viernes, 21 septiembre 2018, 06:14
Lunes, 23 Octubre 2017 10:52

CRÓNICA POR UNA CRISIS: Palabras iniciales

Escrito por  Redacción CubaSí
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Con estos relatos nuestro sitio quiere homenajear la resistencia del pueblo cubano y la dimensión de estadista de nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro, en los días difíciles y estremecedores de la Crisis de Octubre.



Con estos relatos del periodista Víctor Joaquín Ortega, colaborador de Cubasí, nuestro sitio quiere homenajear la resistencia del pueblo cubano y la dimensión de estadista de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro en los días difíciles y estremecedores de la Crisis de Octubre, 55 años después de aquellos hechos que pusieron al mundo al borde de una confrontación nuclear. Pero no es una cronología de los acontecimientos, no es la Historia en mayúsculas, sino el día a día vivido desde adentro y contado, como dice el autor en su presentación, "como un soldado del pueblo". Durante esta semana, la misma de aquel 1962, CubaSí irá publicando esta Crónica por una crisis.
 

Palabras iniciales del autor

Por estos relatos, soy periodista. Sí porque dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas, fui enviado a realizar una labor política en los batallones de reciente creación durante la Crisis de Octubre. Tomé nota y escribí después de aquel combate. Y, meses más tarde, miembro yo entonces de la comisión de relaciones exteriores de la UJC, mi amigo Guillermo Cabrera, dio con mis líneas en el buró de Esther Ayala, jefa de redacción del semanario Mella. Le vieron algo a mis escritos. Me pidieron para trabajar en la publicación, y fui cedido. Por mi físico me convirtieron en cuanto llegué en ¡jefe de las páginas deportivas! Maravilla necesaria del momento. Así comencé la batalla por cantar a las lides del músculo de las que, en alguna medida, era actor también. Ya voy por 49 años en eso. Y ya no es únicamente el canto cotidiano a la cultura física: ningún andar humano está separado de mi alma. En 1986 volví a estos recuerdos que no puedo abandonar: los rehíce, le agregué una crónica para enlazarla aún más a la etapa de entonces, lo envié al Concurso 13 de Marzo de la Universidad de La Habana y conquisté el premio en el género de testimonio. Ahora, esos textos formarán parte de la página web de CubaSí, y aquí están estas líneas 55 años después de mi participación en la Crisis de Octubre como un soldado del pueblo.


EL PRIMER RELATO: Esta noche, a las ocho

La Unión de Jóvenes Comunistas de los zapadores se reúne esta noche a las ocho. La cité, como responsable del grupo situado en la jefatura de la división. Faltan pocos minutos para el inicio.

Comienzan a llegar. Lázaro Cascaret tenía que ser el primero. Puntual siempre. Es el mulato más fino y cumplidor que conozco. Y yo tan brusco, me llevo bien con él. ¡Cará,…! Algún psicólogo dirá que existe afinidad por compensación. Ni aquí se ha olvidado Cáscara de su frente en el regional. Es el responsable de educación obrero-campesina por la Juventud en Centro Habana: me habla de planes, de los mil líos del frente, sin dejar de estar entre los mejores del campamento. Listo para el trabajo por fuerte que este sea, y para oponerse a lo mal hecho, venga de donde venga. Eso sí, sin explote, sin alteración.

Este santiaguero es táctico y previsor. Duro contra las basuras y gente buena, con el consejo y la crítica sana para el compañero.

- Falta casi todo el mundo.

- Llegarán, no te preocupes, ¿dónde se van a meter?

Arriba Falconeris.

- ¡Aquí estoy, muchachos!

Su voz siempre suena a bongó bien tocado.

- Traigo la última, compay: ya sé porque a Ratón le pusieron Ratón. Miren, anoche, al terminar la guardia, entré en la tienda. Todos dormían. Y oigo a un ratón, o dos, porque el ruido era terrible. Me digo: este animal de porquería no tiene miedo. Quiero espantar al bicho ese. Ya estoy cerca, lo agarro, lo mato, seguro…Y…! es nuestro camarada Ratón! Al dormir mueve los dientes y los suena como un roedor. Entre eso y los ronquidos, ¡qué difícil es dormir en mi tienda de campaña!

