domingo, 23 septiembre 2018, 14:19
Viernes, 27 Octubre 2017 05:41

Lizt Alfonso: apoteosis de lo criollo

Escrito por  Ernesto Gonzalez
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El último espectáculo de la Compañía de Lizt Alfonso, para celebrar su 26 aniversario de fundada, es una preciosa celebración de las mezclas y los sustratos que nos componen a los cubanos.

Tal parece que la directora, quizás a propósito de la celebración o por nuevos senderos abiertos a su creatividad, deseara enfatizar con este hermoso trabajo, más que las dos nociones “puras” y raigales, todas las maravillosas ”impurezas” que nos componen.

En sus obras anteriores, al recrear amalgamas, proponer ángulos y disquisiciones como ella solo sabe hacer, descontextualizar y (re)contextualizar con una libertad envidiable y gran riqueza de lecturas en el ámbito visual y en el sonoro, la artista y sus talentosos bailarines (nos)descubrían una asimetría permanente que desataba fuerzas y finalmente causaba una simetría en un siguiente nivel: lo español.

En este estreno de Lizt, la dinámica permanente, esa simbiosis, ese dejarse llevar, salir y entrar, ser uno y muchos a la misma vez, se proyectan poderosamente desde el escenario hacia los espectadores. Cerrado el telón y luego de los aplausos y el deslumbramiento, lo acabado de disfrutar continúa con nosotros como parte de una poderosa imagen que obliga a mirarnos con otros ojos.

Todo esta apoteosis de lo diferente que se (re)descubre en (desde) las esencias, se ha construido con una vitalidad y una frescura que sorprende en cada cuadro. La música, la voz del “cantaor isleño”, el ensamble de músicos de primerísima línea, la visualidad, exacerban lo inesperado, en función de esta componenda para expresar la pureza de nuestras impurezas.

Los solos quizás debieron haber sido más cortos. La fuerza del baile colectivo es tan enorme y persistente que uno pide, espera, agradece, su retención en el escenario. Aunque también pudiera ser un propósito de la artista generar este valle, ese (aparente) descanso para el espectador, entre los picos por los cuales transita casi todo el espectáculo. O podría ser otra asimetría, una más, en esa persistencia de la creadora por (de)mostrarnos el infinito tesoro formativo de nuestra nacionalidad.

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