo: estuvo por fuera de diplomático y hasta trabajó en Cultura.

- ¿Falco ligado a los poemas? ¡Es el colmo!

- No, es el periodo de transición.

Reímos sabroso de nuestra propia broma; luego, me anuncia que "… Falconeris es, actualmente, divulgador de la Construcción y estudia periodismo en la Universidad de La Habana. Pronto será tu colega".

- Hace falta. No pienses que sobran gente como él en la prensa. Tengo ganas de verlo; dale los teléfonos que te di para que me localice.

- El viernes lo veo; no te preocupes, se lo diré.

Alejandro retorna: ya dio cuenta del otro pan y de la guachipupa. ¡Qué estómago!

- Bueno, hay que volver a la papa, mi hermano; el fiñe te espera.

- Sí... oye ¿y Cabrera?

- En la Seguridad.

- Hace montón de tiempo que tampoco sé de Ratón.

- Anda de internacionalista.

- Pasan los años, Cascaret.
-Y somos los mismos y no somos los mismos.

- Ya empiezas a filosofar.

- No estoy inventando nada, ni se necesita ser muy profundo para entenderme: hemos vuelto al campamento y ya no es campamento sino plan; tenemos veinte años más en las costillas; más experiencia y matrimonios, divorcios, hijos; alegrías nuevas y heridas nuevas, ¿por qué no? No somos los mismos. Pero somos los mismos porque estamos dispuestos a volver a coger el fusil y batirnos por el socialismo donde quiera.

Alejandro me apura; hay que terminar con las palabras y regresar al trabajo.

- Agarra para el surco que tu muchacho te deja atrás.

El manotazo en la espalda y... sol. Papas. Saco. Los pies, cien kilos cada uno. La cintura. La espalda. Dolor. El muchacho, risa. Esa risa grandota que hace feliz a un padre.

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