Llega Falconeris y, claro, trae sus cuentos. Casi siempre de fiesta este hombre alto, delgado, fibroso. Hombre de verdad. Se alzó en la Sierra Maestra por el 57. ¡Ay, este santiaguero es un dolor de cabeza! Ahorita suelta más cuentos, y de la broma salta, con su voz conservadora del rico canto de los de su tierra, a las acciones del clandestinaje, y “si en Carnicería” y” si en Padre Pico…”

Se sienta junto a mí; la palmada en el hombro y el chiste, que le anda rondando la boca, sale airoso. ¡Cómo puedo dirigir a este hombre! Del Ejército Rebelde, tipo duro. A mí, de dedo, me han puesto sobre él, y él es mejor que yo diez veces, más probado. Y él, tan buena gente, sí; tan modesto, obedece, no protesta. Diez no, mil veces mejor que yo.

Falco de nuevo al ataque:

- Cáscara, ni aquí te salvas: sigues pareciendo un magistrado. Para estar rico de verdad te faltan la bata de casa y las cutaras.

El aludido sonríe, ¿qué hacer?

Ratón. Intercambio de saludos. Se sienta en el suelo el recién llegado. Prende un cigarro. Es, como dice Falconeris, un guajiro macho. Si oye hablar de Carpentier lo confunde con la tercera base de algún equipo de las Grandes Ligas. Su inteligencia no es poca, y muchas veces le gana el espacio no conquistado por la cultura. Le disgusta estudiar; tiene más valor para fajarse con la caña, el pico, la pala, estas trincheras. Un dirigente de su regional comentó:

- Ratón tiene que superarse; si no, se fastidia. ¿A quién va a dirigir, dentro de varios años, cuando cualquiera sepa más? Este va a ser un pueblo de ingenieros, médicos, arquitectos, agrimensores, abogados…

Espero que Ratón se enmiende.

Piedrecita que da contra la bota de Falconeris. Otra me pica cerca.

- Por ahí debe de andar Cabrera, dice Ratón.

Está en lo cierto. Con su risotada, la más sabrosa de Centro Habana, aparece Cabrera. Unos minutos después, llegan los que faltaban.

Bueno, hay que comenzar. ¿Qué hora tú tienes, Cascaret?

- Las ocho y dos.

- Vamos a arrancar: ya nos pasamos dos minutos, y aquí sí no podemos estar en esa.

No es difícil dirigir la reunión. Las palabras traen heroicidad hasta en el ritmo. A veces, hay como un fuego queriéndome salir del pecho a la garganta.

- Tenemos que continuar en la primera fila del trabajo, de la preparación, de la disciplina: brazo derecho de los jefes, del comisario. No podemos fallar. Compañeros, representamos a la UJC más que a nosotros mismos. Eso es sagrado y ustedes bien lo saben.

Los informes son felices. Por cada camarada sé que nos van queriendo, que la tropa nos admira y respeta. Cascaret pide la palabra.

- Fíjense, en algo estamos fallando: en el almuerzo, en la comida, incluso en el desayuno, militantes de la UJC están comiendo doble.

Falco interrumpe:

- Hay que decir los nombres.

- Bueno…Cabrera y Ratón. Los vi en eso y ya los critiqué. Lo señalo aquí porque creo que debemos tener cuidado con eso, mucho cuidado. El jefe debe ser el último en comer, y nosotros somos jefes; por lo menos así nos ven. Hay que mantenerse a la vanguardia, ya se dijo: a la hora de comer tenemos que ser también ejemplo. Y si sobra comida, bien, no somos bobos y reenganchamos, sí, reenganchamos- y eso quede bien claro- cuando todo el mundo comió, y debemos ser los últimos en el reenganche.

No sé… la cara se me ha puesto roja, no sé si debo decirlo, sí, la mentira es porquería.

- Compañeros, no solo Cabrera y Ratón han caído en ese error. Yo he reenganchado entre los primeros. Hoy mismo me disparé tres jarros de café con leche con tres panes. Cáscara tiene rezón y debemos cumplir con lo que ha planteado. Concluye la reunión. Me voy con la cabeza baja.

- Compay, pero es que usted tiene tres estómagos, me dice Falconeris. Y no puedo evitar la sonrisa.

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